Darío Meta, instrumentista y pianista de clásica analiza la importancia de los conservatorios de música y su influencia en el mundo de los artistas

C.I

Darío Meta es instrumentista, artista y pianista de clásica. Su manera de sentir y transmitir la música  le ha llevado a tocar en los últimos años en escenarios relevantes tanto en nuestro país como en el extranjero: desde el Teatro Real de Madrid hasta el festival Lateinamerika Herbst, en Hamburgo, entre otros muchos más.

Porque el pianista entiende que no solo es la persona que se pone encima de un escenario la que tiene que sentir la música: debe ser un gran comunicador de este enlace de la música entre el instrumento y el público.

Me gustaría conocer sus inicios como pianista, imagino que desde pequeño en el conservatorio ¿Fue iniciativa suya o de sus padres?

En ese sentido fue muy normal, como la mayoría de personas que van al conservatorio. En mi caso insistió bastante mi madre, ella decía que yo tenía posibilidades. Yo estaba todo el rato cantando a gente y ya veían que yo necesitaba una formación en ese sentido. Justo fue casualidad porque mis padres se acababan de mudar a Guadalajara, ellos son argentinos y se habían conocido en Madrid y vinieron aquí.

Siempre hay un problema cuando uno explica lo del conservatorio, porque si parece que te han educado en el conservatorio ya vas a responder como a un modelo concreto. Eso es una tontería porque el conservatorio es en cierto modo lo mismo que una escuela de música. En el conservatorio se lo toman en serio en cierta manera desde el principio, la gente tiende a ser más disciplinada, pero con el paso de los años, yo me dí cuenta de que esa historia del conservatorio está muy bien pero siempre y cuando al niño le haga ilusión.

¿Esa inspiración o ese espíritu artístico se lo inculcaron en casa?

Músicos profesionales no había, pero sí que a mi familia le gusta mucho la música, a lo mejor no tan formada en el sentido más culto de la palabra, en el tema clásico, pero sí con mucho gusto por el arte y el teatro. Interés por la cultura general.

Darío, se ha  formado artísticamente en muchos sitios, desde España hasta en Alemania, o los conservatorios superiores de Castilla y León. ¿Cómo fue la etapa en Alemania? ¿La formación es muy distinta de la española?

Sí, es distinto por varios motivos. En mi caso particular yo quería irme a estudiar fuera desde que tengo 15 años, cuando ya decidí que lo que iba a estudiar era música, porque lo ví más claro, empecé a investigar. El tema de Alemania surgió un poco por casualidad, porque algunos de mis profesores habían estudiado en Alemania y yo empecé a preguntar, aunque yo hice el Conservatorio Superior en España, en realidad todos los veranos me iba a Alemania y hacía algún curso de verano. 

La diferencia básicamente es que en Alemania hay mucha más industria en cuanto a la música: más orquestas, ciclos de conciertos, la gente suele tener más respeto, más interés por la música clásica… Pero también a veces es más conservador en ese sentido. Desde el punto de vista de los estudiantes, va mucha gente porque la formación es gratis, por eso mucha gente decide estudiar allí. El haber tanta gente supone que hay muchos que lo hacen muy bien, por lo que podríamos decir que esa mal llamada competencia también existe en mayor medida que en España.

El sistema al final no invierte bien sus recursos, hay mucha gente que va al conservatorio y muy poca gente que empieza y sale haciendo una carrera. A la gente le puede parecer lo más normal, pero los conservatorios tienen esa voluntad de transformar a las personas en profesionales, la diferencia fundamentalmente que hay en Alemania es que la gente viene mucho mejor preparada desde sus países de origen, la gente que son inmigrantes. 

De hecho hay una paradoja que se da en Alemania, de que hay muchos músicos, estudiantes por ejemplo,  que están haciendo el bachillerato y no pueden acceder a sus propias escuelas superiores de música porque el nivel es tan alto, a base de la gente que viene de fuera, que ellos mismos no pueden estudiar música en su país. El nivel se vuelve demasiado alto quizás en un sentido más técnico de los instrumentos.

Por otra parte, tienes una oferta cultural y una inversión de las administraciones públicas, de los gobiernos y universidades muchísimo más grande que en España.

Y encima en su caso doble formación artística y a la vez aprender otro idioma

Sí, yo tuve la suerte de coger una de las últimas becas que hubo antes de la crisis en el 2012, que te mandaban estudiar alemán en Alemania y te pagaban un mes. Eso me ayudó bastante porque ya luego los españoles tendemos mucho a hacer grupos cuando estamos fuera y aislarnos del resto. Yo afortunadamente ya hablaba un poquito de alemán cuando empezaba a ir, en ese sentido me ha descubierto cosas muy interesantes, a mí me gustó muchísimo la experiencia. 

“El conservatorio falla en ubicar a los alumnos en la realidad y en darles herramientas para que sean músicos profesionales”

En su faceta de divulgador y comunicador, ha colaborado en la revista de la Federación Nacional de Estudiantes de Música con el blog “¿Por qué deben cambiar los conservatorios?”. Y yo le hago la misma pregunta

La primera razón es porque es la formación pública de música más importante, ya que la música ya no existe en los colegios y si existe es de una manera en la que no hay muchos recursos, hay poco tiempo e interés por el propio colegio para tener esa formación. Antes sí era normal que hubiera un coro o unas pequeñas agrupaciones donde los niños se lo pasan bien y aprenden, eso como ya no existe solo quedan los conservatorios y las escuelas municipales.

Se invierte muchísimo dinero público en los conservatorios y yo pienso que habiendo una realidad musical tan rica como la que tenemos hoy en día, gracias a la tecnología y la comunicación, pienso que la formación necesita una actualización en la forma en la que se imparte, en la que se piensa luego un supuesto mercado laboral que supone a veces un shock verdadero para los que no tienen un plan de entrada. No todos los alumnos tienen pensado qué van hacer o qué les interesa, el conservatorio falla en ubicar a los alumnos en la realidad y en darles herramientas para que sean músicos profesionales.

“Te puede entusiasmar mucho que venga gente joven con ideas nuevas y a refrescar o te puedes sentir mal o amenazado porque la gente quiere cambiar las cosas”

La formación está muy bien en lo que tiene que ver con la música clásica, pero se centra en tocar y tener una cierta cultura general, que es muy importante. Pero para ser un músico profesional hace falta algo más que saber tocar tu instrumento o que incluso saber dar una clase que a veces ni siquiera te enseñan a cómo traspasar esos conocimientos.

Yo le tengo muchísimo respeto al conservatorio, he tenido mis más y mis menos claro. Creo que siempre es más interesante que alguien te descubra las cosas con esa pasión, hay mucha gente afortunadamente, docentes, que lo hacen muy bien y que son verdaderas personas importantes en la vida y en la sociedad. Al mismo tiempo eso es pura casualidad porque la forma que hay de seleccionar al profesorado tampoco tiene en cuenta muchas cosas importantes. 

Te encuentras con la paradoja de que tú tienes que prepararte muy bien, pero hay toda una parte humana de relación con las personas, de educación emocional y psicológica, que se dejan al lado. Cuanto tú vas a estar impartiendo clases de música o cualquier cosa artística, no puede ser todo una copia de como se enseñaba hace 20 o 30 años. 

Te puede entusiasmar mucho que venga gente joven con ideas nuevas y a refrescar o te puedes sentir mal o amenazado porque la gente quiere cambiar. Es como una opción o entre ser conservador e intentar ver lo nuevo de las nuevas situaciones, lamentablemente la mayoría de personas se inclinan por el lado conservador por el propio tema de la música. Hay que tener en cuenta que el tema de la música se estudia repertorio que suele ser muy antiguo, que suele estar basado en una serie de tradiciones, de interpretación, de cómo se enseña y concibe. Algo tan sencillo como dar un concierto, ya tiene una serie de usos y costumbres, que ya lo que hace plantearse es si estas tradiciones que estamos siguiendo realmente son lo que va a hacer que esta música cale en la sociedad y que seamos verdaderos comunicadores de esa música.

Se subió a los escenarios del Teatro Buero Vallejo el pasado viernes ¿Qué tal fue?

La verdad que estoy muy agradecido. Yo he ido muchas veces a tocar puertas, siempre, y afortunadamente esta ha sido una de las veces que han querido contar conmigo. Un programador o en este caso un Ayuntamiento que sabe un poco de la pequeña o corta trayectoria que pueda tener, y que le interese que yo forme parte de esa programación. 

La verdad que incluso a los grandes artistas, cuando los invitan a un sitio o a otro, hay mucha gente tocando la puerta, que no es ninguna vergüenza es la única manera de que las cosas se muevan. Yo he tenido que estar muchos años detrás de esas cosas y en este caso me lo han puesto todo muy fácil: me han invitado, me han dado amplia libertad para proponer lo que yo quería y eso también ha repercutido en la puesta en escena en ese concierto que ha sido bastante distinto a lo que sería un concierto habitual pero que al mismo tiempo era música clásica.

No había ninguna rareza, porque al final era un recital de piano comentado por mí, pero gracias a la instalación de la pantalla, la iluminación y gracias a todo eso hace que el espectáculo suba de nivel. Todo eso ha sido gracias a contar con esa colaboración de ellos.

¿Tiene previsto más conciertos dentro de poco?

Sí, lo que pasa es que algunos se han cancelado. Vivimos un poco más al día ahora, estoy a la espera de que se confirmen determinadas cosas. Hay algunas que ya estaban programadas de la temporada anterior, como este concierto que iba a ser en el primer trimestre del año y luego al final ha acabado siendo en mayo.

Si tenemos una idea, de intentar repetir esta experiencia en un futuro próximo en Guadalajara con algo un poco más amplio, sobre todo con lo que tiene que ver con el sentido divulgativo de las cosas. En Guadalajara no hay programación musical como tal: hay programación de jazz, hay ciclos en concreto, pero no hay una programación de música clásica.

Hay un par de orquestas que tocan a veces pero son más cosas puntuales o bien relacionados con algún momento en el año como las navidades o fiestas. Una programación más cercana a ese público que quizá no está tan acostumbrado a ir a ese tipo de conciertos, quizás es algo más interesante para este tipo de público que viene. No es el tipo de público que va a ir al Auditorio Nacional o el que va a ir a otro sitio, más especializado por así decirlo, este tipo de diseños se abren más pasos.

Si miras por ejemplo en la temporada de la Orquesta Nacional de España, hay un montón de formatos distintos: hay formatos más pensados para gente que quiera escuchar la música y ya está, hay formatos pensados para gente que realmente no tiene mucha idea sobre lo que va a escuchar y quiere descubrir lo que va pasando.

Muchas instituciones, orquestas y programadores están ya convencidos de que si bien el contenido es súper bueno, la forma de ponerla sobre el escenario y darle vida, es lo que ahora mismo está renovándose. Hay una tendencia a hacer formatos distintos y a hacer cosas distintas más allá del puro recital clásico.

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