Pablo Albo se sube mañana a los escenarios del Buero en un reencuentro muy especial con su antiguo compañero Félix Albo

Carmen Ibáñez

El Palacio del Infantado ha sido invadido por dragones; se ha visto una agrupación de monstruos, ogros y brujas entrando por la verja del Liceo Caracense para invadir el Claustro del Palacio Mendoza; unos titiriteros se han adueñado del Jardín del Palacio de Dávalos y se ha visto cómo se iluminaba el Zaguán del Palacio en una noche de estrellas estrelladas.

La palabra y el arte de la narración ha invadido cada rincón de la capital alcarreña. Ayer por la tarde la 30º edición del Maratón de los Cuentos daba el pistoletazo de salida a un cumpleaños muy especial: el regreso de los cuentos tras un año tan atípico. Este fin de semana tenemos la ocasión de poder viajar con las historias que se van a contar durante todo este fin de semana en los diferentes espacios de Guadalajara.

Una edición marcada por un elemento clave: los tesoros. Y uno de estos tesoros que encontraremos mañana en el escenario del Teatro Auditorio Buero Vallejo lo llevamos esperando ni más ni menos que 16 años: el reencuentro de Félix y Pablo Albo.

Pablo Albo es narrador oral o como a él le gusta definirse “Cuentista porque le da un puntito canalla”. Lleva desde 1994 creando, buscando y contando historias que también escribe en papel, pues puede presumir de llevar más de 50 obras literarias debajo del brazo. Desde 2016 dirige la escuela efímera de Narración Oral ‘Narratio’.

Este año se sube al escenario del Maratón de Cuentos, en esta ocasión en el Teatro Auditorio Buero Vallejo con un reencuentro muy especial: ‘Decíamos ayer’, un espectáculo, una fiesta de los cuentos con su inolvidable compañero Félix Albo, 16 años años después.

Sí, este año es mi edición número 24 del Maratón de Cuentos, mi última actuación con Félix Albo fue hace 16 años y ahora volvemos a hacer una sesión conjunta. Somos como el ‘Ella Baila Sola’ de la narración.

Había mucha gente pidiendo desde hace muchos años este reencuentro entre los Albo

Sí, nos lo piden. Ahora ha llegado el momento, para mí es muy emocionante. Félix y yo estuvimos 10 años juntos, empezando juntos y fue una etapa muy bonita de aprender, de viajar, conocer al resto de narradores y narradoras… Es una alegría muy grande y va a ser un montón de emociones ahí juntas.

¿Qué vamos a encontrar en esta fiesta de la narración oral en el Teatro Auditorio Buero Vallejo?

Vamos a contar un par de cuentos que contábamos toda la vida entre los dos, un par de cuentos a dos voces. Luego tendremos un espacio cada uno individual, como lo hacíamos cuando estábamos juntos: contábamos algunos cuentos por separado y algunos juntos.

“Sin darnos cuenta nos vimos yendo de un pueblo a otro y recorriendo España, viendo que nuestro trabajo se valoraba desde la sorpresa”

¿Cómo nace esta relación de cuentistas entre usted y Félix Albo?

Félix y yo éramos muy amigos de adolescentes antes de empezar con los cuentos, teníamos una amistad muy fuerte y fue muy fácil. Teníamos aficiones en común y lo de los cuentos surge a raíz de un taller que yo hice con Numancia Rojas, fue un pequeño taller con ella y a partir de ahí surgió la cosa.

Yo era más cerebral y Félix más loco, entonces nos compenetrábamos muy bien, nos llevábamos al uno al otro a iniciativas que a lo mejor por separado no hubiésemos entrado: Desde contar una vez en un sitio y en esa primera sesión había una persona que llevaba el bar, que se contaban cuentos, y nos dijo: “Me gusta vuestro trabajo”.

Nunca pensamos que pudiese ser un trabajo para nosotros, siempre lo planteábamos como un afición, y en ese bar nos vio una persona que también nos dijo: “Venir aquí a contar”. Sin darnos cuenta nos vimos yendo de un pueblo a otro y recorriendo España, viendo que nuestro trabajo se valoraba desde la sorpresa.

De hecho ahora miramos hacia atrás y sentimos que nuestro trabajo, las cosas que hicimos, se valoran muchísimo. Nosotros éramos dos muchachos que nos reíamos muchísimo cuando íbamos en el coche de un pueblo a otro.

Creo que he tenido la gran suerte de vivir la complicidad del compañero, vivíamos una complicidad muy intensa, como nos conocíamos desde jóvenes y teníamos ese sentido del humor tan parecido. Contábamos cuentos individuales y alguno en común, cuando la otra persona estaba contando, el que no contaba también estaba en el escenario, también era importante, hacíamos referencias y bromas al compañero como cambiar el cuento para jugar, hacíamos trampas. Esa sensación de sentir al compañero detrás y saber que si tú estabas más flojo el otro se crecía y salvaba la sesión.

Se lo dije a Félix el otro día, que daría el brazo por tener esa complicidad que teníamos, contar en solitario también es chulo, pero esa complicidad fue maravillosa.

“Para subirte a un escenario no sólo tienes que contar bien, también tienes que aportar algo que sea diferente, algo que sorprenda”

Pablo a día de hoy se encarga de la Escuela Efímera de Narración Oral y de Escritura ‘Narratio’ ¿Qué talleres realizan desde esta escuela?

Hago talleres de narración o de escritura, son separados. Son los últimos fines de semana de enero y primeros de febrero, es un fin de semana en una casa rural que nos juntamos y consiste en introducir a la gente en la narración oral. Son ejercicios prácticos y sobre todo para mí lo más importante es generar un clima de compañerismo y de risa. No sé si la gente aprende pero se ríe un montón.

Es un fin de semana en el que la gente llega el viernes por la tarde noche y ya el sábado nos ponemos en faena. La verdad es que es intenso de formación porque son dos sesiones de cuatro horas el sábado y otra el domingo, pero la verdad que con lo que la gente se queda es que lo pasamos de maravilla. Hacemos fiestón el sábado y claro…

Además la casa, que está en Chinchilla (Albacete), es increíble y muy bonita, está hecha por un artista y tiene todos los detalles. Es un arte, hace el entorno de acompañamiento para estos talleres.

¿Todos llevamos un cuentista o narrador dentro?

Claro, sin duda todas las personas. Hay personas que no se han dado cuenta porque puede que se hayan hecho un poco rancias, pero sí, otra cosa es que ya lo quieras llevar al terreno profesional, ahí ya no tanto. Se confunde el ‘¡Ay! Yo no sé contar cuentos’, pues claro que sabes, a lo mejor no es para subirte a un escenario, ni falta que hace. Ya hay personas que deciden especializarse y adquirir más riesgos, porque para subirte a un escenario no sólo tienes que contar bien, también tienes que aportar algo que sea diferente, algo que sorprenda.

Me duele que la gente piense que no sabe contar cuentos, porque se compara con los profesionales: es como si yo dijera que no sé cocinar porque no sé hacer lo que hace Ferrán Adriá. Mi madre cocina de maravilla y nunca hará nada con nitrógeno líquido, ni falta que le hace.

Me parece muy importante porque es una experiencia literaria, es una cosa que te coloca la mente para muchas cosas. Y sí, la verdad es que les cuesta a las personas. Antes se hacía de manera natural: en el campo o cuando se juntaban los vecinos en verano en la calle… Era algo natural contarse historias y ahora parece que hay que ser un gran experto. A la gente le da mucho reparo y me da mucha pena eso.

¿El arte de la narración oral también es teatro?

Es un arte escénica que tiene cosas en común con el teatro y cosas diferentes, es una expresión teatral. Lo que pasa es que a los narradores nos gusta decir que no es teatro para diferenciar, pese a que tiene características propias, el narrador no interpreta un personaje, es él mismo.

Una manera muy fácil de entenderlo es que el actor es el príncipe y el narrador es la persona que cuenta lo que le pasó al príncipe, yo no soy el príncipe, yo soy Pablo y cuento lo que le ha pasado a él. Esa es la gran diferencia entre un actor y un narrador.

¿Se define como cuentista o buscador de historias?

Mientras no sea cuentacuentos, cualquier palabra me vale. Me gusta la palabra cuentista porque a veces se le atribuye un poco de ñoñería y de sensiblería a lo de contar los cuentos, hay líneas así. Cuentista tiene un puntito canalla y me gusta para liberarnos de la ñoñería.

Buscador de historias sin duda también, todos los días voy por la vida viéndola y diciendo: ‘¡Uy! Aquí hay una historia’. Voy buscándolas.

¿Cómo se inspira un narrador?

Yo tengo una dinámica para escribir: Yo me planteo escribir una página de un cuaderno al día, es como una obligación que tengo. Porque si me planteo escribir 20 páginas del cuaderno me da pereza y no me pongo, pero como con una página termino enseguida, pues sí me resulta fácil y hay periodos de mi vida en el que lo cumplo. Ahora llevo unos meses que no lo hago pero no es normal, volveré enseguida, te lo prometo.

Tengo esa obligación de escribir una página y siempre son muchas más, entonces cuando ya he escrito esa página me siento satisfecho de que he cumplido mi objetivo y sigo ya desde el placer. Escribo desde el placer de inventar, sigo con ideas que me enamoren.

Es esa pequeña obligación de escribir, pero luego no me impongo obligaciones sobre lo que tengo que escribir, voy siguiendo una historia mientras me divierte, si luego no me divierte sigo con otra. Los elementos de un día pueden llamar a otro que se me ocurrió un mes atrás, luego todo se conjuga y forma una historia, soy casi un espectador de cuando se generan las historias.

“Yo parto del caos y lo genero, no tengo unos objetivos claros, es lo que salga. Los días que menos inspirado me he sentido, siempre sale algo”

Su cabeza tiene que estar en constante ebullición entonces

A mí las historias me surgen a partir de escribir. ¿Sabes? A menudo tengo la impresión de que no sé que escribir, de que no voy a escribir nada… Pero no me hago caso. Pongo el lápiz en el papel y me pongo a escribir lo que sea, lo primero que me venga a la cabeza y una cosa lleva a la otra.

¿Sabes lo que pasa? Que cuando pensamos en escribir, pensamos desde el universo físico real y claro, hasta que no te metes en el universo imaginario no empiezan a jugar los elementos de tu imaginario, que los generas en ese momento cuando escribes palabras en el papel y esas palabras te llevan a otras. Eso es lo más importante que me pasa y mi dinámica más importante.

Luego es verdad que vas por ahí, oyes cosas y dices: ‘Aquí podría haber una historia’. Pero luego la mayoría de esas cosas que me han llamado la atención, cuando empiezo a escribir en el papel se deshacen y no conducen a nada. Es a partir de escribir cuando las primeras palabras te llevan a las segundas y así ya va surgiendo la cosa sola.

Yo parto del caos y lo genero, no tengo unos objetivos claros, es lo que salga. Los días que menos inspirado me he sentido, siempre sale algo: Un elemento, un personaje… Aunque me parezca que no sirve para nada, de todos los días siempre ha habido algo que me ha servido, por pequeño que sea. Otros días ya casi te sale una historia casi del tirón, eso ya es más raro claro.

Podríamos decir entonces que siempre hay algo que contar

Siempre hay algo que contar, sí. Nunca desde la obligación, es lo que la cabeza quiere inventar.

¿Está trabajando ahora mismo en algún espectáculo ahora que la situación sanitaria parece que se ha normalizado un poco?

Ahora está todo despertando mucho, el mes de junio está siendo muy fuerte de trabajo porque había muchas cosas atrasadas. Durante la pandemia he parado bastante porque no me interesaba hacer espectáculos on-line, por supuesto que no me parece mal que la gente lo haga, pero yo no me veía.

Mi trabajo realmente es la actuación en directo y durante la pandemia he estado haciendo ensayos donde preparaba los cuentos, invitaba a gente en Facebook, unas seis u ocho personas, y les contaba el cuento que todavía estaba preparando, no era un cuento definitivo para enseñar en un espectáculo. Era muy bonito porque se formaba un pequeño grupo y la gente me decía todo lo que pensaba tanto del cuento como de la manera de contarlo y eso ha sido muy divertido.

Ahora cuenta usted pero ¿Quién le contaba de pequeño? ¿Cuál era su cuento?

No me contaban. En mi generación la mayoría no nos contaban cuentos de pequeños, yo recuerdo ‘El tragaldabas’ que luego lo retomé cuando empezaba por eso mismo. Yo creía que me lo contaba mi abuelo, pero mi madre me dijo que no conocía ese cuento, por lo que no debía de ser él, alguien debía de contármelo pero no recuerdo quién.

También recuerdo que mi abuelo me hablaba de ‘La Tierra de Jauja’, me daba detalles, pero muy poquito, ‘Pulgarcito’ también era de mis favoritos.

Compartir en Redes sociales