José María Bris Gallego

El 23 de febrero de 2021 se cumplirán cuarenta años del día en que el teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero, al mando de 200 subordinados, secuestró el Congreso de los Diputados, yo era uno de los diputados que se encontraban allí, 18 horas estuvimos en el Hemiciclo, pendiente de los movimientos, decisiones y caprichos del teniente coronel, desde las 18 horas y 15 minutos, en que se votaba la investidura como presidente de Leopoldo Calvo Sotelo hasta las 12 horas del día 24, momento en el que Landelino Lavilla presidente del Congreso, pudo decir solemnemente, “se levanta la sesión, sus señorías pueden salir del Hemiciclo”. Y salimos a la Carrera de San Jerónimo, emocionándonos al ver la gran multitud que nos esperaba, dando vítores y gritos de alegría y con los balcones llenos de personas con pañuelos blancos, símbolo de la paz que nos saludaban con ese gesto.

Atrás habían quedado recuerdos que nunca hemos podido olvidar, la entrada por el lado izquierdo del Hemiciclo con voces y ruido de personas con anorak verdoso, con gorra en la cabeza y metralletas en la mano, mientras que por el derecho lo hacía con pistola en mano y apuntando con ella a Landelino Lavilla, el teniente coronel Tejero; al vicepresidente Gutiérrez Mellado, tratando de imponer su autoridad, zarandeado por los invasores y obligado a volver a su escaño; la voz de “todos al suelo” de Tejero , acompañado de las ráfagas de las metralletas, que al caer la yesería sobre la que impactaban hirieron al diputado canario Sarasqueta; las palabras del capitán Muñecas desde el estrado, “no les pasará nada, estamos esperando a la autoridad competente”, autoridad que nunca compareció, al que se conoció por el “elefante blanco” del que no se ha sabido su personalidad.

A lo largo de la tarde , los diputados que querían ir al aseo, lo hacían acompañados por uno de los secuestradores con la metralleta apuntando a su espalda; los líderes de los partidos políticos sacados del Hemiciclo y el inmediato ruido de disparos que nos alarmó; la figura de Tejero por el centro de la sala con la pistola en la mano mirando con agresividad a los diputados; el gesto chulesco de sentarse en las sillas de los taquígrafos dándonos la espalda, con los pies en la mesa y la pistola a su alcance; el destripar las sillas de los taquígrafos, sacando la paja de los asientos y poniéndola en la mesa dando la orden de prenderla si se iba la luz, y sus gritos, “si alguno se acerca para salir, disparar”. El “elefante blanco” no aparecía, pasaban las horas y la tropa invasora iba desanimándose, alguno hasta ofrecía tabaco a los secuestrados, hacia la una de la noche, noticia que nos daba Fernando Abril Martorell, escuchada en una radio que le había cedido el diputado de UCD, Julén Guimón, “el Rey ha dicho que el golpe de estado solo se mantiene en el Congreso, que en el resto de la nación ha sido derrotado”.

A través de la noche, por el Hemiciclo vimos pasar a diversos militares, al capitán de navío Camilo Menéndez Vives, con raíces en Azuqueca de Henares; al comandante Pardo Zancada del Ejército de Tierra, favorables al golpe y el general Félix Alcalá-Galiano, (suegro de Luis de Grandes Pascual), paisano nuestro, nacido en Sayatón, que con peligro de su integridad física intentó detener a Tejero, siendo obligado por la fuerza a abandonar el edificio.

Las horas pasaban interminables, cercano el amanecer rechazamos el desayuno que nos ofrecía la Cruz Roja, no por hacerla un desprecio, sino porque lo único que queríamos era que Tejero fuera detenido, reacción de algunos diputados ante el secuestro, Íñigo Cavero y Fernando Alvarez de Miranda, bajando las escaleras del Hemiciclo cantando el Oriamendi /Por Dios, por la patria y el rey/ lucharon nuestros padres/ Por Dios , por la patria y el rey/ lucharemos nosotros también/; Manuel Fraga Iribarne, diciendo que él no aguantaba más, abandonando sus escaños y obligados a la fuerza a volver a los mismos; los diputados íbamos viendo el final del secuestro, pero hacia las nueve de la mañana un teniente joven, se subió al estrado y anunció “no estén tranquilos antes de que se acabe esto, habrá sangre”.

Hacia las doce se escuchó la voz de Landelino Lavilla, la sesión ha terminado sus señorías pueden abandonar el Hemiciclo; el secuestro había concluido. Treinta y tres personas personas fueron detenidas y condenadas por rebelión a penas desde los 30 años a los máximos responsables hasta los 3 años a algunos que sobrepasaron las ordenes recibidas.

Compartir en Redes sociales