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Lidia Casado

Hace un par de semanas, hablaba sobre que Quijote siempre estará vivo y que renacerá una y otra vez cada vez que alguien abra el libro.

Sí, pero… el otro día, mi hija y yo volvimos a ver “Bajo la misma estrella”, la película basada en la novela de John Green, y volvió a surgir en mí la reflexión que muchas veces planteo en mis talleres de escritura: ¿qué pasa con el personaje una vez que termina el libro?

El personaje es el elemento humano de una novela. Desde el punto de vista meramente literario, no es más que un puñado de palabras. Pero, para el lector (y quizá también para el propio escritor), es mucho más. Es alguien. Es otra persona a la que le han pasado unas cuantas cosas que ha compartido con él y de cuya suerte se alegra o con cuya desgracia se apena.

Como con cualquier otra persona con la que haya empatizado.

Y asumimos que, acabado el libro, le seguirá yendo bien en la vida… Pero que será feliz. O que si vuelve a tener sus altibajos, sabrá volver a superarlos. Y felices para siempre.

Pero Green plantea en la novela de la que hablaba un caso extremo: dentro de “Bajo la misma estrella” se habla de otra historia protagonizada y narrada por una chica que padece cáncer y que fallece. O sea, que el libro se queda sin final porque perdemos a la protagonista y narradora. Y Hazel Grace, la protagonista de “Bajo la misma estrella” está preocupadísima por qué ocurre con el resto de los personajes, si superan esa muerte (ella misma también tiene cáncer, así que es una preocupación bastante lógica). Tanto es así, que su obsesión es hablar con el autor para preguntarle qué fue del padre, de la madre, del novio… Y la decepción llega cuando consigue verle y este le contesta: nada. No existen. Ninguno existe. Todos me los inventé yo y a partir de la muerte de la protagonista los demás no tienen historia.

¡Qué duro! Pero qué cierto…

¿Alguna vez te habías parado a pensar en los personajes como simples acumulaciones de palabras? ¿O más de una vez te has dejado arrastrar (como Hazel Grace y como yo) por la ilusión de que ese ser que te ha acompañado, te ha hecho disfrutar, con el que has crecido… es real?

Nos seguimos leyendo.

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