El Consumo responsable, la participación social y la difusión cultural son los pilares de una ‘vida lenta’ hacia un mundo mejor

Ana Óngil, derecha, junto con Mamen, una de las colaboradoras del Rincón Lento.

Marta Perruca

Una verdadera factoría de los sueños ha echado raíces en la ciudad de Guadalajara para forjar iniciativas que, poco a poco y a base de soñarlas, se van haciendo realidad. Este lugar no es otro que “El Rincón Lento”, que tiene sus puertas abiertas en la calle Marqués de Santillana a todas esas personas con inquietudes y ganas de aunar fuerzas para hacer del mundo un lugar mejor en el que vivir de un modo “más lento”.

La iniciativa, explica Ana Ongil, una de las impulsoras del proyecto, surgió en junio de 2009 de dos movimientos: La Asociación “Al Tran Tran”, dedicada a la animación a la lectura y “Muévete por un mundo”, dedicada a la cooperación internacional y a proyectos para el desarrollo, que volcaron sus esfuerzos para abrir un pequeño local en el centro, cercano a la Biblioteca, “como un espacio abierto a la ciudadanía que sólo tenía que traspasar su umbral para poder participar”, relata Ongil. “Nos apetecía que hubiera un ocio distinto y que se hablara de temas que nos parecían relevantes, como Ecologismo, Soberanía Alimentaria o Participación Social”.

La necesidad de crecer y ampliar horizontes hizo que la organización hiciera las maletas para mudarse al local contiguo al espacio de coworking Karaba, en la Calle Marqués de Santillana, con el que comparte inquietudes e iniciativas. Después de doce años de andadura, cuenta con unas 370 cuotas y alrededor de 500 personas respaldando el proyecto.

Vivir más despacio, frente a las prisas que impone la sociedad actual es el espíritu que inspira a esta comunidad, aunque tal y como admite Ana, “no siempre se puede”: “Muchas veces querríamos ir más despacio, pero el día a día nos come y lo urgente se impone a lo importante”. Si embargo, el simple hecho de pararse un segundo a pensar y ser conscientes de ello, puede hacer que veamos la vida de un modo diferente: “El sistema va muy rápido, la sociedad va muy deprisa y le interesa que sea así, para que consumamos más, para que tampoco pensemos mucho, para que seamos menos críticos y más autómatas para, en esa prisa, ir mermando todo lo humano que tenemos. Queremos dar más valor a nuestro tiempo y a las cosas más importantes de la vida que no suelen costar dinero, como juntarte con la gente que quieres, hacer las cosas que te hacen sentir a gusto, la naturaleza, el comer bien, ese tipo de cosas”.

La organización trabaja desde tres perspectivas: El pilar principal sería el Consumo responsable y la sensibilización, para lo que desarrollan iniciativas como “El Hogar sostenible” gracias a la cual, más de 400 estudiantes de entre 14 y 18 años pudieron habitar por un momento en un hogar donde los recursos se aprovechan al máximo y “hablar sobre consumismo y cómo podemos revelarnos contra él”. La segunda línea sería la participación social, “lo que consiste en seguir tejiendo redes con otras asociaciones y con la gente de la ciudad»; y por último, la difusión cultural y artística, dentro de la cual el Rincón Lento ha puesto en marcha la maquinaria de la imaginación para desarrollar infinidad de iniciativas como el Festival de Cine Lento, festival de cine independiente que organizan desde 2011 en colaboración con “Contrapicado Films”, que promueve la creación y el visionado de películas bajo el concepto de esa «vida lenta» más sostenible; o la “Noche Bruja”, un aquelarre de disciplinas artísticas como la música, el teatro, la poesía o la danza en una noche mágica para celebrar el Día Internacional de las Mujeres.

El Rincón Lento es también una tienda donde encontrar productos muy variados, desde artesanía local, a productos de agricultura ecológica y comercio justo, libros nuevos sobre feminismo, ecologismo, consumo responsable, etc., y de segunda mano, o rincones donde asociaciones como Ecologistas en Acción o Abriendo Fronteras exponen sus materiales: “Nos aventuramos en dar el paso a un local más grande con esa idea de que fuera un espacio al servicio de la comunidad, para que cualquier persona que tenga una cosa interesante que ofrecer, pueda hacer uso de la sala y mostrarla, o para colectivos que no tienen local y no se pueden reunir en otro sitio. Sobre todo, cuando no ha habido pandemia, por las tardes el local bulle y es un modo de ir haciendo red, también”.

Todas las semanas entra alguien nuevo a este rincón, que comenta Ana, transmite la energía de todas esas personas que de manera colectiva contribuyeron a reformarlo: “Aprendimos a hacer tabiques, a poner puertas, fontanería… Yo creo que todo eso se quedó impregnado en las paredes y en el ambiente. Mucha gente nos dice que es un lugar vivo y eso se nota nada más entrar. Se percibe que es muy diverso y abierto y que la gente puede tener cabida, seas como seas, siempre que respetes a los demás”. De hecho, muchas personas como, por ejemplo, profesores y profesoras, que llegan a Guadalajara por primera vez y se enfrentan “al muro” de lo desconocido, encuentran este lugar enseguida, “donde es mucho más fácil derribarlo” y conocer a gente.

La pandemia del coronavirus les ha permitido “parar un poquito y poner el foco en qué vamos a ser de mayores”. De esta manera han puesto en marcha el grupo de reflexión “Repensar el rincón”, “que yo creo que después de doce años, era importante” para trazar las sendas hacia el futuro. También han aprovechado para mejorar la tienda y reorganizar espacios, “sobre todo la planta baja, que la teníamos un poco de almacén”.

Haber sobrevivido a la pandemia para Ongil es señal de que el proyecto “goza de buena salud” en la medida en que periodos tan largos de confinamiento y restricciones “pueden acabar con cualquier iniciativa colectiva” y en este sentido reconoce que “nos ha salvado la tienda”: “El ser una opción al consumo ecológico y no haber tantos puntos de este tipo en Guadalajara nos permitió seguir abiertos, porque si hubiéramos tenido un parón no habríamos podido sobrevivir, nos habría comido el gasto y seguramente, nos habríamos tenido que reconvertir en otra cosa”.

“La bellota”, una moneda social en Guadalajara

La bellota es una moneda complementaria al euro, que surgió dentro del Rincón Lento, a través de las reuniones que se conocían como “proyectismos” en las que varias personas imaginaban “iniciativas locas”, que tras darles una vuelta de tuerca, se convertían en proyectos y de ahí, en realidades.

Su valor equivale a 1 euro y para participar “sólo tienes que pensar en cosas que puedes ofrecer a la comunidad, que sean valiosas”, como por ejemplo, cortar el pelo, arreglar electrodomésticos, cocinar, montar muebles etc. “Cuando alguien del grupo necesita de esa oferta que tu has hecho te la demanda y te remunera en bellotas. Así vas consiguiendo un saldo positivo, que luego puedes gastar en otras cosas”.

Tal y como explica la impulsora de “El Rincón Lento”, “es como un trueque, pero mejorado con la moneda, porque no es necesario que yo tenga una cosa que a ti te interese o viceversa”.

Actualmente, existe una comunidad que personas que lo utiliza de manera cotidiana y también se puede hacer uso de ella en alimentos de primera necesidad de la tienda y en otros productos. Desde el Rincón Lento consideran que sería interesante de cara al futuro poder captar el interés de otros comercios y que por ejemplo “un bar ofreciera algunas cañas en bellotas, porque luego le interese que alguien le pueda hacer algún arreglo eléctrico o adquirir alimentos para elaborar sus tapas, etc.”.

Consejos para vivir “lentamente” en Guadalajara

El Rincón Lento surge de un libro, “El ocio de la lentitud” de donde cogió su nombre y su filosofía, por lo que, en opinión de Ana Ongil, para embeberse de la vida lenta hay que “leer mucho” porque “todo está en los libros». También es imprescindible “jugar mucho” , ya que sólo así se pueden sortear con gracia los obstáculos que nos surjan en el camino.

Pasear y disfrutar de la naturaleza es una máxima obligatoria y por supuesto, comer bien, “porque somos lo que comemos”. Para ello es muy importante saborear los alimentos y sentirse agradecido con el trabajo de quien tanto esmero y cariño puso mientras los cultivaba.

Ser “lento” implica también conocer gente y reconocerse en los demás, no sólo recreándonos en el disfrute, sino pensando en cómo podemos aportar algo: “Que cuides una pequeña pacerla de tu mundo», indica Ana, para dar el paso hacia el activismo.

Pero la mejor manera de empaparse del Rincón Lento es atravesar el umbral de su puerta y conocer los canales de participación existentes para colaborar con esta iniciativa. Se puede hacer voluntariado en la tienda; también en las distintas ferias, jornadas o actividades y a través de los grupos de trabajo. Además, es posible asomarse a este rincón a través de las redes sociales y en su página web www.elrinconlento.org.  

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