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Nacho Redondo

¿Te ha pasado alguna vez tener la sensación de que el tiempo pasa muy deprisa o muy despacio? ¿Te has preguntado alguna vez por qué a algunas personas les da tiempo a hacer muchas cosas y a ti no? ¿Has tenido la sensación de que quieres aprender muy deprisa, o leer un libro en un abrir y cerrar de ojos, o de comprar algo y quererlo de forma inmediata?

Todo esto tiene que ver con el concepto tiempo cuyo significado es el de una magnitud física con la que se mide la duración o separación de acontecimientos. Como magnitud física que es se mide teniendo en cuenta el patrón que define, precisamente, esta dimensión. También se define como la duración de las cosas que están sujetas al cambio.

En la parte filosófica es definido de distintas maneras. Se relaciona con el alma, se relaciona también con algo interior y personal del hombre o como una conformación de las temporalidades externa e interna, en definitiva, de algo que define la esencia humana.

Pero hoy me quiero quedar con una acepción sobre el mismo que lo relaciona con la experiencia y tiene que ver con el pasado, el presente y el futuro. Ni el pasado ni el futuro existen, solo existe el efímero ahora. Y siendo efímero como es y sin existir el pasado ni el futuro ¿significa entonces que no hay tiempo? La realidad es que el pasado es lo que aprendimos en su momento, el presente es a lo que debemos prestar atención y el futuro es lo que esperamos.

Para prestar atención al presente tenemos que practicar el disfrutar de nuestro día a día, de las pequeñas cosas que se nos ofrecen a diario y centrarnos en ellas, de aprovechar lo que nos sucede a cada instante, básicamente lo que conforma nuestro bienestar.

Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones el contexto nos influye en nuestra forma de afrontar las situaciones, pero nuestra actitud será determinante para que nos sirva realmente lo que nos está sucediendo. Sin embargo, nos cuesta mucho mantener nuestra mente en el tiempo actual, incluso sabiendo que es beneficioso para nosotros.

En muchas ocasiones, cuando hablo con los emprendedores a los que acompaño o a las personas que guío en la búsqueda de empleo, incluso a directivos de empresas o personas físicas con quiebres a nivel personal, vemos que los comportamientos del día a día son más reactivos que proactivos. Esto quiere decir que suele ser más fácil dejar pasar el día, abandonarnos a lo que está sucediendo y poner la esperanza en lo que está por llegar, en eso que no tenemos la certeza de que llegue.

Muchos son los que se aferran al pasado desmoralizándose por un futuro que no llega o en el que habían puesto sus “ilusiones”. Sin embargo, dejan de lado el presente, el momento del ahora, el tiempo que nos devuelve al origen de la persona. Estos adictos al pasado se enfadan consigo mismo, con los demás, con todo lo que les rodea e impiden ver el presente, lo único en lo que pueden tener seguridad para el disfrute.

Me siento atraído por el concepto de identificarnos con el tiempo presente nos permite hacer cosas desde un compromiso profundo con uno mismo y desde el convencimiento de que es lo que uno quiere, fuera de juicos y sin tener que demostrar nada a nadie.

Cuando trabajamos el tiempo desde esta perspectiva entendemos el por qué nos cuesta tanto comprender que no todo tiene que ser para siempre, lo que nos desconecta de la dimensión presente. Desde aquí podemos intuir los procesos normales de la misma vida en cuanto a los desapegos de personas, ideas o cosas.

Vivimos pensando en el mañana corriendo de un lado a otro sin pararnos a disfrutar del presente. Los lunes pensamos en que lleguen los viernes, en septiembre que lleguen cuanto antes las vacaciones de Navidad o por la noche que llegue cuanto antes el día.

El presente adquiere sentido a través del pasado y pensando en el futuro, pero saborearlo es darle sentido a la vida, disfrutando el momento haremos que nuestro pasado cobre sentido. Dar cabida a todo lo que nos sucede desde el aprendizaje y actitud nos pone los pies en la tierra.

Aprovecha el tiempo, aprovecha las oportunidades que te brinda la vida sabiendo que solo es posible hacerlo desde el presente. Piensa que hay cosas que nunca vuelven por lo que te mereces disfrutarlas ahora.

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