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Lidia Casado

De un tiempo a esta parte, se han puesto muy de moda las plataformas de audiolibros. Recuerdo que cuando yo era jovencita empezaron a comercializarse grabaciones de libros, por aquel entonces, en formato cassette. No sé muy bien por qué (tengo mis razones aunque no sé si coincidirán con las de otros usuarios y lectores) pero aquello no cuajó. Y ahí se quedó la cosa. Hasta que hace unos años, la apuesta por los libros escuchados volvió a surgir. Y, ahora sí, parece que se ha extendido.
Quizá sea por el auge de los pódcast. O porque ahora hemos sustituido la radio generalista que, tradicionalmente, amenizaba nuestros quehaceres (desde cocinar hasta hacer deporte) por contenido personalizado, por programas, grabaciones o emisiones que hablen de temas que me interesen de verdad. O que me entretengan, como es el caso.
Sea como fuere, el audiolibro ha llegado y yo, como buena metomentodo literaria, lo he estado probando durante unos meses. Llegados a este punto, he de confesar que hace años que tengo en mi móvil una aplicación que lee textos y que he escuchado decenas de libros mientras cocinaba, caminaba o realizaba tareas diversas. Pero no puedo mentir: la experiencia del audiolibro es infinitamente mejor. La aplicación que yo tengo tiene una voz automatizada, no entona y, si me apuras, hasta pronuncia mal determinadas palabras. El audiolibro, en cambio, está grabado por profesionales y supone una experiencia francamente agradable.
Y ahora, viene la pregunta: ¿es lo mismo escuchar libros que leer libros? Me lo llevo preguntando desde que empecé a ver cómo estas apps despegaban. Supongo que desde el punto de vista de la actividad cerebral, la escucha y la lectura provocan diferentes reacciones. Sin embargo, desde el punto de vista del placer estético o del disfrute de la ficción, la sensación es igual. Es verdad que se pierde la dimensión digamos… pedagógica de la lectura (aprender cómo se escriben determinadas palabras, por ejemplo) pero no es menos cierto que puede ser de gran utilidad para personas que, tal vez, ya no puedan leer, por diferentes motivos; personas que hayan disfrutado mucho con la lectura y que quieran seguir haciéndolo, aunque sea a través del oído.
Total, que no me pongo de acuerdo conmigo misma. ¿Y tú? ¿Qué piensas?
Nos seguimos leyendo.

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