Se trata de una intervención integral del espacio, que está previsto se prolongue hasta principios del siguiente año

El Decano

El Centro de Restauración de la Fundación Santa María de Albarracín se ha trasladado a la comarca de Molina de Aragón para atender, en su integridad, la magnífica capilla de San Andrés, de la localidad de Rueda de la Sierra. Los trabajos están enmarcados en el convenio que la Diputación ha firmado con el Obispado de Sigüenza-Guadalajara para la conservación y restauración del patrimonio artístico.

La iglesia de las Nieves de Rueda de la Sierra data del siglo XII, como evidencia la portada románica e interna del monumento, pero fue ampliamente reformada en los siglos XVI y XVIII. Precisamente a esta primera centuria pertenece la magnífica capilla de San Andrés, objeto de la intervención, en la que se incluye el extraordinario retablo que la preside bajo la advocación de San Andrés.

Su portada renacentista, construida en sillares de piedra, se abre en un gran arco de medio punto, flanqueado con dos grandes columnas abalaustradas, sobre cuyos capiteles se apoya un amplio entablamento sin decoración. Queda rematada por un tímpano semicircular en forma de concha, que acoge un medallón con el escudo del obispo Narciso Martínez Vallejo. Hemos de indicar, sin embargo, que algunos de los elementos de esta portada tienen una similitud con el mausoleo de Santa Librada, de Fadrique de Portugal, en la catedral de Sigüenza.

Esta portada será el primer elemento que está siendo intervenido, mientras se concretan los resultados de excavación y, en consecuencia, el suelo que pudiera reinstalarse en la capilla. Los trabajos comenzaron con la excavación arqueológica de los niveles ocultos bajo una tarima de madera, muy deteriorada, y de reciente colocación. Ello ha permitido descubrir una gran lapida de piedra central, así como restos de un antiguo suelo de mortero, cubriendo un gran osario muy mezclado entre tierras, con una bancada de piedra en su lateral derecho. Frente al altar ha aparecido un pequeño pedestal escalonado de ladrillos, que permitía el acceso original al mismo altar.

La reubicación de un nuevo pavimento permitirá la restauración del ámbito interno de la capilla, rescatando las decoraciones originales que evidencian las catas realizadas hasta el momento, hoy cubiertas bajo una capa de pintura sintética, también de reciente aplicación. Las nervaduras góticas de su bóveda de crucería conservan los elementos decorativos que la singularizan, con un entrelazado a modo de ocho, en color negro, y en su arista propiamente dicha. Los paramentos parecen tener un despiece característico de la época, en tonos blancos y negros, con la laceria ya descrita, como se constata en la saetera, abierta en el muro frontal, en la que además aparece decoración floral, guirnaldas y grutescos, en su entorno.

El retablo es igualmente una pieza formidable, muy descoyuntada estructuralmente, por su adopción al espacio puesto que posiblemente pudo tener otro emplazamiento original, y, sobre todo, muy sucia y con barnices oxidados que ocultan la extraordinaria calidad del bien. Como no podía ser de otra manera, está dedicado a San Andrés, cuya escultura de madera se localiza en la hornacina central, que queda rematada por un calvario, a cuyos lados se localizan dos medallones con escudos cuya restauración pudiera delatar el encargo de este. La iconografía del bien, y en definitiva las pinturas sobre tabla restantes, también quedan muy ocultas por la suciedad.

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