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Lidia Casado

El comienzo de un nuevo año siempre da pie a hacerse, a una misma, promesas que en algunos casos cumplirá pero que, en otros, caerán en el saco roto de las buenas intenciones que no llegan a ningún lado.

Todos los años busco alguna efeméride interesante relacionada con algún tema o autor literario; desempolvo de mi lista de deseos ese libro que siempre he querido leer pero que, por los motivos que sean, he ido postergando; compruebo cuántas obras tengo en la estantería de pendientes; tacho las que fueron famosas en los últimos meses pero se han ido desinflando con el tiempo; busco algo nuevo que quiera aprender y añado un clásico imperecedero. Con todos ellos, confecciono mi lista de lecturas del año. Al menos, por así decirlo, el “fondo de armario”. Los mínimos. Lo que sí o sí voy a leer.

Me encanta ir tachando los objetivos logrados a medida que van pasando los meses. Y no hay cosa que me resulte más gratificante que encontrarme, en diciembre, con los “deberes” hechos

¿Y tú? ¿Haces listas de buenos propósitos a comienzos de año?

Yo sí las hago. A veces los logro. Otras, no. Pero, al menos, siempre lo intento.

Creo que de eso va vivir.

Nos seguimos leyendo.

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