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Nacho Redondo

Allá por el 3.000 a.C. los egipcios conmemoraban año tras año la coronación del faraón dando fiesta a los trabajadores y deseando una larga vida y ahuyentando a los espíritus malos porque pensaban que la muerte acudiría en esa fecha a por su alma.

Después fueron los babilonios y los griegos los que homenajeaban a las deidades con una torta de harina, cereales y miel que tenía que ser redonda como la luna, pensando que ésta era el satélite que más influencia tenía sobre sus vidas. Los griegos fueron los que introdujeron los cirios alrededor de dicha torta que se dejaban apagar por sí solos. Fueron los romanos los que empezaron a conmemorar la fecha de nacimiento de sus emperadores.

Fue con la llegada del cristianismo, no en sus orígenes en los que se conmemoraba la fecha de la muerte de Jesucristo, apóstoles y mártires, sino alrededor del S. IV cuando se introdujeron las festividades de nacimientos como es la Navidad. Luego ya en la Edad Media y en la evangelización de los pueblos ya se realizaba la celebración del cumpleaños y se incorporó la tradición de introducir los cirios en el interior de la torta y de su soplado, para que no se estropease con la cera.

A mí me gusta mucho celebrar y procuro hacerlo constantemente. Celebro el viaje que nos va a durar durante toda la vida y que nos acompaña desde siempre. Con sus sombras, también con esos momentos en los que se nos complica el viaje y se nos hace cuesta arriba. Pero si entiendes el propósito será mucho más fácil. Al fin y al cabo la vida está hecha para ser vivida.

Estoy convencido de que celebrar los cumpleaños es una forma de agradecer las cosas que te van pasando y de toma de conciencia del momento en el que estás. Por eso van de la mano la celebración y la gratitud.

Muchas veces nos ponemos a agradecer a compañeros de viaje, a figuras que nos han influenciado, a personajes que han calado hondo en nosotros. Pero nos olvidamos de unos grandes protagonistas de todo esto que nos sucede. En mi caso estos dos protagonistas son Nacho y Guillermo, mis hijos.

Estas dos personas me enseñan todos los días. Incluso en momentos en los que no estamos juntos o no estamos cerca me están enseñando porque están constantemente presentes en mi. También pasa que, a veces, estamos juntos y parece como que no lo estuviéramos.

Es una tarea nada fácil, más bien muy compleja. Quizás de las más difíciles que realizo todos los días. Y mira que acompaño a gente en sus vidas, profesionales de muchos ámbitos y personas con distintos quiebres o situaciones. Esta tarea de ser padre también lleva a cometer errores dada la complejidad de la misma. Pero lo importante es que sirvan para aprender.

Cómo estoy de celebración y las celebraciones sin agradecimiento no son celebraciones, gracias por estar en mi vida, por aguantarme y por saber perdonar mis errores como padre. Gracias por acompañarme aún cuando no estamos cerca y saber que las cosas suceden desde la complicidad de padre e hijos. Gracias.

Y efectivamente estoy de celebración. Hoy es mi cumpleaños y me gustaría celebrarlo con todas las personas que me leéis desde que El Decano me ofreció la oportunidad de poder escribir todas las semanas; gracias por hacerlo posible. Resulta una satisfacción inmensa acercarme a vuestros corazones y pensamientos haciendo que reflexionéis sobre algunas de las cosas que aquí escribo.

Nos encontramos ante una nueva era en el que las personas son lo importante, en el que entender de dónde venimos y de saber hacia dónde queremos ir se convierte en un gran propósito. Estamos en un proceso de transformación en el que tenemos que ser conscientes de lo que pasa y que seguramente tenga momentos de sacrificio y de grandes esfuerzos. Impliquémonos en nuestros procesos y celebremos cada vez que tengamos ocasión de hacerlo.