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Resu Lorenzo (*)

Trabajar de cara al público es tan gratificante como duro. Seamos claros, el trato cara a cara con otras personas no es precisamente la cosa más sencilla del mundo. Hay veces que por el motivo que sea, nos encontramos con personas que tienen poca educación. ¡A mí me ha pasado! Por ejemplo: Aún revisado el borrador de una escritura con los clientes, en la misma notaría durante firma de una herencia salen rencillas del pasado, y una persona sin ninguna educación monta el número y, claro, se retrata a sí misma. Es un momento ¡tierra trágame!, y es cuando te armas de valor , fuerza y muestras tu ser más paciente, respiras hondo y a seguir, como si no hubieses asistido a esa función estelar del protagonista mal educado.

A veces trabajar de cara al público te convierte en el objetivo directo de la furia de una persona. Por ejemplo, en gestoría me he encontrado con clientes que se enfadan y también montan el número cuando las cosas no le van como le gustaría, o tienen que pagar impuestos por haber obtenido beneficios y tienen la necesidad imperiosa de pagarlo con alguien, en este caso con su gestor de confianza. O clientes que nos cuentan, que ha llegado tal persona descontenta con el arreglo de ropa por no estar como ellos deseaban y a la mínima piden la hoja de reclamaciones, como si pronunciar la frase: ¡Quiero la hoja de reclamaciones! supusiera darles la razón. O clientes de hostelería a los que tenemos que informarle de la reserva del derecho de admisión porque ya no aguantan el comportamiento y actitud de algún cliente y se plantean la no entrada a su establecimiento. En este momento, viene a mi cabeza el slogan de campaña publicitaria de unos grandes almacenes: “El cliente siempre lleva la razón”, yo lo reformularía y diría: ¿El cliente siempre lleva la razón?

Voy a desvelar algo que no sé si es conveniente hacerlo, pero… ¡allá voy! Aquellos que trabajamos cara al público, bien sea en gestoría, comercio, hostelería o algún otro sector somos personas, cometemos errores que en la gran mayoría de los casos son subsanables, por tanto, si eres de esas personas que no admiten que los demás se pueden equivocar, y prefieres sacar tu yo autoritario y déspota, basándote, precisamente, en el ejemplo anterior: “el cliente siempre lleva la razón”; déjame decirte que la empatía es una cualidad que hace más feliz, e incluso la asertividad, decir las cosas sin que haga daño a la otra persona. Y finalmente, seguro que en alguna ocasión has escuchado el dicho “donde pago, cago” ¿piensas que es correcto? Viene a ser el clásico quien manda paga.

Si una cosa tengo clara en estos años es que la buena educación nos ayuda a lograr todos nuestros objetivos y nos hace felices. Sin embargo, con poca educación (no quiero decir mala) podremos alcanzar nuestros objetivos, pero desde luego, nos costará más llevar una vida feliz y satisfactoria. Ah y recordad que Rhonda Byrne en su best seller El secreto dice que la vida es un péndulo, todo aquello que tú lanzas, la vida te lo devuelve.

Economista-gestora adtiva. Ceo Parlorenzo

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