Javier Alcalá Escribano (*)

El 2020, será recordado como un “annus horribilis”, marcado por la pandemia del virus a nivel mundial, que nos ha tocado vivir, y por los dos millones de personas, o más, que han fallecido por tales circunstancias, como por una nueva situación de crisis, ligada a un daño colateral, que ha provocado situaciones similares, a las crisis económicas de hace más de una década, y como consecuencias directas o indirectas, un aumento de la demanda social, en familias y personas de todo tipo, que han perdido su trabajo y necesitan ayudas y prestaciones sociales para vivir. Dicha situación es probable, que se prolongue el presente año y los próximos, por desgracia.

También es un año, en el que la mayoría de conmemoraciones, centenarios y eventos de autores, artistas, músicos, pensadores, escritores, pedagogos, sociólogos y otras personas célebres en la historia, han quedado totalmente eclipsados, casi olvidados por el virus, al haber truncado el desarrollo previsto de los acontecimientos programados. Un bicentenario a tener en cuenta y a conmemorar, que ha pasado casi desapercibido es el de Concepción Arenal Ponte, periodista, escritora, ensayista y poetisa del realismo español, abogada, socióloga, espíritu infatigable a nivel ensayístico y periodístico. Es una ardua tarea y una misión imposible, resumir en el presente artículo conmemorativo, la vida, evolución y obras de Concha Arenal, como influencias posteriores, ligada a la historia española del siglo XIX. Por ello, sirva el presente artículo para despertar el interés del lector, sobre la intensa vida y obras prolíficas de la gallega.

Fue una mujer dispuesta a cambiar su vida, desde la educación, y la vida de hombres y mujeres, ya que no aceptaba el conformismo y el cliché de la época que se atribuía a las mujeres, como patrón dominante del conservadurismo histórico. Se la considera pionera y precursora del movimiento feminista del siglo XIX, como también es pionera del Trabajo Social en España, de la Criminología y el Derecho Penal español. Junto a Emilia Pardo Bazán y Rosalía de Castro, conforman un triángulo constructivista, de mujeres escritoras gallegas, con ideales semejantes a favor de la libertad y del movimiento feminista en España. Fue una luchadora pacífica y constante, inconformista y sin prejuicios, que supo transmitir palabras de amor. De hecho, para ella, el amor era la piedra roseta universal para comprender y acercarse a cualquier persona, como expresa en una de sus citas, “hay un camino seguro para llegar a todo corazón: es el amor.”

Su vida, está repleta de cambios e incidencias que le hacen vivir en diferentes destinos como en Ferrol, Madrid, Potes y Armaño (Cantabria), A Coruña, Miranda del Ebro, Gijón, Vigo, donde muere en 1893. Nace en Ferrol y será una férrea defensora de los derechos de las mujeres, y también de los hombres, que se hallaban prisioneros en las cárceles, donde la mayoría de reos, eran abandonados a su suerte y desgracia, dadas las paupérrimas condiciones que sufrían y la casi nula inserción, o reinserción social, educativa y laboral, por la falta de programas existentes y por la falta de medios del sistema penitenciario de dicho siglo.

A los nueve años quedó huérfana de padre, sargento militar liberal, que murió enfermo tras estar varias temporadas preso, al sublevarse contra el régimen absolutista de Fernando VII. Quizás, esa experiencia vivida con su padre, marcará y despertará con el tiempo, su preocupación e interés por los hombres y mujeres privados de libertad, por la casas de salud, por la beneficencia, la caridad, por la libertad, por la educación y por el amor y preocupación por el prójimo, libre de estereotipos y prejuicios.

Un año después, en 1830, perdió también a una hermana su hermana mayor, Luisa. La madre de Concepción Arenal, ella y su hermana, se trasladan a Madrid en 1934, con ayuda del segundo Conde de Vigo, pariente familiar, donde Arenal estudiará en un colegio modelo de clase alta, ideal para señoritas. A los 21 años, en 1841, en contra de la aprobación de su madre, acude como oyente, a la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Para ello, se cortó el pelo y se vestía con levita, capa y sombrero de copa, a fin de parecer un hombre, ya que la educación universitaria no estaba permitida para las mujeres. Un año después, tras ser descubierta por el rector y el claustro, y valorando positivamente su interés, le permitieron asistir como oyente, pero separada de sus compañeros. Será una de las primeras mujeres en asistir a la Universidad.

Aquí, existe un paralelismo de vidas plutarquianas, (permítanme la atrevida licencia) entre la gallega Concepción Arenal y la italiana María Montessori, tanto por su interés en la formación universitaria, que no será, ni la primera ni la última coincidencia, que compartan ambas mujeres precursoras, pioneras y progresistas, en beneficio de las personas con escasos recursos, llamados antiguamente marginados sociales. Ambas también compartirán una ferviente creencia en la educación y en la reeducación de las personas.

La misión de Arenal, concuerda con su propia vida y sus valores morales, por encima de su catolicismo incluso, ya que pretendía conseguir que la mujer recibiera una educación e instrucción formal, más allá de los roles domésticos y de crianza, dado que estaba totalmente convencida, de que la educación era un baluarte fundamental, para evitar o minimizar la delincuencia y la marginación social, producto de una sociedad represora y reprimida, como bien refleja en la mayoría de su obras y en la siguientes citas célebres, “Abrid escuelas y se cerrarán cárceles” y “Odia el delito y compadece al delincuente”.

Por ello, se puede nombrar otro paralelismo existente, entre el pensamiento arenaliano y el pensamiento vivesiano, como credo pedagógico, de dotar de educación, formación y empleo, con programas sociales, a personas desfavorecidas o en riesgo de exclusión social, para mejorar su integración social y su calidad de vida. Es muy probable que Arenal, entre su multitud de estudios y lecturas, se impregnara de la obra del pedagogo valenciano, Juan Luis Vives, “De subventione pauperum”.

Cuando Arenal queda viuda, con estrecheces económicas y sus dos hijos, regresa a Cantabria y alquila una casa a la madre del violinista y compositor Jesús de Monasterio, que será un amigo fiel, y un gran apoyo, hasta el final de sus días. Allí en 1860, termina de escribir «La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad», obra que presentó al concurso convocado por la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. El trabajo será premiado, convirtiéndose en la primera mujer galardonada por la Academia, pero dada la época y las normas sociales existentes, una mujer, no podía escribir un ensayo de tal calibre, publicarlo y presentarlo a un concurso nacional, por lo que se presenta en nombre y lúbrica de su hijo Fernando, que tenía 10 años, y su valor y su autora, quedan relegados a un segundo plano.

En 1863 terminó de escribir, «El visitador del pobre», donde expone y relata cómo debe ser la ayuda para las personas desfavorecidas, denunciando la pobreza, el trabajo precario de la clase obrera, como la defensa de la mujer y la necesidad de reformas sociales en relación a derechos civiles, laborales y penales. Los siguientes párrafos de la obra citada, son todo un acierto, lleno de reflexión, comprensión y que pone en valor, la importancia de la educación recibida en la familia, en la escuela y en la sociedad, para cambiar la vida de las personas:

Aquel ser cuyo nombre maldecido aterra la comarca; aquel otro, blanco de la sangrienta curiosidad del vulgo, que camina hacia el patíbulo para expiar en él sus inauditos crímenes, fueron dos niños inocentes, puros…, risueños íbamos a decir; risueños no, porque la miseria y la dureza helaron en sus labios la risa infantil y en su alma el germen de las virtudes. Salvo raras excepciones, el hombre criminal fue un hombre desdichado, a quien faltaron buenos ejemplos y caricias. Tengamos esto bien presente y al ver un niño descalzo, desnudo, hambriento, a quien nadie corrige ni ama, pensemos que, abandonado a su mala suerte, podrá ser un hombre criminal. Es doloroso ver tantos niños pobres como se pervierten en las calles y en sus casas.

El niño tiene el germen de los malos instintos y de las elevadas virtudes; el secreto de la educación consiste en sofocar los primeros, evitando las ocasiones de que se ejerciten y desarrollen, y en estimular las segundas.”

En 1864 es nombrada Visitadora de Prisiones de Mujeres, primer cargo para una mujer de su época, pero a raíz de la publicación de “Cartas a los delincuentes” en 1865, donde sin pelos en la lengua, realiza un crítica mordaz y realista sobre el sistema penitenciario, proponiendo una reforma del código penal, será destituida y cesada en el puesto. Al año siguiente, se crea la «Sociedad Abolicionista Española» y se convoca un certamen literario por dicha sociedad. Concepción Arenal presentó el poema titulado Oda a la esclavitud, obteniendo el primer premio.

Tras la Revolución de 1868, se la nombra Inspectora de Casas de Corrección de Mujeres, cargo que desempeñará hasta 1873. En este período, Concepción Arenal colaboró activamente con los krausistas, principalmente con Francisco Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate e influyó y compartía cierto ideario con los padres fundadores de la Institución Libre de Enseñanza. Era partidaria de lema “Escuela y despensa” del regeneracionismo de Joaquín Costa. Participó también en la creación, a iniciativa del rector Fernando de Castro, de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y la Escuela de Institutrices en 1871. A partir de entonces, con el respaldo de progresistas y krausistas, comienza su etapa más feminista y reivindicadora, publicando en 1869 “La mujer del porvenir”, obra que ya había escrito en 1861, pero que quedó guardada y latente, en algún sitio, a la espera de que el tiempo y las circunstancias fueran más propicias y contar con apoyos para su publicación. En dicha obra, considerada como su primera obra feminista, crítica las teorías biológicas y tesis positivistas de Gall y Lombroso, sobre la inferioridad de la mujer a nivel intelectual y moral, respecto al hombre, además de defender el acceso a las mujeres a todos los niveles educativos.

También promueve proyectos como el llamado «Patronato de los 10», adaptación española de un proyecto galo, que se había ejecutado con éxito y que trata sobre mecenazgo, asistencia y ayuda mutua, en que diez familias de clase alta, se organizaran para ayudar a una familia sin recursos. En 1869 se estableció la rama femenina de la Cruz Roja Española, y Arenal es nombrada secretaria general. Años más tarde, en 1872, no duda en participar en tareas humanitarias, en la tercera guerra carlista, atendiendo a soldados de ambos bandos en Miranda de Ebro.

En años posteriores participa en la creación de sociedades y asociaciones, como por ejemplo “La Constructora Benéfica” cuyo objetivo principal era construir casas y viviendas para la clase obreras y sus familias, siendo un precedente de las viviendas de protección oficial.

En 1975, se traslada a Gijón con su hijo que se ha quedado viudo, y alejada del mundanal ruido público, escribe multitud de obras y ensayos «Las colonias penales en Australia y la pena de deportación» (1877), «La cárcel llamada Modelo», «Estudios penitenciarios» (1877), «Ensayo histórico sobre el derecho de gentes» (1879), una obra cumbre sobre derecho internacional durante los próximos años. Para más inri, participa y envía estudios y memorias a los Congresos penitenciarios de Estocolmo (1878), Roma y San Petersburgo (1890), que le felicitan por telegrama por sus aportaciones. En 1878 publica otro de sus más famosos trabajos, «La instrucción del pueblo», obra premiada por la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y en esta ocasión con merecido reconocimiento, al ser una mujer que gana dos veces dicho concurso, aunque el primer concurso siga a nombre de su hijo. Los años posteriores sigue con una intensa actividad ensayística publicando obras como «La mujer en su casa» (1881) y «Estado actual de la mujer en España» (1884), incidiendo en las capacidades y posibilidades intelectuales de las mujeres, como en el derecho de recibir una educación superior para poder desempeñar profesiones en igualdad de condiciones que los hombres. Los próximos años seguirá escribiendo y publicando ensayos y artículos. En 1891 escribe dos libros de ensayo que serán también claves «El trabajo de las mujeres» y «Manual del visitador del preso» y prepara sus aportaciones e ideas para el segundo congreso pedagógico hispano-luso-norteamericano. No es de extrañar que Concha Arenal, sentara las bases para la siguiente generación de mujeres intelectuales y feministas de la España de finales de siglo XIX y del primer tercio del siglo XX.

RTVE realizó un documental sobre la vida de Concepción Arenal, de la serie “Mujeres en la Historia”, en septiembre de 1995, digno de visualización y reflexión. También se realizó una película, tipo telefilme, coproducida por RTVE y por empresas audiovisuales del territorio nacional, iniciada en el 2012 y proyectada en televisión española en septiembre del 2015, dirigida por Laura Mañá, (que dirigió un año antes, la película de “Clara Campoamor, la mujer olvidada”) y protagonizada por Blanca Portillo en el papel principal, titulada “Concepción Arenal, la visitadora de cárceles.” La película fue bien acogida por la crítica y el público y muestra un buen realismo de las circunstancias de la época y del trato a presos de ambos géneros

Las citas de Arenal, extraídas de su inmensa obra, tanto en su época como ahora, han sido sentencias firmes para ocasionar el cambio y han provocado una influencia directa a lo largo de los años. Una de ellas, a modo de ejemplo es “Todas las cosas son imposibles, mientras lo parecen”, que resuena y es predecesora de la cita similar de Nelson Mandela, “Todo parece imposible hasta que se hace”.

O a la inversa, la siguiente cita de Mandela, también puede pasar por ser una cita o un extracto del alguno de los ensayos de Arenal: “La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia.”

Su epitafio, intenta resumir en sí todo el orbe arenaliano: “A la virtud, a una vida, a la ciencia”.

(*) Pedagogo, Educador Social y Técnico en Integración Social

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