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Nacho Redondo

Tal y como nos pasa cuando hacemos deporte donde nuestras pulsaciones se disparan, hay momentos en la vida en los que ocurre lo mismo. Esos momentos en los que tienes que hacer una exposición en público, enfrentarte por primera vez a algo o esperar una respuesta ilusionante. También nuestro cuerpo reacciona bombeando el corazón cuando siente un peligro y nos prepara para reaccionar rápidamente.

Y es que en nuestra adaptación como humanos hemos desarrollado la capacidad de reacción a estados mentales de nuestras creencias y pensamientos, además de permitirnos alejarnos de situaciones para las que no estamos preparados, ni queremos que ocurran.

Vivimos a través de las emociones y éstas nos hacen sentir, de la forma que sea. Las emociones son tan importantes que no podríamos vivir sin ellas. Nos predisponen a actuar, nos ayudan a sentir y nos ayudan a reaccionar. Nuestra felicidad depende, en gran medida, de cómo seamos capaces de gestionarlas. Somos los únicos responsables de hacer de nuestra vida una experiencia fascinante por lo que saber qué es lo que hace que nuestro corazón palpita enérgicamente nos acerca a ese bienestar vital.

Los seres humanos somos sociables y disponemos de una paleta de estados emocionales muy diversa e interesante para conectar con nuestro interior y, a través de ella, con las personas de nuestro entorno, ayudándonos con las aspiraciones que tenemos con la forma de relacionarnos.

Hay estudios que nos dicen que las emociones duran de media unos noventa segundos, la tristeza es la que más dura, y lo que generemos a partir de ahí lo convertimos en un estado emocional que participa, fundamentalmente, de nuestras interpretaciones. Por eso la ley de los 90 segundos aconseja tener un pensamiento positivo o neutro antes de completar ese minuto y medio de emociones negativas.

Hay veces que uno se para demasiado pronto, es una forma de sentirse sobrepasado por la primera emoción. La pasión te lleva a volver de nuevo a tu senda, a esa que tú eliges y te llena, que te hace sentir desde el corazón, la que te pone el corazón a mil.

No nos damos cuenta de que la vida no es infinita, de que somos mortales y de que una parte importante de ella es disfrutarla y reír el mayor tiempo posible. Es un buen momento para seguir con tu sueño, de intentarlo de nuevo, de no pensar que has fracasado por no haberlo intentado y de saber que ese sueño es más grande que cualquier otra cosa. Mucho más importante debería de ser el por qué que el cómo para poder seguir, para darte otra oportunidad de poner en práctica aquello que realmente quieres.

Es importante vivir al máximo para poder disfrutar al máximo. A veces se falla, pero volver a intentarlo merece mucho más la pena. El logro te hará sentirte vivo y eso es a lo que hemos venido a la vida. Esa emoción de conseguirlo es la que nos pondrá el corazón a mil y es lo que hace que elijamos vivir superando etapas, disfrutando la vida, acompañarnos y nos ayudará a vivir de forma más placentera.

Soñar te mantiene despierto y te ayuda a seguir creciendo, a avanzar para seguir viviendo. Cada paso en busca de tu sueño, cada paso en busca de la felicidad te acerca más a la plenitud de conseguir esa vida que soñaste y que quieres, independientemente de los obstáculos con los que te encuentres.

Pregúntate qué es lo que haces y qué te gustaría hacer realmente. Pregúntate qué te gustaría vivir y cómo te gustaría que fuese tu vida. Pregúntate si cuando renuncias te compensa a lo que realmente quieres. Pregúntate qué hace que tu corazón vaya a mil y si quieres que siga latiendo con esa intensidad.

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