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Lidia Casado

Si algo he sacado en claro de todo lo ocurrido durante 2020 es que cada persona tiene unos recursos y unas herramientas propias para hacer frente a los reveses que la vida va poniendo en su camino. Tanto durante el confinamiento, como en los meses posteriores, cada uno hemos ido capeando el temporal como mejor hemos creído. O podido.

Es curioso, pero también lo he comprobado con la lectura. Hasta marzo, coordinaba dos clubes de lectura en la biblioteca de Azuqueca (además de varios infantiles) y la reacción no pudo ser más diferente. El primero de ellos, formado por mujeres de más edad (no en vano conforman el primer club de lectura de Azuqueca, fundado hace ya más de 30 años), me pidió descansar al ver lo que se nos venía encima. Me dijeron se les hacía muy difícil concentrarse y que, aunque tenían más tiempo, les costaba mucho asimilar lo que leían.

Por el contrario, las mujeres del segundo de mis clubes, el de los viernes, no solo se disgustaron por no poder reunirnos y siguieron leyendo al mismo ritmo que antes (salvo alguna excepción contada) sino que me pidieron soluciones para paliar el desánimo que el no vernos les producía.

Así que se me ocurrió la idea de llevar las reuniones a lo virtual y, así, casi desde que comenzó el confinamiento, estuvimos viéndonos a través de vídeollamada una vez a la semana. Y lo mejor es que mantuvimos esta actividad hasta noviembre, justo hasta el momento en el que se retomaron los clubes presenciales en Azuqueca. Para ellas, la lectura había sido su tabla de salvación, su momento de placer entre tanto sufrimiento, la lucidez y la estabilidad en medio del caos. Y poder comentar esas lecturas, ese ratito de reunión con el grupo, había sido un alivio para la carga psicológica que sumó a nuestras vidas 2020.

Estos dos han sido los caminos que han seguido la mayoría de los lectores con los que he hablado sobre cómo les ha afectado la pandemia a la hora de leer. Y, aunque antes pueda haber hecho una asociación en este sentido, no es cierto que elegir uno u otro haya dependido de la edad. Cada lector y cada lectora ha tomado su propio rumbo y se ha sentido lejos o cerca de un libro dependiendo de sus circunstancias personales.

Para mí, 2020 ha sido un gran año lector. Pero respeto y comprendo a quienes no se han sentido con fuerzas ni para leer. ¿Y tú? ¿Has leído más o menos durante el año pasado? ¿Te afectado en el algo la Covid-19 a la hora de leer?

Nos seguimos leyendo.

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