Esther O. Corral del Rey

Hoy, el día 23 de abril se celebra en todo el mundo, el Día Internacional del Libro. Este día es un motivo para celebrar la importancia de la lectura, fomentar el crecimiento de las niñas y los niños como lectores y promover el amor a la literatura.

No obstante, no quiero dejar pasar esta ocasión para hablarles de la invisibilidad que aún sufren las mujeres dentro del sector editorial. Es común que en el ámbito intelectual se resalte más a los nombres masculinos que femeninos porque la desigualdad les deja a las mujeres un camino lleno de obstáculos y dificultades a la hora de incurrir en las ciencias, el arte o la literatura.

En la literatura existe un gran número de excelentes mujeres escritoras, ya sean novelistas, poetisas o cuentistas, pero como toda mujer ellas sufrieron por la falta de igualdad. Según la escritora Virginia Woolf “para la mayor parte de la historia, anónimo era una mujer” haciendo referencia a que las mujeres para lograr tener éxito en su carrera debían ocultar su identidad.

Algunas exponentes de la literatura como las hermanas Brönte vieron cambiar sus nombres por unos masculinos para que más lectores quisieran comprar sus libros. La autora de Mujercitas, Luisa May Aclcott, trabajo bajo el seudónimo de A. M. Barnard. La escritora de Mary Poppins, Pamela Lyndon Travers, tuvo que usar las siglas de su nombre para esconder el hecho de que era mujer.

Algunas personas pensarán que esto quedó en el pasado, pero incluso hoy en día existen mujeres escritoras que ocultan nombre femenino, como J.K. Rowling (cuyo nombre es Joanne) la cual también uso el seudónimo den Robert Galbrait.

Actualmente no vivimos el machismo recalcitrante que hace 100 años prohibía a Virginia Woolf entrar en una biblioteca (tal como cuenta en Una habitación propia), o tenía vetado el acceso de mujeres a la RAE (como criticaba Emilia Pardo Bazán). El machismo actual es más sutil: no bloquea la “calle de la escritura” para que no se pueda entrar, pero cuando la que accede es una mujer, esa calle, de repente, se torna cuesta arriba y sopla un viento huracanado que hace que muchas no lleguen al final. Es la razón por la que un Día de las Escritoras sigue siendo un necesario espacio de reivindicación que nos ayude a visibilizar a las escritoras y a reflexionar.

Los datos que el ISBN ha hecho públicos, gracias a la creación del Observatorio de Género del Ministerio de Cultura, indican que las editoriales publican el doble de obras de hombres que de mujeres. Entre los datos facilitados por Cultura también se indica que en los oficios vinculados a los libros hay mayoría aplastante de trabajadoras pero muy pocas en puestos de responsabilidad.

Cuatro razones, al menos, se cuentan como culpables de esta situación. Por un lado, a las mujeres se les publica menos. De acuerdo con los datos que el Ministerio de Cultura publicó el pasado año, la desigualdad dentro del sector literario es una realidad. También se reseña mucho menos a las mujeres. Por otra parte, leemos menos libros escritos por mujeres. Y no solamente por las razones anteriores, sino porque además existe el prejuicio de que los libros escritos por mujeres son “para mujeres” y solo tratan “ciertos temas”, usualmente identificados como “femeninos”. Por último, a las mujeres les cuesta más defender sus obras: Sería injusto atribuir toda la responsabilidad a la industria que rodea a la literatura, pues el machismo que impregna el mundo en el que vivimos también nos afecta a las propias escritoras desde todos los niveles. Es mucho más frecuente que una mujer se sienta insegura ante sus capacidades (es un fenómeno estudiado, el “confidence gender gap” o la brecha de género en la confianza). Hace un par de años, la tuitera @lulusintilde creó el meme “Quiérete como un señor” para intentar combatir el “síndrome del impostor” que nos suele afectar más a las mujeres. Y desde luego la menor presencia de mujeres en este ámbito (como “role models” a quienes seguir) no ayuda.

El sector editorial aún debe trabajar mucho por la igualdad y la visibilidad de las mujeres. Gracias a la lucha que desde hace mucho llevan a cabo las mujeres por sus derechos, por fin podemos descubrir a muchas escritoras que fueron borradas de la historia y del canon literario, denostadas, ninguneadas o silenciadas. Las mujeres escritoras han demostrado, además, por la calidad de sus obras, sus traducciones, su trabajo editorial y el reconocimiento que han adquirido en los últimos años, que la literatura escrita por mujeres es tan importante como la que escriben los hombres.

Sin embargo, las instituciones literarias siguen organizando y promoviendo espacios en los que la participación de mujeres aún es minoritaria o nula y, cuando se cuestiona, sus responsables recurren a una visión meritocrática falaz, en lugar de combatir desde dentro los privilegios masculinos, que los han llevado a cooptar los espacios por el simple hecho de ser autores hombres, buenos o malos, o de trabajar para ajustar esa desigualdad histórica que ha condenado a las mujeres a un lugar de subalternidad y silencio.

Por eso, en este Día del Libro es bueno que cada persona reflexione:¿Me estoy frenando a la hora de enviar mis libros a premios o editoriales?; ¿Estoy publicando o reseñando menos mujeres?; ¿Hay en mi biblioteca muchos menos libros escritos por autoras?.

Este es el día, y el mes, para empezar a marcar la diferencia.

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