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Resu Lorenzo (*)

Imagina por un instante: estás en el trabajo, con una carga laboral importante, y te comunican que tu suegra necesita ayuda y no hay nadie disponible que pueda ayudarle ¡excepto tú!. Te cabreas. Piensas que alternativas tienes: ¿No hago ni caso? ¿Digo que tengo demasiado trabajo y no podré ir? Reflexionas unos minutos, miras, otra vez ese mensaje en la pantalla de móvil, y al final lo piensas bien y decides ir.

“No os preocupéis me acerco yo”, contestas en el grupo de la familia. Vas, cuidas de tu suegra, te das cuenta que el día se ha perdido por completo, discutes con tu pareja porque no entiendes cómo es posible que hayas sido el único familiar, con tiempo para cuidar de su madre. Ha sido un pésimo día. ¿Cómo te lo tomarías si te pasara a ti? ¿Con una actitud positiva? ¿O actitud negativa, convirtiendo un mal día en una terrible semana? Si decidiste asistirla con una actitud positiva, fuiste amable y atento en todo momento, ¡vamos el perfecto caballero!. Tu pareja y su familia te lo agradecen y quedas como el héroe de la película. Una semana entre buena y mediocre, se acaba de convertir en una excelente semana, y todo gracias a tu actitud.

La vida nos pone a prueba constantemente, ya sea por decisiones del pasado o por circunstancias que no controlamos en el presente: enfermedad, la muerte de un ser querido, problemas económicos y laborales o una pandemia que nadie pudo prever. Estamos rodeados de dificultades que nos llevan al límite y nos hacen cuestionar si tenemos la fuerza, la voluntad, el carácter y amor propio suficiente para salir adelante. La actitud frente a los problemas es fundamental para superarlos, y puedes elegir, hacerlo de forma negativa o positiva. La actitud funciona como una llave. Si es positiva, tarde o temprano te abrirá muchas puertas. Si es negativa, te las cerrará.

El pesimista vive con un sentimiento constante de inferioridad, aunque no lo sepa. No se siente merecedor de los triunfos que consigue o considera que su éxito es fruto de la suerte, es más, a menudo piensa que la vida es un gran océano que lo lleva de un lado a otro. Para este tipo de personas la derrota comenzó en su mente, en su manera de pensar. Por ello, son tan importantes nuestros pensamientos, y su conversión en palabras bonitas para nosotros y para los demás.

Por el contrario, están las personas resilientes, aquellas que saben que después de la tormenta viene la calma. En cada momento difícil ven una oportunidad de crecimiento personal o profesional. Conozco grandes personas que son resilientes y grandes empresarios que no se achican ante la adversidad, ni ante la fatiga o cansancio de la pandemia, y que se enfrentan a los problemas y los superan, y ven cada obstáculo como un nuevo reto por superar. No es cuestión de controlar la situación, pero sí tus emociones.

Las dificultades siempre aparecerán a lo largo de la vida. Tú puedes decidir, la actitud: ¿positiva o negativa?

(*) Economista- gestora adtiva. Co-fundadora de Parlorenzo

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