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Lidia Casado

Me encanta ese pequeño diálogo que dice:

“-¿Y tú qué tomas para ser tan feliz?

-Decisiones”.

Me parece que es la pura verdad. Que solo tomando decisiones (y lo que ello conlleva: reflexionar sobre lo que realmente quieres, valorar las diferentes opciones y elegir – de forma clara, consciente y voluntaria- una de ellas) puedes sentir que las riendas de tu vida están en tus manos. O, lo que es lo mismo, que tu felicidad depende de ti mismo. Sin excusas ni justificaciones.

Pero soy consciente de que es muy difícil hacerlo. A veces, más de lo que nos parece. “Pero, Lidia… ¡si nos pasamos la vida tomando decisiones!”, me dirás. Y es verdad: desde el color del coche hasta si hoy llevo a cabo tal tarea o tal otra en el trabajo, nos pasamos el día tomando pequeñas decisiones.

Tanto es así, que a veces llegamos cansados de decidir y también nos gusta que decidan por nosotros. Por eso, por ejemplo, Netflix te ofrece sugerencias basadas en tus elecciones anteriores. O por eso, las redes sociales alimentan tu feed con publicaciones que creen que te van a interesar. Así, tú no tienes que pensar, no tienes que decidir. Solo sentarte y disfrutar.

Y me he dado cuenta de que a veces también ocurre con los libros. De hecho, me he encontrado con más de una y más de dos lectores que, entre las razones para asistir a un club de lectura, esgrimen la de “así no tengo que buscar libros. Me dan el trabajo hecho”.

También nos dejamos aconsejar por libreros, bibliotecarias, amigos, blogueras, videoblogueros, reseñas, revistas… y un largo sinfín de lectores que comparten con generosidad sus opiniones y consejos.

Y gracias a ellos he descubierto que sí, que tomar mis propias decisiones, elegir mis propios libros, me hace feliz. Pero que también lo soy si les hago caso, si sigo sus consejos. Y que, en esas ocasiones, surge un mágico vínculo (el que une a dos personas que no solo están de acuerdo en algo sino que, además, han compartido una experiencia gratificante) que tiende a mantenerse en el tiempo. ¡Qué cosas! ¿No?

Nos seguimos leyendo.

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