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Nacho Redondo

Alejandro Magno fue alumno de Aristóteles, quizás de ahí le vino el interés por la lectura o la medicina, no en vano se cuenta que examinaba en persona las heridas de sus soldados después de una batalla. Sin embargo resultaron claramente dispares sus ideas e ideales acerca de cómo debían configurarse las sociedades.

Alejandro imprimía motivación constante a sus tropas ya que se encontraban muy lejos de sus hogares y estaban constantemente en lucha conquistando terrenos. En una de las batallas en las que sus tropas estaban con la moral por los suelos Alejandro subió solo a la muralla de una ciudad para atacar y allí resultó herido.

Mientras que se recuperaba de las heridas crea una flota para explorar el río Indo y que sirviese también para embarcar suministros para sus hombres que estaban cansados, desalentados y exhaustos. Desde las naves pretendía dar cobertura a la parte de su ejército que iba por tierra. Su propósito era seguir conquistando territorios.

Avanzando por las áridas tierras era la falta de agua la que se convirtió en el verdadero enemigo de estas tropas. El hambre lo combatían con los caballos y mulas del propio ejército y los tesoros conquistados los utilizaban para hacer hogueras en las que calentarse en las frías noches.

Un soldado consiguió un casco lleno de agua para Alejandro quién derramó su contenido delante de sus tropas y pronunció la famosa frase «demasiado para uno solo, demasiado poco para todos«.

¿Era Alejandro un líder? El objetivo de un líder es conseguir que su equipo trabaje de manera efectiva y lo haga tanto de forma individual como teniendo en cuenta al resto. En ese momento en el que Alejandro es herido rápidamente tres de sus hombres más cercanos fueron en su ayuda y no obstante uno de ellos murió en su afán de salvarle.

Alejandro era consciente de que su ejército estaba compuesto por personas heterogéneas y cuyos intereses eran diferentes: unos querían regresar con sus familias, otros deseaban desarrollar su carrera militar junto al emperador, otros tendrían cualquier otra motivación. Y aquí Alejandro imprimía un sello propio estimulando el sentimiento de pertenencia, en caso de no hacerlo sería muy difícil conseguir que sus hombres siguiesen cumpliendo sus órdenes en la cantidad de batallas en las que participaban.

Un militar que era capaz de conducir a sus hombres a los lugares más recónditos y en los que las necesidades más primarias no se cubrían con facilidad y que gozaba de la admiración y respeto de sus hombres era, sin ninguna duda, un hombre con unas cualidades de liderazgo que bien podrían servirnos en el momento actual.

Alejandro era un líder que trataba con respeto a sus hombres y se preocupaba por las cosas que pasaban dentro de sus tropas. Tenía claro que debía ocuparse de los suyos y por eso para él resultaba primordial el aprovisionamiento de sus tropas y por ello escuchaba lo que sus hombres tenían que decirle. Aunque pudiese parecer que tenía un gran ego, estaba pendiente de lo que sucedía alrededor de sus hombres.

Era capaz de dirigir a personas de distinta condición y siempre estaba al lado de ellos, en todas las batallas estaba presente como uno más, siempre desde la dirección, pero uno más. Era un líder que buscaba primero la diplomacia antes de echarse encima de los que consideraba sus enemigos.

Alejandro imprimía respeto en sus hombres porque estaba siempre a su lado haciendo que su equipo fuese optimista por el resultado buscado, unido porque el líder facilitaba esa conexión y con la ambición suficiente de conseguir los objetivos que se proponían.

Una lección magistral de un personaje de la historia que resultó implacable pero que tenía sentido del humor, fascinaba a los que le conocían y tenía cierto éxito amatorio.

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