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Nacho Redondo

Estamos en unos de esos momentos en los que algún día que otro estaremos poco pendientes de lo que pasa en nuestros centros de trabajo. Quien más y quien menos tendrá, aunque sean unas horas, para desconectar del trabajo o de los quehaceres diarios de distinta índole. Sin embargo, la gran mayoría no podrá desconectar del todo del trabajo porque desacelerar de 100 a 0 en tan poco tiempo es una misión imposible para nuestro cerebro.

Esto es así porque en nuestro día a día nos ocurren situaciones que nos generan ansiedad y nuestra mente se defiende para mantenernos alerta. Entonces llegan los periodos vacacionales o de descanso y es imposible hacerlo, es más, parece que hacemos tantas cosas que acabamos realmente cansados.

No poder desconectar tiene efectos negativos en nuestro organismo y nos repercute de forma negativa en nuestra salud, tanto en la parte física como en la mental, lo que nos puede conducir a una baja autoestima e incluso a depresión.

Por estas razones es habitual ver en estos momentos discusiones y problemas en nuestras relaciones y es porque nuestro cuerpo no está consiguiendo descansar ya que nos ocupamos de un montón de cosas que nos mantienen terriblemente activos, mucho más que si estuviésemos trabajando.

Es por eso que nos encontramos con infinidad de recomendaciones para estos momentos vacacionales que nos hablan de planificación, de preparar listas con los que nos gustaría hacer, de organizar el tiempo para destinar algo al ocio personal o al resto de relaciones o que nos desconectemos de las plataformas que utilizamos habitualmente cuando estamos trabajando, incluyendo las redes sociales.

Como vengo escribiendo en otros artículos una de las claves para poder disfrutar de momentos de vacaciones es centrarnos en el presente, en pensar en las cosas que realmente me gustan y quiero hacer, incluyendo aquí con las personas que quiero estar. La mayoría de las ocasiones nos dejamos arrastrar por las circunstancias y no conseguimos desconectar porque nos tenemos que estar relacionando constantemente, además de generar tensión por casi todo.

Desconectar realmente nos aporta un montón de beneficios que debemos tener en cuenta como puede ser el bajar nuestro nivel de ansiedad reduciendo nuestra concentración de cortisol, hormona relacionada con el estrés. Desconectar nos ayuda a conectar con cosas que queremos hacer de forma creativa y también nos ayudará a mejorar nuestra autoestima, además de generar endorfinas, estimulando receptores especializados en el sistema nervioso central que nos produce sensación de bienestar.

Para conseguir todo esto es importante que no te encierres en los mismos escenarios y con los mismos actores. Cambia todos ellos e intenta estar y hacer con lo que realmente te apetece, no tengas más obligaciones que las necesarias y no te comprometas con cosas que no puedas cumplir.

Para mi cambiar de actividad o hacer deporte me permite una desconexión total, además de conectarme de forma muy especial con mis pensamientos, emociones, añoranzas e ilusiones. Es por eso que, en este caso y sin que sirva de precedente, sí te recomiendo que hagas un poco de deporte o es su caso leas un buen libro. Pon foco en algunas cosas que te cambian la inercia y te ayudan a relajarte realmente.

También es importante que descanses el cuerpo y la mente sin nada más, pero no te dediques a vegetar porque has salido de una fiesta o porque vas a ir a una. Descansa y desconecta pero siempre teniendo la vista puesta en el presente para poder disfrutar, de lo contrario será una losa difícil de transportar.

Para poder cumplir con todo esto que te estoy contando hay un movimiento que lo define realmente bien: slow life, es decir, una forma de vivir el día a día de nuestras vidas de una forma consciente y pausada, para lo que tienes que aprender a renunciar a aquello que no quieres. Este planteamiento nos permite disfrutar más de nuestro tiempo, en emplearlo en aquellas cosas que queremos hacer realmente y disfrutarlas.

En este ritmo de vida en el que priorizamos el trabajo, en el que consumimos sin reflexionar para qué lo hacemos o en no pararnos a pensar en las cosas que realmente nos importan, es prioritario que nos demos cuenta ahora y podamos tomar consciencia de ellas, que observemos las pequeñas cosas, que nos hagamos conscientes del momento presente, que disfrutemos de la naturaleza y que apreciemos también el silencio.

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