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Lidia Casado

Ayer celebramos el que para mí es uno de los días más importantes y más bonitos del año: el Día del Libro. No lo puedo evitar: siento una emoción especial cuando se acerca este día, me entra como un gusanillo por la barriga que me llena el estómago de mariposas. Sí, sé que se parece al enamoramiento. Pero es que eso es justo lo que yo siento por los libros.

Me gusta aprovechar este día para reflexionar sobre la importancia de los libros. Ahora estamos tan acostumbrados a ellos, que ya ni los valoramos. Pero en su momento, supusieron un antes y un después para la transmisión de la cultura, del saber y de la capacidad del ser humano para superarse.

De hecho, hubo un tiempo en que eran tan valiosos (intelectualmente pero también desde el punto de vista económico) que las bibliotecas los mantenían encadenados para que nadie se los llevara.

¿Te has parado a pensar en el proceso que conlleva fabricar un libro? Y no hablo de la época de los amanuenses y el scpritorium. No. Te hablo de hoy en día. Son muchos los y las profesionales implicados en que un libro salga adelante: quien lo escribe, lo revisa, lo edita, lo maqueta, diseña la portada, lo corrige, lo distribuye, lo vende… Hace unos meses leímos en el club de lectura un libro que hablaba sobre estos procesos (en el Siglo de Oro, no ahora) y nos llamó mucho la atención lo poco que pensábamos en cómo se hace algo que nos gusta tanto. (El libro, por si quieres echarle un ojo -que está muy bien- es “El taller de los libros prohibidos”, de Olalla García).

El caso es que en días como hoy me gusta valorar los libros por lo que nos ofrecen cuando los abrimos pero también por lo que son en sí. Por lo que cuesta sacarlos adelante pero también por los innumerables beneficios que nos originan cuando nos adentramos en ellos. Por las emociones que nos causan al vivirlos y por cómo crecemos cuando los cerramos, tras leerlos.

Porque valorarlos, en definitiva, es valorar nuestra cultura, nuestro saber, nuestra manera de comunicarnos. Valorarlos, pues, es valorarnos a nosotros mismos. Y a nuestras inmensas capacidades.

Nos seguimos leyendo.

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