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José María Bris Gallego

La declaración del Covid-19 o coronavirus, declarada como pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) el 11 de marzo de 2020, al extenderse los contagios por los cinco continentes con una virulencia y mortalidad que hasta ahora no había conocido la humanidad, y en España el “estado de alarma” decretado por el Gobierno en todo el país, con el confinamiento de los ciudadanos y la paralización y cierre de comercios e industrias tuvo y sigue teniendo unas consecuencias que afectaron al paro y como consecuencia de ello al incremento de la pobreza.

El coronavirus ha tenido una gran influencia en el cambio de nuestros hábitos sociales, el contacto con la familia y con los amigos ha sufrido fuertes restricciones y la mascarilla obligatoria o no nos está convirtiendo en personajes sin personalidad, al no ver la expresión completa de nuestros rostros, preguntándonos el porqué hemos llegado a esta situación y cuando llegara el final de esta auténtica pesadilla.

Los virólogos hablan de olas de contagio, ya han pasado cinco, que pueden venir otras, pero con un rayo de esperanza dentro del caos que vivimos, profetizan que no serán de tanta gravedad como las anteriores.

Las vacunas han sido un importante medio de la lucha contra el coronavirus, pero al estar el mismo extendido por todo el universo, es importante que el número de personas vacunadas en cada uno de los cinco continentes sea parecido, pues en caso contrario pueden aparecer mutaciones que nos hagan volver al origen.

En África solo han recibido la mayoría la primera dosis el 6% de la población, Europa ha pasado ya del 70%, en España nos acercamos al 76% con toda la pauta de las dos dosis, en Hispano-América el 58% ya ha sido vacunado, en Estados Unidos el 56%, en Asia el 49% y en Oceanía el 44%.

Los contagios están comenzando a desaparecer, pero la pobreza ha crecido en nuestro país debido al paro que se ha producido; en febrero de 2020, antes del estado de alarma había 3.253.850 personas en desempleo el 13,6%, al iniciarse el estado de alarma tuvieron que acogerse a un ERTE (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) 755.613 personas, en el ERTE el Estado paga las prestaciones de los acogidos a él, por lo que el número de ciudadanos que recibían dinero de las arcas públicas ascendió en esas fechas a 3.978.385, cifra que fue aumentando con el paro que siguió produciéndose en los meses siguientes, llegando el desempleo sin contar a las personas en ERTE en septiembre de 1920 al 16,5%.

En este año España se ha ido recuperando, el número de las personas en paro en el mes de agosto era de 3.333. 951 personas y las acogidas al ERTE habían descendido hasta 272.190 siendo la tasa de paro del 14,3%, la más alta de Europa después de la de Grecia el 14,6%.

Tambien en ese mes hemos conocido un dato esperanzador , la afiliaciòn a la Seguridad Social que es la principal financiación de las pensiones era en febrero de 2020 de 19.250.229 cotizantes , habiendo crecido hasta los 19.477.505 personas.

Pero por desgracia la pobreza en nuestro país ha crecido a niveles alarmantes, el 7% de la población, más de 3 millones de habitantes, padecen de “pobreza severa”, antes de la pandemia era del 3,3%, más un millón de personas esperan cada día en las colas para recoger comida en las instituciones existentes o creadas para ello, siendo el quinto país de Europa con más pobreza.

Es de esperar que con las ayudas de Europa y la puesta en marcha de las actividades productivas, esos porcentajes disminuyan y una gran parte de la sociedad española recupere los niveles de ingresos que les permitan ver el futuro con esperanza.

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