• Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Opinión

Antonio Marco Martínez

Las “Saturnales” eran unas fiestas romanas que se celebraban por estas fechas de final de un año y comienzo del siguiente en la antigua Roma y que durante dos milenios han prestado numerosos elementos a nuestra fiesta de Navidad, entre ellos la costumbre todavía mantenida de hacer regalos a familiares y amigos. Manteniendo esa costumbre, un buen amigo tuvo el acierto de regalarme el libro del filólogo y escritor catalán Jordi Amat “El hijo del chófer” (Tusquets, Barcelona, noviembre 2020), que está teniendo notable éxito. Estos regalos son especialmente agradecidos en tiempos de semiconfinamiento.

Al hilo de la biografía atormentada y tortuosa del periodista Alfons Quintà, nos va informando Amat de cómo se fue reconstruyendo el catalanismo en la época democrática, en la “Transición”, tras la muerte del dictador, en el escenario catalán y español. Es un libro, pues, de obligada lectura para todo aquel que esté interesado en las relaciones Cataluña/España, que tanta preocupación han generado y siguen generando en los últimos tiempos, especialmente en los últimos tres años. Desde luego su lectura sería especialmente urgente para los sectores nacionalistas catalanes, precisamente porque parece una obligación de cualquier individuo conocer sus propios orígenes. Me temo que pocos serán los nacionalistas catalanes que lo lean y menos los que acepten lo que en el libro se relata con notable documentación, porque muchos conocían lo que se relata y han callado ellos mismos y trabajado para acallar a otros.

Alfons Quintà (1943-2016) fue un prestigioso y problemático periodista que creció desde niño en el entorno de Josep Pla, considerado por algunos el autor catalán más importante en prosa de época contemporánea (escribió también en castellano), que jugó un papel muy importante en el proceso de identificación catalana, aunque terminó rechazado por el nacionalismo catalán antifranquista que no le perdonó su colaboración y convivencia pacífica con Franco.

El padre de Alfons Quintà fue durante muchos años amigo, confidente y el chófer de Pla. La relación de Alfons, desde niño, con Pla le permitió entrar en contacto desde muy joven con la intelectualidad catalana y con las fuerzas económicas, financieras e industriales de Cataluña, que como es costumbre general son los dueños de los medios de comunicación. Aimat nos va relatando la atormentada biografía de quien llegó a ser el primer delegado del periódico “El País” en Cataluña, que destapó el caso de Banca Catalana, el banco de Jordi Pujol, y el primer Director General y en gran medida creador de la Televisión autonómica catalana TV3.

¿Cómo fue posible que quien con más saña y contundencia golpeaba a Pujol donde más le dolía fuera el elegido por el mismo Pujol, Presidente de la Generalitat, para poner en marcha la televisión autonómica? Esta y otras muchas cosas escalofriantes, fruto de un gran trabajo de investigación, son las que Aimat nos relata con maestría literaria, que seduce desde la primera página como si de una novela policiaca se tratara. Pero “El hijo del chófer” no es una obra de ficción, no es una novela. Es una biografía de una persona importante en el mundo de la prensa, una persona ambiciosa, atormentada y maligna. Ahora bien, no es una biografía al uso, hecha sin más del relato continuo de asépticos episodios , sino que, con un compromiso ético y político manifiesto, pretende informar y concienciar a los ciudadanos, como el mismo Aimat nos dice. Así nos vamos enterando de las ambiciones, complejos, traumas, fobias, odios y miserias del periodista, pero también de las cloacas del poder político y financiero catalán y español y del poder de la prensa tan determinante, el cuarto poder, todo ello generalmente oculto al ciudadano. Aimat va cruzando y entrelazando los datos de la vida de Alfons Quintà con los intereses de la política, la banca y el periodismo en un relato trepidante que engancha desde el primer momento.

El caso de Banca Catalana podía haber cambiado la historia reciente de Cataluña y su relación con el resto de España. Aimat nos ayuda a comprender lo que pasó, cómo tras su destape quedó inactivo el escándalo, por qué ni las fuerzas políticas, incluido el gobierno español, ni la misma justicia fue más lejos, por qué se cerró en falso y cómo se afianzó un nacionalismo y unos nacionalistas que tan mal servicio han prestado a los ciudadanos no solo de Cataluña sino del resto de España y tantas tensiones han generado. Pero las cosas fueron por otros derroteros y así nos vemos.

Comienza Aimat su obra con una cita desmoralizadora de una carta de Josep Pla al importante historiador catalán Jaume Vicens Vives: “En este aspecto está la clave de nuestra vieja discusión: ¿por qué en nuestro país nadie dice la verdad?”. La frase es demoledora, porque si nadie dice la verdad, especialmente políticos y financieros, también los periodistas, las fuerzas vivas, ¿cómo podrá informarse una sociedad ignorante que necesita conocer la verdad para participar en una sociedad verdaderamente democrática?

Y acaba con otra reflexión no menos inquietante: “Escribir esta narración de hechos reales no ha sido agradable… He acabado por convencerme de que contar lo que explico es moralmente discutible, pero al mismo tiempo moralmente necesario. Se trataba de buscar la verdad oscura que el poder esconde para perpetuarse. Intentar encontrarla es experimentar el riesgo traumático y redentor de la libertad”.

Claro está que si se trata de “buscar la verdad oscura que el poder esconde”, tienen los buenos periodistas una tarea enorme que llevar a cabo. ¿Acaso no ha habido otros casos de corrupción manifiesta y connivencia entre el poder político y financiero y la prensa, también de gran transcendencia, en otros muchos puntos de España? Apenas si vamos conociendo ahora, muchos años después, detalles de algunos casos, (los de Madrid o Valencia son especialmente relevantes), tanto de financieros y políticos (algunos han conocido la cárcel) como de periodistas y medios de comunicación en estrecha connivencia y promiscuidad. Pero, ¿son todos los que hubo? ¿son esas las únicas verdades ocultas del poder? Pienso, como la mayoría de los ciudadanos conscientes y preocupados, que apenas si conocemos la punta del iceberg, entre otras cosas porque nos cuentan poco y de lo que nos cuentan, a su vez, poco es verdad, aunque sean numerosos los libros publicados sobre la historia política de la Transición. Es cierto que tenemos, por otra parte, abundancia de tertulianos y opinadores, han crecido como setas en la hojarasca boscosa de los Mass Media, pero no estamos precisamente sobrados de periodistas, analistas y politólogos de calidad. Sean pues bienvenidos profesionales de la información que, como Jordi Aimat, sin pretensiones literarias creativas e imaginativas de conversaciones y situaciones sin documentar, investiguen mucho y a fondo, se atengan a los hechos y a pesar del “riesgo traumático” lleguen a experimentar también el “riesgo redentor de la libertad”.

Compartir en Redes sociales