• Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:Opinión

Nacho Redondo

El Decano

En muchas de mis conversaciones con amigos y clientes sale la pregunta de cómo nos gustaría que nos recordasen y de si tenemos claro qué es lo que estamos haciendo para que se quede para el resto de los días a modo de legado.

En este momento es cuando surgen las preguntas de ¿para qué te levantas todos los días? o de ¿estás trabajando en lo que realmente te gusta? o también, ¿estás enfocado a tus objetivos de forma constante? y la mejor de todas ¿cómo te gustaría que te recordásemos cuando ya no estés?

Espero que estas preguntas que acabo de formular estén resonando en tu cabeza y te hayas puesto a pensar en ellas. Me gustaría que empezases a pensar en las respuestas que tienes para estas preguntas. Si necesitas alguna más no dudes en pedírmelas.

También me gustaría que hicieses una reflexión acerca de cuando tienes claro de qué es lo que tienes que hacer en tus días normales si piensas mucho en ti mismo o si, por el contrario, haces casi todo de forma automática. Te recuerdo que eres lo más importante.

Cuántas veces arriesgas para conseguir cosas nuevas o cuantas veces te resignas pensando que ya es tarde para cambiar o que estás cansado. Y cuántas veces piensas en estas cuestiones que hoy te estoy planteando para ver cómo de claro tienes lo que quieres hacer durante tu vida.

La falta de estímulos y de objetivos nos llevan al desaliento y a conformarnos con una vida ciertamente monótona que no va a suponer mucho. Es la sensación de vivir con lo que tenemos y resignados con lo que nos sucede, perdiéndonos la improvisación y otras que podemos buscar por nosotros mismos.

Para este cambio en la forma de vivir es necesaria una dosis inmensa de humildad porque hay que renovarse y aprender muchas cosas nuevas y desde distintos puntos de vista. Ya no vale eso de “es que siempre he sido así” porque hay que enfocarse en aprender, en pensar en lo que pasa en vez de en lo que pasaría. Debemos crear revoluciones personales de forma constante para cambiar nuestra forma de estar en el mundo.

Y debemos pensar en nuestro legado, en eso que nos gustaría que se mantuviese de generación en generación recordando algo de lo que hemos hecho en nuestra vida. Por tanto, es un buen momento para empezar a vivir en vez de sobrevivir.

Durante muchos años estamos en modo de supervivencia haciendo todos los días “lo de todos los días”, sin pensar en la cantidad de oportunidades que nos brindan esos días. De hecho, puedes hacer cuentas, por ejemplo, de con cuántas personas te relacionas todos los días, ya sean conocidas por ti o no.

Es hora de pensar en cómo queremos hacer las cosas de aquí en adelante, independientemente de las que acontecen en nuestras vidas de forma natural. Porque ya lo sabemos, la vida en demasiadas ocasiones nos viene de lado y nos provoca desaliento, tristeza y cansancio. Pero tenemos la oportunidad de sobreponernos y seguir adelante, pensando en el legado que nos gustaría se quedase.

Desde esta nueva visión seremos capaces de construir un futuro que nos cambiará la forma de mirarlo y, sobretodo, de vivirlo, avanzando hacia algo nuevo, seguramente con imprevistos, pero que nos hará que seamos capaces de disfrutar la vida desde otro punto de vista.

Todo esto del legado tiene que ver con aceptarnos tal y cómo somos y aprender de nosotros mismos para convertirnos en aquello que realmente queremos ser y de mejorar constantemente. Tiene que ver con darle valor a tu vida, a tus pasiones y a tus sueños, de tal manera que seas capaz de conformar los objetivos que tienes en mente desde hace tiempo, pero que todavía no te has puesto a trabajar en ello.

Es el momento de poner límites a aquello que no nos aporta para dar pasos de gigante y construir aquello por lo que nos gustaría ser recordado. Es momento de construir nuestro legado y de disfrutar cambiando algunos renglones pensando siempre en hacerlo desde el amor, el respeto, la gratitud y la esperanza.

Compartir en Redes sociales