Hoy se celebra el Día del Libro y desde ‘El Decano’ hablamos con Estrella Ortiz, escritora y narradora oral

Carmen Ibáñez

«Si yo fuese un libro me gustaría oírle decir a alguien ‘Este libro cambió mi vida'»

Siempre se ha dicho que no hay nada como un buen libro para convertir a alguien en un gran lector, en un loco de los libros, porque entre sus hojas encontramos un refugio que solo pueden aportar las palabras. Historias que se sienten, que huelen y te teletransportan.

Pero no solo la escritura tiene el poder de recrear historias, hay personas que lo consiguen poniéndose encima de un escenario y contándote una historia, o en este caso, un cuento.

Porque Guadalajara es la ciudad de los cuentos y una de sus impulsoras es Estrella Ortiz; escritora, narradora oral, una bruja de cuento » pero de las buenas», y hasta ‘dirige’ una orquesta con el Coro Poético y Peripatético. Porque como dice la escritora «el mundo mejor empieza con una bonita historia y las palabras son música».

¿Cómo son sus inicios como narradora oral? ¿El enamoramiento por los cuentos surge durante la infancia o de adulta?

Yo lo que he sido siempre es lectora. La lectura siempre me ha encantado y ha sido el principio de todo, lo que le ha dado sentido a mi vida hasta la fecha. El tema de la narración oral, cuando yo empecé, podría decirte que ni siquiera existía el oficio como tal.

Fue una propuesta que nos hizo Blanca Calvo, que entonces era la directora de la Biblioteca Pública, ella quería hacer una actividad de animación a la lectura y era a través de un mediador. Entonces se conocían como casos aislados de un librero que contaba cuentos, como en Cataluña o Asturias: un animador socio-cultural. Pero lo que era la figura del cuentacuentos ni siquiera existía y cuando nos lo propuso a la compañía ‘Fuegos Fatuos’, a mi me gustó mucho la idea porque era muy forofa de leer, encajaba perfecto.

En ese momento además mi hijo tenía un año y pensé: «Qué bien, voy a aprender más cuentos para contárselos a mi hijo». No sabía que ahí iba a empezar todo el ‘lío’, todo el feliz ‘follón’. Para mí fue como vivir una segunda infancia lectora, porque en la colaboración con Blanca Calvo, ella como bibliotecaria, me inició en todos los libros fantásticos que había para niños y niñas.

Porque en ese momento, hablamos de principios de los años 80, también se estaba viviendo a nivel de publicaciones un ‘boom’. Había estado todo detenido por la situación política y el país estaba menos abierto a todas las novedades de literatura infantil y juvenil, entonces en esos primeros años es cuando empezó a publicarse cosas del extranjero de gente muy interesante.

Su álter ego es ‘Rotundifolia’, me genera muchísima curiosidad la elección de este nombre

Yo soy maestra, pero nunca llegué a ejercer porque tuve la llamada del teatro con la Escuela Municipal aquí en Guadalajara, que había una en los años 70. Empecé con el teatro, estuve en arte dramático y cuando Blanca me propuso esto, yo ya tenía una mentalidad de teatro. Como nunca había visto a nadie profesional contar cuentos, pensé «Me tengo que pensar un personaje», pero a la vez un personaje que me deje contar, que no condicione mucho la narración. Me gustaba la idea de que fuese una bruja, como personaje de cuento, pero a la vez me gustaba que fuese una bruja buena.

Eso fue el personaje como tal, el nombre fue más fortuito: en ese momento yo le estaba dando un medicamento para la tos a mi hijo, y era un extracto entre otros componentes de una planta que se llama ‘drosera rotundifolia’. Fue mirando el prospecto del jarabe cuando vi el nombre y me parecía rotundo, ‘folia’ relacionado con las hojas de los libros, un nombre difícil de aprender pero también difícil de olvidar. Un nombre genérico de botánica.

«Tenemos un poco esa idea de que el cuento es para niños, pero gracias a iniciativas como el Maratón se consigue que el público vaya a escuchar cuentos para sus niños y a nivel particular»

De pequeña quería ser directora de orquesta ¿Lo ha conseguido con el Coro Poético y Peripatético?

Ha sido una última faceta de estos años muy gustosa, que se ha visto interrumpida de alguna manera por la situación que estamos viviendo. Este coro sobre todo, está centrado en la poesía, la inspiración fue el teatro clásico, lo que sería el corifeo. Es un proyecto en el que mucha gente se ha dejado dirigir y ha sido como una sensación de jugar, de inventar algo que me parece que es muy bonito.

El coro implica comunidad, se puede apuntar cualquiera y no hace falta que sepas cantar. Es poético porque es más fácil conjuntarse, porque la poesía tiene una música que no tiene la prosa, y es peripatético porque lo cogí de la Escuela Peripatética de Aristóteles que en realidad aprendían paseando. El objetivo del coro sigue siendo acercar a la gente la poesía y la literatura, porque como dijo García Lorca «La poesía anda por las calles». Es una demostración práctica de que esto es real.

Con este coro pasa una cosa muy curiosa y es que la gente piensa que cantamos, es muy gracioso porque no sé qué tipo de efecto produce, porque la gente piensa que cantamos. De hecho nos ha pasado alguna vez que alguien se ha apuntado y luego se han quedado estupefactos porque no cantamos. Cuando esto ha pasado me parece muy bello, porque es esa música de la palabra.

Coro Poético y Peripatético recitan en el acto de presentación de la exposición ‘La poesía anda por las calles’

«El objetivo del Coro ‘Poético y Peripatético’ sigue siendo acercar a la gente la poesía y la literatura»

La cita ineludible de la ciudad y de la que es una de las impulsadoras: el Maratón de Cuentos ¿Qué significa para usted?

He tenido la grandísima suerte de haber sido una de las inventoras, que también con Blanca siendo alcaldesa salió el proyecto y era lo mismo: llevar los cuentos a la calle y a la gente. Conseguir imaginar una fiesta pero que fuese cultural, era lo que más nos movía, porque muchas veces asociamos la fiesta a otras cosas, más de ocio, pero las personas que creemos en la cultura realmente también produce un disfrute.

Es una gran satisfacción y esto forma parte de mí, el ver que desde el primer momento toda la ciudad se volcó y lo tomó como suyo, que es como realmente es.

Con el Maratón de Cuentos llegáis a un público tanto infantil, juvenil como adulto ¿Perdemos un poco la magia de los cuentos al llegar a la edad adulta?

Yo creo que la palabra ‘cuento’ tradicionalmente en esta época que vivimos lleva la imagen de la infancia. Pero no ha sido así siempre, porque en la antigüedad los cuentos en realidad eran más bien de mayores, y los niños se quedaban por ahí haciéndose los invisibles sobre lo que hablaban los mayores.

Esa literatura infantil es relativamente moderna, en la actualidad tenemos un poco esa idea de que el cuento es para niños, pero gracias a iniciativas como el Maratón de los Cuentos y otras muchas, como cuando empezó a profesionalizarse a nivel de todo el Estado, se consigue con creces que el público vaya a escuchar cuentos para sus niños y a nivel particular para él o ella.

Hablando de públicos específicos, usted tiene uno muy concreto que es el público bebé ¿Cómo es contar para este público en concreto?

Es bastante emocionante y ahí sí hay que trabajar desde la idea de la música, de las palabras porque el bebé recibe el lenguaje como sonido, como intención, contacto, como una caricia. Cuando las personas adultas tratamos a los bebés, se da por hecho que no entiende, pero lo que sí que está percibiendo es el cariño de la persona y se está iniciando en el lenguaje.

Partiendo de eso, es trabajar con ese primer sentido que tiene la palabra. Es algo bonito porque es un público que siempre viene acompañado y haces un trabajo por partida doble: por un lado el disfrute para el bebé, pero por el otro ejerce un efecto de llamada, que es extender tu labor. Ese público adulto de alguna manera le tocas una campanilla dentro de su memoria y recuerdan las canciones. Esa parte divulgativa es muy importante para mí porque da mucho sentido a mi trabajo.

Hay que captar el interés por partida doble ¿Es el público más complicado?

La dificultad está más bien en que te veas o no haciéndolo. A mí me parece más difícil contar para jóvenes y sin embargo estoy segura de que algún colega que cuente para ellos se quedaría espantado de tener una pandilla de bebés a los que contar. Hay como una predisposición también dentro de lo que es la vocación y yo no le veo la dificultad, sé que es diferente pero en realidad es como tratar a los adultos como si fuesen los niños.

«Para mí este trabajo como escritora y como narradora oral me resulta apasionante»

¿Se puede demostrar la misma pasión escribiendo que contando?

Es diferente pasión. Realmente las personas que no se dedican a la palabra igual no es algo que lo han pensado directamente, hay una gran diferencia entre lo que es la palabra escrita que la hablada. Estamos muy habituados en nuestro mundo a la escritura, pero verdaderamente nuestra vida discurre en lo hablado.

Todas las relaciones familiares, íntimas, de amistad, de enseñanza… La mayoría son habladas porque esa persuasión y conjunción entre lo que es el cuerpo con la gestualidad y la entonación, es una palabra que tiene cuerpo. Y a la vez es una palabra que se la lleva el viento, son las dos cosas.

Sin embargo la palabra escrita es todo lo contrario, se queda fija y es una palabra que no está apoyada por el propio cuerpo de quien lo escribe. Es decir, tiene que ser muchísimo más precisa porque tiene menos herramientas, solo tiene la escritura. Eso hace que sea una manifestación diferente. Para mí este trabajo como escritora y como narradora oral, me resulta apasionante.

Una historia escrita que luego se cuenta frente a un público entonces puede tener múltiples facetas

Totalmente, porque además de todas las características de estos instrumentos que tienes: la entonación, el contacto directo, visual… Además de eso está la intención. La escritura tiene que ser muy precisa para que quede clara, como pasa con la ironía. Sin embargo, cuando tú lo estás diciendo de viva voz o con los finales abiertos hay muchísimas maneras de hacerlo.

Yo creo que tengo el regalo de que puedo vivir esos dos viajes de ida y de vuelta, porque cuando me he inventado un cuento para contarlo oralmente y cuando se ha publicado de forma escrita, he tenido que volver a cambiarlo porque ya no era el mismo.

Una historia puede ser diferente según la persona que lo cuenta y eso es muy bonito.

Pregunta complicada ¿Su libro imprescindible?

‘La luna. Símbolo de transformación’, de Jules Cashford, de ediciones Atalanta. Es un estudio de todos los mitos del mundo relacionados con la luna, como yo me llamo Estrella, la cabra tira al monte. Este libro sí me lo podría llevar a una isla desierta, que con un amigo lo llegué a pesar y es bastante gordo y tendría para bastantes días.

Otro libro más ligero y muy bonito es ‘Si yo fuese un libro’ de formato tipo álbum, de la editorial Juventud. Para que te hagas una idea de lo que puedes encontrar dentro: «Si yo fuese un libro te diría a quien me encontrase en la calle que me llevase a su casa con él» o «Si yo fuese un libro compartiría con mis lectores los secretos más antiguos y ocultos». Va diciendo todo esto y las ilustraciones son muy bonitas, el autor es un escritor poeta portugués muy reconocido en Portugal.

Si tuviese que convertirse en el personaje de un cuento ¿Cuál sería?

Mary Poppins. Tenemos la idea de que es la película de Walt Disney, pero da la casualidad de que está basada en libros, por lo menos nueve o diez. Es una institutriz que cuenta historias, presenta mundos mágicos… Y además aparece y desaparece con el viento con un simple paraguas ¿Qué más se puede pedir?.

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