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Antonio Marco

El pasado día 6 de abril se presentaba en la Biblioteca Pública de Guadalajara el interesante libro “El movimiento obrero en Guadalajara. (1854-1939)”, obra del autor Enrique Alejandre Torija sobre un tema al que lleva dedicados más de doce años. El autor ha elegido el espacio entre dos fechas significativas de la Historia Contemporánea de España: comienza en 1854, año convulso en el que parece implantarse definitivamente el moderno capitalismo y en el que tuvo lugar la llamada “revolución de 1854”, movimiento liberal que no cuajó, en la que intervienen masas depauperadas y hambrientas de obreros en el campo y en las ciudades (recuérdese que el famoso Manifiesto Comunista de Marx Engels se había publicado apenas seis años antes, en 1848) y termina en 1939, final de la Guerra Civil, consecuencia del golpe de estado que acaudilla el general Franco, que instauró una larga dictadura en España. Precisamente fue en Hiendelaencina donde los trabajadores de las minas de plata recientemente puestas en explotación llevaron a cabo la primera acción revolucionaria de Guadalajara en 1854, inmediatamente reprimida.

Gran parte de la población actual española, sobre todo los jóvenes, probablemente no son ni muy conocedores ni muy conscientes de lo que ha supuesto la larga lucha de “los obreros” desde el inicio de la Revolución Industrial y sus condiciones de cuasi esclavitud hasta nuestros días para conseguir unas condiciones de trabajo y de vida social digna como las que hoy se disfrutan en los llamados “estados de bienestar”.

Ese intenso y próximo periodo está muy estudiado a nivel general en todo el mundo, también en España. Lo que no son tan frecuentes son estudios referidos a un área más reducida, a un región o provincia o comarca o localidad. Es por eso muy meritorio el esfuerzo investigador y de estudio de fuentes de todo tipo que ha llevado a cabo Enrique Alejandre para darnos una visión concreta de la provincia de Guadalajara, enmarcándola en el contexto general pero aportando notables hallazgos locales, Hiendelaencina, Sigüenza, Setiles, Marchamalo, la propia Guadalajara, etc., que sorprenderán a sus lectores alcarreños, y reflexiones adecuadas. Los archivos, documentación, fuentes utilizadas son muchos y pacientemente bien trabajados durante doce años por este investigador incansable, como se reflejan en los índices correspondientes.

Enrique Alejandre, ahora felizmente jubilado de sus tareas como funcionario del Imserso, no es un historiador académico al uso, sino un historiador militante también de Izquierda Revolucionaria y miembro de la Asociación Cultural Federico Engels, desde joven interesado y comprometido con los movimientos sociales y obreros de “izquierdas”. Ese compromiso le ha movido a estudiar con ahínco y seriedad profesional los movimientos obreros en el mundo moderno y actual en Guadalajara. Esta militancia queda sin duda reflejada en el enfoque, planteamientos y terminología de su estudio, pero no desmerecen un ápice de la objetividad e interés histórico de su obra, que deben conocer quienes estén interesados en esta cuestión y su desarrollo detallado en territorios concretos, en este caso nuestra provincia de Guadalajara. Esta que ahora presenta no es, por lo demás sino la ampliación de la publicada con anterioridad: El movimiento obrero en Guadalajara (1868-1939) a la que ha incorporado sus constantes investigaciones hasta alcanzar quinientas páginas de un libro muy bien editado de fácil lectura. Es autor también de Guadalajara, 1719-1823. Un siglo conflictivo.

La lucha de los obreros por conseguir unas condiciones de trabajo dignas y justas es una de las cuestiones de mayor interés para comprender cómo se ha de conformar una sociedad de hombres libres y dueños de sí mismos, no “alienados”, y por tanto de importancia verdaderamente esencial que a todos nos debería interesar. Son numerosas las ideas, visiones y cosmovisiones que sobre la sociedad y sus formas han existido y existen entre los ciudadanos, a veces absolutamente contradictorias y antagónicas entre sí. Algunas cuestiones tan importantes como la “democracia” y la estructura de los estados y sus gobiernos ya las plantearon los griegos, teórica y prácticamente hace más de mil quinientos años. Enrique Alejandre tiene una visión y un método heredados directamente del socialismo revolucionario y materialismo de Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky, visión hoy en clara minoría absolutamente injustificada en los cenáculos académicos y económicos en los que prácticamente ha desaparecido, cuando lo que parece triunfar de manera absoluta es un neoliberalismo descarnado e insensible con el hombre y sus necesidades vitales y sociales. También el marxismo necesita, evidentemente, una clara modernización, pero desde mi punto de vista, al margen de las posiciones personales que cada uno tengamos, se merecen todo el respeto y valoración positiva personas que siguen defendiendo con total convicción y seriedad la necesidad de una sociedad más justa e igualitaria, en la que la riqueza escandalosa y el bienestar de unos pocos no se fundamente en la explotación y maltrato de la mayoría y siguen manteniendo la ilusión de una sociedad sin clases. Los métodos y premura para conseguirlo es sin duda la cuestión que ha dividido a los socialistas de todos los tiempos.

En todo caso resultaría imposible no reconocer los méritos de un trabajo detallado de estudio de fuentes y documentos cuyo único objetivo es intentar presentar cómo fueron las luchas y reivindicaciones de muchas generaciones de obreros y trabajadores que nos precedieron hasta conseguir lo que hoy tenemos, nunca firme y seguro, siempre en permanente tensión con la otra parte constitutiva del mundo económico, el capital.

Por eso son doblemente valiosos y necesarios trabajos como el de Enrique Alejandre Torija, porque del conocimiento del pasado próximo podremos extraer la enseñanza de lo débiles, y también todavía insuficientes, que son los logros conseguidos en la lucha entre capital y trabajo y de los esfuerzos necesarios, (Enrique Alejandre probablemente diría “la lucha”), que hay que seguir haciendo para avanzar y no retroceder, porque las dos cosas son posibles, como nos muestra la realidad de los países y sociedades del mundo actual.

Enrique Alejandre Torija, El movimiento obrero en Guadalajara (1854-1939). 2020. Publicado y distribuido por la Asociación Cultural Federico Engels de Guadalajara.

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