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Nacho Redondo

Desde hace siglos el propósito del ser humano es alcanzar la felicidad desde la nobleza que le infiere la propia condición humana haciéndose responsables de las propias decisiones, para lo que es necesario convertirse en un observador distinto de las situaciones que vives. En este camino de la reflexión nos encontramos con un supuesto caos que no acertamos a entender pero que, como dice la filosofía china, todo influye en el resto, todas las fuerzas caben y todo cumple su papel, lo único que hay que hacer es aceptar y reconocer el cambio.

Nos cuesta entender que lo único que es eterno en nuestro mundo es precisamente el cambio, porque todo cambia, todo avanza como el agua de un río que siempre está en movimiento. Por eso resulta tan importante entender que las cosas se modifican, que algunas no son para siempre, que mutan y se reconvierten.

Si nos fijamos en la naturaleza vemos claramente que el cambio está permanentemente produciéndose y que ésta es capaz de adaptarse a cada una de las circunstancias, sean estas las que sean, para alcanzar cierta armonía que suponga la supervivencia.

Y es que vivimos encadenados en nuestra caverna particular como ya señalaba Platón donde vemos la realidad que está siendo sin entender los cambios que se van produciendo. Como en el propio Mito de la Caverna si alguien decide cambiar de decisión o adaptarse a los cambios que se están produciendo, intentando salir de la caverna, hasta la luz del sol le molestaría tanto que querría volver a la zona oscura, siendo en ese momento percibido con menosprecio por los que se quedaron. Es la simbología de la vida misma en cuanto tomamos la decisión de cambiar o de contribuir a los cambios que se producen a nuestro alrededor. 

Constantemente le ponemos filtros a la vida que nos dificultan distinguir el propósito de las cosas que nos pasan, decimos, pensamos o sentimos. Con estos filtros queremos validar a los demás y que nos validen, pensar que las cosas solo pueden pasar de una forma y que los mismos nos impidan reconocer los cambios que por el mero hecho de estar en el mundo tienen que producirse.

Buscar en nuestras emociones, en nuestros sentimientos, la manera de sacar lo mejor de cada uno es algo que tiene que ver precisamente con el cambio. Y el cambio no puede llevar a la destrucción de emociones, el propio cambio debe llevarnos al aprendizaje de entender que hay otras formas para hacer las cosas y otras formas de hacer en la vida.

Hay que entender y poner en práctica el buen hacer y la buena voluntad para relacionarnos de mejor manera con los demás y para poder entender los cambios, porque la vida en si misma solo adquiere sentido a través de los propios movimientos como nos pasa cuando buscamos acción en nuestros trabajos, en nuestro deporte o en cualquier otra actividad que, o provocamos cambios o acabarán aburriéndonos.

Resulta importante, entonces, entender que cada suceso es individual y distinto de los demás, por lo que debemos abandonar las comparaciones para otorgarles el lugar que a todo le corresponde. Todas las situaciones se pueden abordar de manera distinta, lo que sucede es que debemos prepararnos para poder incorporar distintas visiones y ser capaces de entender la posibilidad de distintos resultados.

Existe una palabra japonesa que viene a definir el paso de la luz a través de los árboles y sus hojas produciendo sombras. Esta es komorebi y describe ese juego de luces y sombras que produce el sol en esta situación. Es la emoción de la luz que se refleja a través de las sombras que se van consiguiendo, que son todas diferentes por el efecto del movimiento propios de las hojas a causa del viento.

Komorebi es prestar atención a las formas que se proyectan a través de las luces que percibimos y puede ser una bonita metáfora de poner sentido a lo que vemos y hacernos conscientes de que hay otras formas de entender nuestra realidad y la de los demás. La invitación de las sombras es, precisamente, entender que en función desde donde se proyecte la luz e incluso desde el lugar que las observemos, el resultado no será igual para todos, estará en función de donde estemos cada uno.

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