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Resu Lorenzo (*)

Procesiones, fiestas, reuniones, celebraciones, barbacoas con amigos… parece que poco a poco volvemos a la normalidad, sin mascarilla, rescatando las viejas costumbres, y espero que, con algún aprendizaje de toda esta crisis sanitaria, que nos ha tocado vivir, pero eso es pasado, y ahora es necesario vivir el presente y disfrutar cada momento.

¡Hoy, sí que hay procesión! Después de más de dos años. Hoy los cristianos disfrutan de un día grande, es Domingo de Ramos, en el que los fieles celebran la entrada triunfal de Jesucristo a Jerusalén, y su aclamación como hijo de Dios. Los pueblos se engalanan de palmas, como en el famoso pueblo de Elche (Alicante), o de ramas de olivo, como mi ciudad, representando las ramas que la multitud esparció frente a Cristo mientras él entraba en Jerusalén, y simbolizan la bendición de Dios, su protección y ayuda, la renovación de la fe y recuerdan la proclamación de Jesús como el tan esperado Mesías. Fue aclamado por todos los presentes mientras cruzaba las calles montado en un burro. Según los evangelios, la gente alfombraba con sus mantos el camino por el que transitaba Jesús y, al mismo tiempo, le aclamaban. ¿Quién no recuerda la procesión del borriquillo, cuando era pequeño? ¿Y los ramos de olivo, elegir el más grande? Pese a que nos decían los mayores que por cada hoja caída había que rezar un padrenuestro.

Pisando Tierra Santa, en las callejuelas estrechas de Jerusalén, hace ya más de dos años, en momentos de viaje hacia el interior, sentí que por allí había estado un referente, un gran líder, una buena persona, percibía la energía vibrante de esa multitud que lo aclamaban como el Mesías y lo recibieron con palmas y ramos de olivo, la grandeza, humildad de Él. Muchas de estas personas que le vitoreaban, luego no se acordaron de Jesús, ni le conocían no se les vio aparecer cuando más los necesitaba. Muchas personas que le palmeaban y aclamaban le dejaron tirado en el camino, sencillamente como en la vida misma, cuando confías en alguien y no recibes la misma respuesta por su parte.

Y así con esta entrada triunfal en Jerusalén se inicia la Semana Santa. Este día, domingo antes de Pascua, es siempre el sexto domingo de Cuaresma. Entramos en una semana de recogimiento espiritual, de gratitud, de reflexión que espero que disfrutéis con procesiones, oraciones, silencios, ruido de tambores y saetas.

Y para seguir con las tradiciones, en este día y según dice el refrán: “El que no estrena el Domingo de Ramos, no tiene pies ni manos” o “Domingo de Ramos, quien no estrena se condena”, pues al ser un día tan especial, antiguamente esto significaba que quien no tenía manos, en sentido de no tener trabajo, ni sabía coser, era considerado pobre por no estrenar. Aunque hoy día se estrena frecuentemente y no tendría mucho sentido, yo por si acaso, estrenaré unos calcetines de rojo pasión, como las casullas que llevan los sacerdotes en este día, para que no me falten mis manos y poder seguir escribiendo por y para ti fiel lector.

(*) Economista- Gestora Adtiva. Ceo de Parlorenzo

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