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Antonio Marco Martínez

Uno de los mejores representantes del pensamiento estoico antiguo fue el emperador Marco Aurelio, cuya familia tiene sus raíces en la Bética hispana. Su obra Meditaciones, escrita por cierto en griego, sigue siendo muy útil hoy día para afrontar con calma, seriedad y madurez los avatares y circunstancias de la vida personal y social. No viene mal releer algunos de sus pasajes para afrontar el nuevo curso, no solo académico sino vital, que inauguramos este otoño, después del caluroso y atípico verano marcado todavía por una peligrosa pandemia.

Se vislumbran en el horizonte algunas luces esperanzadoras, pero también son muchos los nubarrones que oscurecen el futuro. La pandemia no acaba de ser erradicada y aunque en algunos países, entre ellos el nuestro, España, los niveles de vacunación son elevados, sigue habiendo muchas nuevas infecciones, ingresos hospitalarios y más muertes de las deseadas. Afortunadamente disponemos de un buen sistema sanitario y de unos buenos profesionales, aunque no faltan propuestas engañosas que pretenden arruinar este sistema de atención universal para implantar modelos menos “democráticos”, es decir, menos generalizados.

El inicio del curso escolar, que durante muchos años marcó mis propios ritmos vitales, se está produciendo con absoluta normalidad. España fue un modelo exitoso para otros sectores de la propia Administración española y para otros países al mantener abiertos con normalidad los centros escolares con sus valientes profesores al frente en el curso pasado. Naturalmente el esfuerzo costó más dinero para más recursos, pero ¿en qué gastar mejor el dinero público que en sanidad y educación?

La vida económica va recuperando su ritmo poco a poco y el número de empleos aumenta y el de parados disminuye, pero a costa de empleos muy precarios con sueldos muy bajos y de la desaparición de millares de negocios de emprendedores autónomos. He pasado unos pocos días en unas playas en las que la afluencia de turistas era sensiblemente menor que la de otros años y donde numerosos negocios habían puesto el cartel de “cerrado”. Por lo demás, el neoliberalismo triunfante, que todo lo invade, sigue exprimiendo un poco más a la sufriente clase media. Sirva como ejemplo el hasta ahora imparable precio de la energía eléctrica que produce mucha inquietud entre los ciudadanos, aunque todavía no aprecian directamente el gravamen que supondrá en su cuenta diaria. Sirva también como ejemplo la reacción visceral que provoca el mínimo aumento que se anuncia, pendiente todavía de acuerdo y aprobación, del Salario Mínimo del que dependen millones de trabajadores.

La vida cultural va poco a poco recuperándose, pero las limitaciones todavía existentes y exigidas por la Covid-19 frenan la eclosión cultural que durante muchos otoños hemos vivido con anterioridad.

La vida social también se resiente. Personalmente todavía rehúyo los eventos que suponen aglomeración y movimiento de personas, a pesar de las medidas exigidas como el uso de mascarilla y de geles desinfectantes y el mantenimiento de una distancia suficiente. Incluso persiste cierto temor a pequeñas reuniones con las amistades de siempre, tan necesarias para el equilibrio personal y social. Incluso las reuniones familiares no terminan de ganar la espontaneidad y frecuencia a la que estábamos acostumbrados desde siempre.

En fin, luces y sombras y algunos motivos fundados para la esperanza.

En donde soy mucho más pesimista es en el contexto o vida política, que con frecuencia ocupa gran parte, quizás demasiada, de nuestra vida ciudadana y social. Afortunadamente ha descendido la virulencia inaceptable del “procés” catalán que tanto tiempo, con tanta intensidad y tan absurdamente ocupó hasta el hartazgo a unos ciudadanos ocupados y preocupados por problemas de mera subsistencia y bienestar. Pero el resto de cuestiones mantienen el tono de enfrentamiento, crispación y utilización partidista con que entraron en el verano. En esa labor, no solo de no colaboración con el Gobierno de España sino de absoluta confrontación en todo, por todo y para todo, no reparto por igual la responsabilidad entre todos los agentes políticos, sino que señalo sin partidismo y procurando ser objetivo la actitud del principal partido de la oposición, del Partido Popular, que cuestionó desde el principio injustamente la legitimidad democrática de un presidente de Gobierno elegido en el Parlamento y que obstruye el normal funcionamiento que marca la Constitución para elegir a los miembros del Consejo General del Poder Judicial, entre otras instituciones, con excusas sencillamente inaceptables. Que el buen Gobierno del Estado o de cualquier institución o ámbito es esencial para los individuos parece una verdad de perogrullo, que la oposición manifieste sus diferencias es también esencial en un sistema democrático, que esa misma oposición colabore lo necesario en momentos de grave necesidad, como lo es la pandemia vivida, y no obstaculice medidas propuestas por la ciencia y el sentido común, parece ser lo adecuado en una sociedad mínimamente cohesionada. Que cada uno valore lo vivido en este sentido y lo que se anuncia como en conciencia y con buena información mejor considere. En todo caso es inaceptable un clima político agobiante de crispación y mala educación que avergüenza a cualquiera que quiera ver las cosas con tranquilidad estoica.

Por eso, ante este futuro de incertidumbres, nos puede venir bien y ayudar la lectura de los pensamientos de Marco Aurelio, quien encontró tiempo y ocasión para escribirlos en medio de numerosas batallas y enfrentamientos militares en las fronteras del Imperio, en Germania y Asia, que intelectual y moralmente detestaba. Desde luego los pensamientos de Marco Aurelio, emperador romano, serían especialmente útiles para quienes se dedican al gobierno de la “cosa pública”, a quienes se dedican a la política, ocupación la más noble si busca el bien común y la más rechazable si lo que busca es el bien particular y personal.

Selecciono, pues, algunos consejos del “Emperador Filósofo”, uno de los llamados “Cinco buenos emperadores”. Quien desee una lectura completa puede hacerlo en la Colección Clásicos Gredos. Una simple consulta en cualquier buscador en Internet nos deja perlas auténticas como estas, extraídas de la citada edición de Gredos:

¿Qué es, entonces, lo que debe impulsar nuestro afán? Tan sólo eso: un pensamiento justo, unas actividades consagradas al bien común, un lenguaje incapaz de engañar, una disposición para abrazar todo lo que acontece, comonecesario, como familiar, como fluyente del mismo principio y de la misma fuente. (Libro IV, 33 de la edición de Gredos)

Lo que no es útil para la colmena, no es útil para la abeja. (Libro VI, 54)

Si no conviene, no lo hagas; si no es verdad, no lo digas. … (Libro XII, 17)

Realiza cada una de tus acciones como si fuera la última de tu vida (Libro II, 5)

Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa. (Libro II,2 de la edición de Gredos)

Si alguien puede refutarme y probar de modo concluyente que pienso o actúo incorrectamente, de buen grado cambiaré de proceder. Pues persigo la verdad, que no dañó nunca a nadie; en cambio, sí se daña el que persiste en su propio engaño e ignorancia. (Libro VI, 21 de la edición de Gredos)

Y como estos pensamientos y reflexiones otros muchos cientos.

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