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Lidia Casado

¿Te ha dicho alguien (o has leído por ahí) que nos buscamos y nos encontramos en los libros? Es como cuando estás embarazada y no ves más que embarazadas a tu alrededor. Son cosas que encuentras, a veces sin buscar. O que tu cerebro encuentra porque, aunque tú no lo sepas, él sí las está buscando.

A mí me ha pasado con “Hasta nunca, Peter Pan”. Una fabulosa novela de Nando López que indaga sobre la madurez y sobre el miedo a crecer. Y ¡ojo! Que no hablo de los niños. Hablo de cualquier persona a cualquier edad a la que le cuesta asumir no solo que ya tiene unos años, sino que hay toda una serie de responsabilidades ligadas a ello. O un desgaste vital. O el abatimiento que produce ver que tus expectativas sobre ti mismo no han sido satisfechas, que no te pareces a aquella persona que querías ser a los 15 años.

El protagonista de la novela, David, tiene más o menos mi edad. La de quienes cantábamos “Sufre, mamón”, sabemos quién es la Abeja Maya y quienes seguimos temporada a temporada el estreno de los capítulos de “Friends” (y que conste que todas estas referencia no son gratuitas. Son fundamentales dentro de la novela). Pero se ha quedado atascado en una vida que no le satisface y que intenta llenar con ficciones (series, cine, música, libros…).

Pero lo mejor de la novela no es el qué cuenta (que ya ves que es interesante) sino el cómo lo cuenta. Nando López escribe bien. Muy bien. Y envuelve toda esta crisis de los cuarenta en una trama en la que tienen cabida otras cuestiones fundamentales como la pareja, la enfermedad, la conciliación, el techo de cristal de las mujeres, la familia, el bullying, la adolescencia, la violencia o la amistad. Y esa sensación (que es con la que yo más me he identificado) no sé si de desasosiego o de tristeza o de desánimo o de abatimiento o de desesperanza que nos queda a veces cuando dudamos, como lo hace uno de los personajes de la novela, sobre “si nuestros sueños eran demasiado grandes o la vida ha terminado siendo demasiado pequeña”.

Y si lo que te gusta es el cómo se cuentan las historias, ojo al particularísimo narrador que tiene este libro. Léelo y me dices.

Nos seguimos leyendo.

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