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Por Nacho Redondo

La vida nos pone delante situaciones a resolver de forma constante. Algunas veces éstas son fáciles porque se tratan de costumbres o tenemos la habilidad para hacerlo, pero otras aparecen delante de ti de forma imprevista y tienes que ponerte manos a la obra solo con el propósito de resolver, generando dudas, desconfianza e, incluso, abatimiento.

La mejor manera para solventar un problema es el diálogo. Si en el problema a resolver no hay nadie más involucrado que tú mismo, el diálogo sigue siendo válido, con la diferencia de que será interior. Mediante el diálogo debemos encontrar la forma de aislar las emociones que intervienen en el problema para poder responder con nuestra razón a la formulación de posibles soluciones. No podemos cambiar los acontecimientos que van sucediendo, pero sí podemos cambiar la manera en que los percibimos y cómo podemos aportar soluciones.

Si te das cuenta, buscar la manera de resolver un problema nos acerca a la felicidad, que es el propósito de los seres humanos. Comprender tu realidad desde el análisis y el pensamiento crítico te acerca al crecimiento personal que te ayudará a perseguir los objetivos que te hayas propuesto en la vida. También hará que solventes de la mejor manera posible todas aquellas circunstancias que te aparecen de forma sobrevenida. Ese debe de ser el propósito de nuestras acciones.

Muchas de las situaciones con las que nos enfrentamos nacen de conflictos personales derivados de uno mismo con su realidad. A veces pensamos que cuando hay una discusión por medio el conflicto es con otras personas, pero lo cierto y verdad es que resultan de las apreciaciones individuales acerca de cómo vemos lo que está sucediendo desde un punto de vista propio y personal, que es lo que configura nuestro mundo.

El reto más importante con el que nos enfrentamos las personas es poder resolver los conflictos individuales con los que convivimos y que pueden derivarse de una falta de autoconocimiento, donde necesariamente debemos aplicar la reflexión y alejar la razón particular de la situación. Resulta imprescindible ser sincero y honesto con uno mismo, aunque eso nos pueda llevar a desencuentros con otras personas.

Desde el mundo interior de cada uno debemos procurarnos las preguntas oportunas que nos acerquen a la realidad que estamos viviendo. No suele haber fórmulas mágicas para resolver conflictos de la índole que sea, pero debemos intentar vislumbrar aquellas cuestiones que nos pueden ayudar a solventar el conflicto de que se trate.

En mi profesión busco eso precisamente con otras personas; que encuentren en sus respuestas aquello que está dentro de cada uno y que simplemente no habían descubierto. No suele resultar fácil ya que es una forma de enfrentarse a una realidad que quizás no quería ver o simplemente no está preparado para ella. En cierto modo estamos cómodos cuando a nuestro alrededor no sucede nada aparentemente. Cierto es que, queramos o no, siempre están sucediendo cosas.

Para poder resolver de la mejor manera cualquiera de los conflictos a los que nos enfrentemos debemos actuar con la mayor perspectiva posible, es decir, buscar el desapego de los hechos e intentar no juzgarlos. Además, cuando estamos intentando resolver un conflicto ya sea personal, o con otros, intervienen varias emociones y debemos tener claro que no podemos intentar ni aislarlas ni resolverlas individualmente, porque ello nos impediría resolver el conflicto en su conjunto.

Empezaremos a resolver los conflictos cuando podamos aportar distintas soluciones de forma objetiva. Bien basadas en lo que hayamos visto en otras personas y que nos resulte útil, bien basadas en experiencias personales de situaciones parecidas ya vividas. A partir de aquí podremos poner en práctica la mejor de las alternativas que nos sirva para solventar el conflicto.

La vida va de eso, de resolver circunstancias que nos van apareciendo. De cómo seas capaz de observar y desde dónde lo estés haciendo podrás resolverlo de mejor manera. A veces solo necesitamos tiempo para conseguir esa perspectiva que creíamos haber perdido. Si solo es tiempo, tomémoslo y sigamos actuando sin olvidar que nuestro paso por la vida no es infinito, por eso disfrutar de cada momento debe de ser suficiente razón para seguir avanzando.

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