Omar Nivar

El derecho a migrar fue, desde hace siglos, un derecho defendido en la tradición filosófica y la corona occidental de la época, cuando servía para colonizar y expoliar nuevas tierras; ahora es reprimido ferozmente por los descendientes de quienes en aquel entonces la ejercían.
La ciudad que me acoge, y a otras personas, ha sido testigo de una de tantas agresiones racistas que a diario sufren personas que tratan de integrarse y ganarse el pan dignamente; esta situación ha nublado la mañana del sábado 17 de abril, luego de que un adolescente de 12 años la sufriera.
Esta agresión ha indignado a quienes defendemos los Derechos Humanos, no solo por ser una embestida racista, sino porque el agresor, según la Policía Local de Guadalajara, es un hombre de unos 40 años de edad, quien ha propinado varios golpes a un menor “extranjero”, fueron tan fuertes los golpes xenófobos de este inhumano, que enviaron al menor al hospital, sin pensar en sus hijos, sobrinos e incluso vecinos.
Esta bajeza cobarde de este ciudadano nos invita a analizar que la violencia racista es parte de una realidad más amplia, que se podría llamar racismo social. Así no se puede separar la violencia racista de las dinámicas de construcción de estereotipos y microrracismos arraigados en el imaginario colectivo, de los prejuicios, las acciones y las actitudes discriminatorias, ampliamente compartidas por el conjunto de la sociedad y en su leguaje para con las personas racializadas.
En las últimas semanas, el Ayuntamiento de Guadalajara puso en marcha una campaña para concienciar a la población sobre el uso de expresiones racistas incorporadas a nuestra lengua desde hace mucho tiempo.
Más que nunca, se hace necesario hoy que este tipo de campañas sean llevadas a los colegios, clubes deportivos, iglesias, asociaciones y medios de comunicación para mejorar la convivencia y poder decir que Guadalajara está libre de racismo.
No permitamos que actos viles como este lleguen a la “fascistización” del sentido común de esta sociedad. Apelemos con el sentido de la igualdad y la dignidad a la valoración de las personas por el hecho de ser personas, con sentimientos de humanidad y solidaridad.
Es por esto que, en nombre de la Asociación Socio-Cultural de Dominicanos en Guadalajara, expreso el firme y absoluto rechazo ante esta agresión, y ojalá que se continúen implementando políticas contra el odio hacia las personas.

¡Humanicemos las migraciones!

Compartir en Redes sociales