Comemos mal y cada vez más caro. Los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas superaban en la provincia de Guadalajara en octubre de este año, en un 3,7% a los del mismo mes del año anterior
La determinación sobre qué alimentos estaba permitido comer estuvo desde la antigüedad y, en cierta medida, lo sigue estando aún hoy en día, en manos de las religiones, aunque por debajo de los supuestos mandatos divinos se hallaban poderosas razones económicas. Como explicó el antropólogo Marvin Harris en su libro 'Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura' (1974), la prohibición de comer cerdos por el judaísmo y el Islam se debe a que su crianza era costosa en el Medio Oriente al competir aquellos con los humanos por alimentos como granos y tubérculos, y no ser económicamente eficientes al producir sólo carne y no leche, huevos, plumas o pieles. En el caso de las vacas en la India, la aparente irracionalidad de la tradición de considerar sagrados a estos animales escondía una estrategia adaptativa para protegerlas, al ser cruciales para la agricultura, como animal de tiro y en el hogar, al proporcionar su estiércol como combustible y para el solado de las casas, en una sociedad como la India de hace más de medio siglo, con pocos recursos, asegurando así su supervivencia.
Otras restricciones que las religiones impusieron a lo largo de los siglos se extendieron hasta a los propios cuerpos de los creyentes, como los periodos de ayunos y la prohibición de comer ciertas carnes establecida por el cristianismo, el Islam o el judaísmo, de la que se podía quedar exceptuado, en el caso de la Iglesia católica, si se aportaba una cantidad de dinero a ésta.
Siguiendo la tradición, en los días festivos que se avecinan la comida pasará a primer plano en nuestras vidas y consumiremos grandes cantidades de alimentos y bebidas, en cuya elección tendrá mucho que ver su precio. Hay costes y calidades para todos. Para los que no puedan pagar carne, vino o pescado de primera, siempre quedará lo barato. No es nuevo para la clase trabajadora eso de comer por un importe bajo. Paul Lafargue, yerno de Karl Marx, introductor del marxismo en España, en su obra 'La caridad cristiana' relataba cómo la clase dominante del siglo XVIII se preocupaba por que la alimentación de los obreros no le resultara demasiado cara:
"Nutrir barato a los trabajadores, para reducir sus salarios, era una de las preocupaciones filantrópicas de los fabricantes y de los economistas del siglo XVIII. El trigo era, según ellos, un medio de nutrición demasiado caro para los obreros: por eso acogieron con júbilo la patata de Parmentier. J. B. Say encontró mejor la banana".
Alimentos baratos y…, adulterados, con sus naturales consecuencias:
"La vaca rabiosa, la patata, el vino adulterado y el aguardiente prusiano combinados con los trabajos forzosos, han debilitado nuestros cuerpos y encogido nuestras mentes". Lafargue, P., 'El derecho a la pereza'.
Hoy como ayer podemos decir que gran parte, si no la mayor, de los alimentos que consumimos son perjudiciales para nuestra salud. La revolución tecnológica ha permitido avanzar mucho a la industria alimentaria y puede ofrecernos platos precocinados, asequibles por su precio, fáciles de preparar -ideales en una sociedad donde la mayoría vive sometida a la urgencia -, agradables al paladar, pero con alto contenido en azúcares, grasas y sal, aunque pobres en fibras dietéticas y proteínas. La generalidad de los turrones que vamos a consumir en estos días, baratos en general de precio, en cambio tienen un alto contenido en calorías, grasas y azúcares y mucho del pescado, que tan caro pagaremos, estará contaminado con mercurio.
Y todo ello repercute en nuestra salud. Según un estudio publicado por la revista científica The Lancet, elaborado por 43 expertos, entre ellos Renata Bertazzi, investigadora de la Universidad de Salamanca, y Maira Bes-Rastrollo, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, el consumo de calorías procedente de alimentos ultra procesados ha pasado en treinta años en España del 11 al 32 por cien. Los resultados de estas investigaciones muestran la certeza de que el consumo cada vez mayor de ultra procesados hace crecer el riesgo de padecer enfermedades como depresión, diabetes, obesidad, patologías cardiovasculares o renales, y muerte prematura.
Los investigadores afirman que:
"Este sector es el más rentable de la industria alimentaria, con ventas anuales globales de miles de millones de euros, que le permiten ampliar producción, invertir en técnicas de mercadotecnia agresivas, influencia política y diseños atractivos para impulsar el consumo".
El artículo revela también cómo las empresas de ultraprocesados "emplean sofisticadas tácticas políticas para proteger sus beneficios: bloquean regulaciones, influyen en debates científicos y en la opinión pública.”
Esto en cuanto a alimentación, y por lo demás, respecto al resto de nuestras condiciones de vida y trabajo tampoco podemos quejarnos: vivimos en una comunidad autónoma, Castilla-La Mancha, que es la tercera con los salarios más bajos de todo el Estado donde, además, la jornada laboral es un 10 por ciento más larga que la media nacional y el número de horas extras realizadas anualmente es superior al promedio del país, según datos del INE. En lo relativo a la salud laboral, las cifras de los nueve primeros meses de este año arrojan un saldo de 20.210 víctimas en total, de las cuales treinta han sido mortales.
En resumidas cuentas comemos mal y cada vez más caro, ya que los precios de alimentos y bebidas no alcohólicas superaban en la provincia de Guadalajara en octubre de este año, en un 3,7 por cien a los del mismo mes del año anterior, trabajamos más, el salario se hace corto e incluso corremos el riesgo de perder la vida en el tajo.
Mientras, otros pasarán hambre
Pero en estas próximas fechas habrá incluso quienes, manteniendo la tónica general de todo el año, tendrán una ingesta insuficiente de alimentos, o sea que pasarán hambre.
Así será en un país como Sudán, país rico en oro, tierras fecundas y otros recursos, sumido en la barbarie de una guerra civil donde se enfrentan los intereses económicos de Turquía, Arabia Saudí, Egipto y EEUU y en el que más de la mitad de la población se encuentra en riesgo de hambruna.
Y lo mismo pasará en Gaza donde se prevé un final de año, como los de 2023 y 2024, marcado por el hambre y los bombardeos, tras el comienzo de la guerra genocida de Israel en octubre de 2023 y el cada vez más evidente fracaso del Plan de paz para Gaza firmado el pasado 10 de octubre que prolonga el holocausto palestino.
El problema de la consecución de alimentos se ha ido incrementando en la franja de Gaza a lo largo de la contienda, como relataba a mediados de este año Shaimaa Eid, periodista residente en Gaza:
“Cuando comenzó la guerra genocida de Israel en octubre de 2023, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA) fue el pilar fundamental de la distribución de ayuda alimentaria en Gaza. A pesar de las restricciones impuestas por el bloqueo, sus operaciones estaban relativamente bien organizadas y mantenían un grado de transparencia y credibilidad. Sin embargo, tras la suspensión de la financiación de la UNRWA y la marginación de su papel, todo cambió. (…)
En la Franja de Gaza, los alimentos se distribuyen ahora a través de 'puntos de distribución' designados que se asemejan a 'trampas mortales' marcadas por el caos y la violencia. Los testimonios de testigos presenciales sobre el terreno confirman que estos lugares suelen ser blanco de disparos directos de las fuerzas israelíes contra los civiles que buscan ayuda. Los supervivientes de estas zonas mortíferas informan de que, en su camino de regreso, se enfrentan con frecuencia a bandas armadas locales que controlan gran parte de los suministros alimentarios traídos desde estos puntos. Como resultado, la distribución de alimentos en Gaza ya no se basa en la necesidad, sino que depende del dinero, las conexiones personales o la capacidad de sobrevivir a la lucha mortal. el periodista Estos puntos de distribución no son accesibles para todos los residentes de la Franja de Gaza, ya que a menudo se encuentran lejos de las zonas residenciales y hay que caminar largas distancias para llegar a ellos. Las personas mayores, los niños y las mujeres no pueden llegar hasta ellos ni soportar el caos y los riesgos que conlleva llegar hasta allí.(…)
A partir de esta realidad, ha florecido el mercado negro. Una bolsa de harina que antes se distribuía como ayuda humanitaria se vende ahora por hasta 3000 shekels (unos 900 dólares estadounidenses). Las pequeñas latas de conservas que antes costaban 5 shekels ahora se venden por 30 o incluso 40 shekels (unos 12 dólares estadounidenses). Estos artículos suelen acapararse y luego revenderse a precios muy inflados. Este mercado no solo tiene precios exorbitantes, sino que también ofrece con frecuencia productos caducados o, en ocasiones, contaminados. (https://braveneweurope.com/shaimaa-eid-survival-economy-how-economic-life-operates-in-gaza-under-genocide)
Según un informe de Naciones Unidas de finales de julio de este año, el hambre en el mundo siguió incrementándose en África, donde el 20 por cien de su población, unos 307 millones de personas sufrieron hambre, y en Asia Occidental, donde la padecieron el 12,7 por ciento, 39 millones.
Vivimos una época de la historia, en la que el extraordinario avance de la ciencia y la tecnología no sirven para remediar las carencias de la humanidad. A juicio de quien escribe estas líneas existe una razón poderosa, determinante, para ello: mientras los medios de producción: la tierra, las fábricas, la energía, el transporte…, sigan en manos privadas, la economía será un medio para el enriquecimiento de unos pocos, para los mismos que no vacilan en recurrir a la guerra e incluso al extermino de poblaciones, como la de Gaza, para seguir alimentando sus beneficios.
Hace más de un siglo, K. Marx dijo que estos males tenían solución, a condición de los expropiadores fueran expropiados. Aún a pesar de todas las toneladas de mentiras y falsedades que sistemáticamente se han arrojado sobre sus ideas, hoy estas se revelan más ciertas que en su época. La civilización ha conocido desde hace quinientos años un avance asombroso, pero también ha conocido retrocesos, como fue la caída de la civilización antigua, cuyo legado tardó siglos en recuperarse. Asegurar la marcha del progreso solo es posible a condición de que los productores, esto es la moderna clase obrera, tome el control socialista y democrático de la producción.
Enrique Alejandre Torija. Investigador de temas históricos, autor de 'El movimiento obrero en Guadalajara. 1868-1939' y 'Guadalajara, 1719-1823.Un siglo conflictivo' y 'La mujer trabajadora en Guadalajara.1868-1939'.
-Lafargue, P., 'Escritos: El derecho a la pereza. La jornada laboral de 8 horas. ¿Porque cree en Dios la burguesía? La caridad cristiana'. Fundación Federico Engels. Madrid. 2020.
- Harris, M., 'Vacas, cerdos, guerras y brujas: los enigmas de la cultura'. Alianza editorial. Madrid. 2011.
- https://www.ine.es/dyngs/INEbase
https://braveneweurope.com/shaimaa-eid-survival-economy-how-economic-life-operates-in-gaza-under-genocide