Molina de Aragón tiene, sin lugar a dudas, uno de los mejores belenes de la provincia, reconocido año, tras año por la Asociación de Belenistas de Guadalajara. Se levanta en la iglesia-museo de San Pedro de la Capital del Señorío y es obra del párroco de la ciudad, Raúl Pérez, que con la ayuda de varios voluntarios diseña cada Navidad una magnífica obra de arte, con infinidad de rincones llenos de magia y perspectivas distintas. La obra arranca con el momemento de la Anunciación, separado del resto del conjunto, mediante un hermoso templete exento. El montaje principal está encabezado por el nacimiento y discurre de manera circular, recogiendo diversos momentos y un sinfín de recovecos a los que asomarse con distintas escenas de la vida cotidiana.
No menos desdeñable es el Belén de San Gil, que se alza junto al altar con figuras de tamaño natural. Si alguien ha echado de menos al San Juanillo que habitualmente se encuentra en la iglesia de San Felipe, a un lado del Cristo crucificado, lo pueden encontrar en esta genial composición, sacando agua del pozo, junto a una borriquilla.
Por otro lado, en medio de estas fechas navideñas, la Asociación de Amigos del Castillo de Molina da vida al Belén, como si sus figuras salieran de estos espectaculares montanjes para tomar el entorno de la Puerta de la Judería y el Torreón de Medinaceli, uno de los pocos lienzos de la antigua muralla de la ciudad que todavía permanecen en pie. Con ello reivindicaron, un año más, el principal monumento de la ciudad, el castillo-alcázar que desde el siglo XIII gobierna estos páramos. Ascendiendo desde la Puerta del Baño, se fueron sucediendo distintas figuritas representando algunos de los gremios: Las lavanderas, la cestera, el herrero, las carpinteras, la alfarera, la frutera, la pandera, hasta llegar al nacimiento, en la misma Puerta de la Judería. Al otro lado se encontraban Sus Majestades, los Reyes Magos, que recibieron las cartas de los más pequeños. Llegando a la plaza se situaba la posada, las castañeras y el redil, para disfrutar de un momento en comunidad con el sabor de las castañas, las migas y el caldo, entre otros manjares que prepararon las posaderas para amenizar otro de los entrañables momentos de la Navidad molinesa.