La región de Castilla-La Mancha representa más de la mitad del viñedo español y lidera de largo las exportaciones del sector vitivinícola español. Eso explica la creciente preocupación ante los especiales retos de este año en el panorama exportador con los aranceles de la administración Trump y la caída del consumo.
De momento, esta última temporada, la vendimia ha sido algo más corta en la región, pero de mayor calidad. Una buena noticia con la que afrontar los nuevos desafíos del sector, donde la región sigue liderando las exportaciones nacionales con más de la mitad del volumen y cerca de un tercio del valor total.
Unas cifras que confía en mantener este año en un entorno cada vez más complicado para la industria vinícola. Tanto es así la Comisión Europea se ha visto obligada a poner en marcha, a principios del pasado mes de diciembre, un plan de apoyo para hacer frente a unas condiciones económicas desfavorables y a las crecientes dificultades estructurales.
Este plan ha nacido entre grandes críticas. Los expertos explican que solo aborda una parte del problema, obviando algunos de los factores más relevantes que están poniendo en riesgo al sector como es el descenso del consumo y las crecientes dificultades para la exportación.
El último análisis sobre el sector realizado por Coface, compañía internacional especializada en la gestión integral del riesgo de crédito comercial, destaca que "la producción y el consumo mundiales de vino han caído casi un 10 % en apenas una década". Un descenso que se ha hecho mucho más evidente en Europa, donde el consumo ha registrado una caída del 25 % desde el año 2000, pese al incremento de la población.
El cambio en el hábito de los consumidores está generando un descenso en picado de la demanda, lo cual ha llevado a que Francia haya perdido su condición de primer productor mundial en favor de Italia.
Conviene recordar que Francia, España e Italia concentran el 60 % de la producción mundial de vino, un peso que contrasta con la debilidad de la demanda en el Viejo Continente. A falta de los datos oficiales, 2025, el consumo mundial habría alcanzado un mínimo histórico por debajo de los 215 millones de hectolitros.
En este contexto, la Unión Europea ha lanzado un plan de apoyo destinado básicamente a ofrecer subvenciones para el arranque definitivo de viñedos. En Francia, se movilizarán 130 millones de euros para financiar el arranque a razón de 4.000 euros por hectárea. Esta medida también se aplicará a Italia y España con el objetivo de limitar la oferta ante la disminución de la demanda. Sin embargo, solo aborda una parte del desequilibrio estructural del sector.
"La industria vinícola europea está atravesando una crisis sin precedentes, marcada por un desequilibrio persistente entre la oferta y la demanda, las dificultades de exportación y la competencia en los vinos de gama básica. Las medidas actuales, aunque esenciales, no son suficientes para reinventar el sector de forma sostenible", asegura Simon Lacoume, economista del sector.
Los vinos europeos, entre ellos los de la región de Castilla-La Mancha, se enfrentan a serios condicionantes en los mercados internacionales. En China, el consumo de vino ha caído más de un 60 % desde la pandemia, mientras que en Estados Unidos las nuevas barreras arancelarias complican el acceso al mercado de los exportadores europeos. Estas dificultades en la exportación debilitan aún más a un sector ya bajo mucha presión.
El plan francés de desarraigo prevé la retirada del mercado de 1,5 millones de hectolitros, apneas el 10 % del excedente de oferta estimado en 2025. Una política que también se está llevando a cabo en España y en concreto en Castilla-La Mancha teniendo en cuenta criterios de sequía y limitación general de nuevas plantaciones para mejorar la competitividad y fomentar la modernización del sector.
Esta medida, sin embargo, se muestra insuficiente, señalan los expertos, para corregir el actual desequilibrio entre la oferta y la demanda, pues se basa en la producción para mejorar las condiciones del sector, ignorando otros grandes retos como la disminución de la demanda y los cambios en los hábitos de consumo.
Centrarse en el desarraigo oculta la necesidad de mejorar la calidad para subir de gama, así como la gran disparidad entre los productores. Los vinos de gama baja se enfrentan a una mayor competencia de los países no europeos y a una disminución de la demanda, lo que hace que esta solución no sea adecuada para garantizar la sostenibilidad a largo plazo del sector. Un problema al que no se substrae el vino de Castilla-La Mancha, referente de la exportación de España, y cuya supervivencia dependerá del apoyo de todos los agentes sociales.
Julio Muñoz. Periodista de información económica y experto en comunicación.