El Real Señorío de Molina de Aragón reservó un rincón en la tarde de ayer en el centro San José de Guadalajara para acariciar las palabras del léxico propio de este particular territorio, que ha quedado plasmado en la obra del lingüista de Campillo de Dueñas, Atanasio Herranz Herranz: Diccionario Regional del Real Señorío de Molina. Con 720 páginas, más que un libro, es un espejo de la sociedad molinesa que refleja, por supuesto, la manera de hablar, pero también los usos, costumbres y tradiciones, tanto los que aún persisten, como de los que la modernidad, el paso del tiempo o la despoblación han enterrado en la memoria.Ese espejo también muestra la forma de ser y la identidad de un territorio heterogéneo, con 91 núcleos de población, cada uno con su carácter e idiosincrasia, pero compartiendo un mismo latido y orgullo molinés.
Por eso, no es de extrañar que la sala de usos múltiples de este centro de la Diputación terminase repleta de molineses de distintos puntos de la geografía del Señorío, entusiasmados por descubrir algunos de los vocablos de estos páramos y sierras, pero sobre todo, por reconocerse en ellos.
Fue el fotógrafo e investigador, Jesús de los Reyes, también campillano y miembro de Tierra Molinesa, la Asociación Cultural que ha promovido la presentación de esta obra, con la colaboración de la Diputación, el responsable de presentar al autor, doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid, que como muchos otros, tomó la alternativa de emigrar en su juventud al otro lado del charco, a Honduras, donde es miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, al mismo tiempo que lo es también de la Real Academia Española. De los Reyes recordó el lema de la RAE “limpia, fija y da esplendor” para señalar que esta obra sirve también para fijar la memoria de nuestros pueblos: “Cuando falta la gente en los pueblos desaparecen trambién las tradiciones y al final se pierde el lenguaje. En este mundo tan estandarizado, tener un diccionario de este tipo que nos pueda llevar a recordar los términos que usaban nuestras madres y nuestros abuelos, creo que es muy importante”.
Por su parte, la diputada delegada de Cultura, Sabrina Escribano, destacó que este diccionario “recoge el habla viva de los pueblos del Real Señorío de Molina de Aragón, un territorio con una identidad histórica muy marcada y una riqueza lingüística extraordinaria”, donde aparecen “palabras de uso común, expresiones populares, giros heredados del aragonés, de la Serranía de Cuenca o compartidos con la tierra soriana, porque el alma, como la vida, nunca ha entendido de fronteras administrativas".
Dice Atanasio Herranz que la obra que vina a presentar es un diccionario regional, de los que se han publicado pocos, donde se especifica en cada vocablo en qué pueblos se tiene registros “bien por un informante, bien por las publicaciones, libros, revistas, etc.”; dialectal, puesto que es una variante del español de España, una circunstancia relacionada con las palabras, pero también con la entonación. En este sentido, señaló que las regiones tienen fronteras físicas, pero no lingüísticas, por lo que en esta tierra existen influencias de territorios limítrofes, sobre todo de Aragón, con 349 aragonesismos recogidos en este diccionario como ababol, esbarizarse, tontillón, que es un columpio colgado de un árbol; siete de la provincia de Cuenca y algunos de Soria, en un puñado de pueblos de la parte del Señorío que linda con esta provincia.
También es un diccionario descriptivo, con definiciones sencillas para que el lector no tenga necesidad de acudir a otro diccionario para comprenderlas; y usual, porque se especifica el uso de las palabras, aunque los cambios tecnológicos, por ejemplo, en el ámbito de la agricultura , han desechado muchos términos relacionados con técnicas o herramientas que han caído en desuso y han sido plasmados en este diccionario para que no sean pasto del olvido. Es ejemplificador, porque todas las entradas recogen ejemplos tomados de textos o informantes; también refleja si existen sinónimos o formas distintas como cogote o cocote: “Es curioso como en este Señorío de Molina están más generalizadas las que no recomienda la RAE y se utiliza más cocote, que cogote”, comentó el autor.
Asimismo, es descodificador, porque está elaborado con definiciones sencillas accesibles a cualquier persona que sepa leer y escribir. Si no es posible una definición sencilla, el vocablo remite a otro término del mismo diccionario. Y es actual, puesto que todavía está en uso, aunque tal y como reconoció, “la mayoría de las palabras tienen poco uso, lo que quiere decir que las personas por encima de los 60 años todavía las utilizan, pero por debajo están desapareciendo”. En esta línea, Atanasio Herranz recordó que en el Señorío, aunque no eran abundantes, existían viñas que fueron arrancadas cuando España entró en la Unión Europea. “En Campillo no quedó ni una y eso hizo que todo lo que tenía que ver con el vino, con el lagar, las fermentaciones, etc. se ha perdido”.
El lingüista señaló algunas particularidades de este diccionario, con respecto a otros de uso común, como por ejemplo, la recopilación de los saludos y las despedidas o locuciones como "cocio", que es un barreño de barro, que se utilizaba en las matanzas, al que se le ponían lañas cuando se rompía. Además, en la medida de los posible, señala, se ha incluido la etimología.
El Diccionatio, asimismo, especifica si se trata de abreviaciones de palabras, como “chispo”, que viene de achispado; acrónimos, formados por dos palabras, como “frontenis”; aféresis, supresión de una o varias letras al principio de la palabra, como “acho”, en lugar de toracho o “aleguillas” en lugar de saleguillas; apócopes, supresión de una o varias letras al final de la palabra, por ejemplo, utilizar “ca” en lugar de casa; derivaciones, de abeja pasa a “abejaruco”; metátesis, el cambio de lugar en las letras dentro de una palabra, por ejemplo, “enquencle” en lugar de enclenque; paragoges, que consiste en la adición de una letra al final de una palabra, por ejemplo “buje”, en lugar boj; prótesis, la inclusión de una o varias letras al principio de una palabra, con muchos ejemplos en esta comarca: abarreduras, en lugar de barreduras; síncopes, supresión de una o varias letras en medio de la palabra, como “alnte” en vez de “adelante”. También señaló algún ejemplo de ultracorrección. En Molina existían al menos dos establecimientos encabezados con la palabra “Carnecería” en lugar de carnicería y se usa “cambear”, en vez de cambiar.
Herranz enumeró una serie de palabras en las que se cambia una letra, como atiforrarse, en lugar de atiborrarse; la fallega en lugar de falleba, una varilla metálica que se utiliza en algunas ventanas como mecanismo de cierre, que también se utiliza para describir a una persona alta y desgarbada; almóndiga en lugar de albóndiga; mermejal en lugar de bermejal; bimbre en lugar de mimbre o pizna o en lugar de bizna, una técnica mediante la que se entablillaban las patas del ganado cuando se rompían, “había un experto en La Yunta conocido como el tío Vicente, etc. Ñudo en lugar de nudo, cangrena, en lugar de gangrenas.
También apuntó a algunas peculiaridades en la manera de hablar. Por ejemplo, en esta zona predomina el leísmo y las formas terminadas en “s” en la tercera persona del singular del pretérito perfecto simple, por ejemplo, decir “contestastes” en lugar de contestaste.
A lo largo de la presentación, también se refirió a obra genial del escritor de Labros, Andrés Berlanga, ampliamente reconocida: “La Gazanápira”, que recoge muchos vocablos de este municipio, como el que titula esta obra costumbrista. Un adjetivo que, tal y como reconoción, figura entre las muchas palabras que le gustan de esta tierra.
El público asistente, en el turno de preguntas, no dudó en preguntar sobre las palabras típicas de sus pueblos, todas ellas recogidas en este diccionario como Menchajo (trapo viejo); Rodilla ( trapo de cocina); Sagato (hoguera improvisada para calentarse); Circato (sitio alto, escabroso y de difícil acceso); Pobo (chopo), Rullo (de pelo rizado), etc.
Especialmente evocadora fue la intervención del alcalde de Cobeta, Pedro Hernández Berbería, que puso de manifiesto una particularidad de este pueblo del Alto Tajo con un centenar de vecinos, donde el 10% de su población, es decir una decena, tiene más de 100 años. Hernández expuso un dicho singular de una de estas vecinas que sobrepasan los cien años, que evoca a esos inviernos fríos, cuando se cocinaba en la lumbre: “Repretar, repartir y nunca espachar”.
Herranz, que recordaba que en su pueblo pertenece a la familia de los Rullos de Campillo de Dueñas, conocidos así por tener el pelo rizado, señalaba que ha dedicado más de tres años a investigar para elaborar este diccionario. Una obra que más que una simple recopilación de palabras, podría decirse que es un espejo fiel de la historia y la identidad de los pueblos del Señorío de Molina, que está a punto de desaparecer, barrida por los estándares de esta nueva modernidad.
Natural de Campillo de Dueñas (Guadalajara), Atanasio Herranz ha desarrollado una destacada trayectoria académica y profesional entre España y Honduras. Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid, es profesor emérito de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), donde fue miembro fundador de la Carrera de Letras en las especialidades de Lingüística y Literatura. Su labor docente se ha extendido a universidades de Alemania, Noruega y España.
Herranz es miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua y correspondiente de la Real Academia Española, además de integrar diversas asociaciones lingüísticas de América Latina. Ha investigado a fondo el español de Honduras y las lenguas indígenas como el lenca, el náhuatl y el garífuna, contribuyendo a su documentación y preservación.
Destaca su coordinación en proyectos de educación bilingüe intercultural, como el PEBIT, y su participación en iniciativas internacionales como VARILEX, sobre variaciones léxicas del español. También fue profesor de la Maestría en Lexicografía de la RAE y coordinador del Diccionario de americanismos publicado por ASALE en 2010. Su legado combina rigor académico, compromiso social y una profunda vocación por la diversidad lingüística.