Por Enrique Alejandre Torija
A lo largo de muchos siglos se han ido construyendo en el Estado español muchas expresiones de rechazo hacia todo aquello proveniente del Islam, entre ellas la palabra 'moro', un término que suele pronunciarse con desprecio, por representar lo contrario a Occidente, al cristianismo, e identificarse con los invasores que durante ochocientos años permanecieron en la Península Ibérica y que, finalmente, tras la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos, se inició un proceso de prohibición de su cultura, costumbres y religión, en un intento de afirmar la uniformidad religiosa en todo el Reino y la seguridad de éste, que acabó con la expulsión de los moriscos en los años 1609-1614.
Actualmente el rechazo, la antipatía y la intolerancia se han incrementado por efecto de la inmigración, alentados por quienes en este país nos presentan a estos inmigrantes como delincuentes, que vienen a suplantar nuestra cultura, a masificar nuestros servicios públicos, en fin, que son poco menos que la causa de todas nuestras desdichas.
Para desintoxicarnos de esta campaña es muy conveniente hacer el saludable ejercicio de repasar un poco la historia, y así nos oxigenaremos al conocer que muchos de nuestros actuales rasgos culturales provienen de las aportaciones de la civilización musulmana a España.
En el ámbito de la agricultura y la ganadería, de la mano de los árabes vinieron el perfeccionamiento de sistemas de riego y presas construidas por los romanos, la noria, los fertilizantes, el arado de ruedas, los cítricos, el algodón, la berenjena, plátanos, espinacas, el arroz, los injertos vegetales, la oveja merina… En lo tocante a la salud su tributo no fue menor, pues nos dejaron la higiene bucodental, la medicina anatómica forense, avances en oftalmología, el aseo del cuerpo, los hospitales… Por lo que se refiere al campo matemático introdujeron la numeración arábiga, el número 0, ecuaciones de primer y segundo grado, cálculos de superficie y volumen… En el área de la lingüística introdujeron muchas nuevas palabras, tantas que aún hoy, el Diccionario de la Real Academia Española recoge unos 4.000 términos originarios del árabe. Incluso trajeron nuevos instrumentos musicales para hacernos un poco más amable la vida, como la guitarra, que se desarrolló a partir del laúd.
Sería demasiado extenso seguir enumerando todas sus contribuciones, por lo que bajando ya al terreno de lo concreto, para reconocer la huella que dejaron en la tierra donde vivimos, que es la de Guadalajara, recordamos que el propio nombre de la ciudad deriva de la expresión Wad-al-Hayara, que traducida del árabe es 'El valle de los castillos', y que también se le atribuye el de Madina-al-Faray, que se relaciona con su conquistador o fundador, Al-Fardj.
Guadalajara alcanzó fama y prosperidad durante la dominación musulmana, siendo descrita así por el geógrafo Al-Idrisi:
"… una bonita población bien fortificada y abundante de producciones y recursos de toda especie. Está rodeada de fuertes murallas y tiene aguas vivas. Al Occidente de la villa corre un pequeño río que riega los jardines, los huertos, los viñedos y los campos donde se cultiva mucho azafrán, destinado a la exportación". (Descripción de España de Al-Idrisi).
Los musulmanes dejaron su impronta en el nombre de algunos barrios de la ciudad que se mantienen como Alamín (fuera de la muralla), o Alcallería que derivó a 'cacharrerías', y en el de localidades como Albalate (de Zorita), proviene de al balat, camino empedrado; Alcolea, al cualica, castillo pequeño; Algar de Mesa, Al Ghar, la cueva; Alhondiga, al funduq, el granero; Almonacid (de Zorita), Almuna Sidi, la huerta del señor; Azuqueca, as sukaika, el camino; Bujarrabal, bury al ribad, torre a las afueras; Bujalaro, bury al Arud, torre de Arud; Gárgoles, gar gar, escupir agua; El Casar, Al Qasr, el Castillo; Marchamalo, March-amal, el prado hermoso; Jadraque, Xaradraq, el campo verde…
El arte y la literatura florecieron en la Guadalajara islámica. La concatedral de Santa María con sus arcos de herradura túmidos tal vez sea su mejor representación, continuando la presencia del influjo musulmán en la iglesia mudéjar de Santiago, en la Capilla de Luis de Lucena, en el ábside de San Gil, en los templos de Aldeanueva, El Pozo de Guadalajara, el Cubillo de Uceda, el de San Simón de Brihuega…, en fortalezas como el Alcázar de Guadalajara, el castillo de Zorita de los Canes, donde se conserva una puerta califal, el de Molina de Aragón…
El Palacio del Infantado también revela una profunda influencia árabe empezando por su fachada con su decoración de cabezas de clavo en forma de rombo, un adorno de influencia musulmana. La disposición de arcos superpuestos en las galerías del Patio de los Leones, es propia del arte islámico, como igualmente el empleo de mocábares, especie de estalactitas de forma cónica que colgaban de los techos del Salón de Linajes y del de Consejos antes de su destrucción. El primer jardín del Palacio se cree era de origen morisco.
En el campo de las letras destacó Mahamad ben Yusuf Al-Warrac, oriundo de Guadalajara, protegido de Alhaken II, califa de Córdoba, para quien escribió la 'Historia de España y de África', 'Vida de los reyes y sus guerras', 'Un tratado de los caminos y reinos de África', 'Libros históricos de las dinastías africanas y sus guerras' e 'Historia de Wahram, Tahart, Tenes, Sigilmesa y Nacor'.
Igualmente sobresalió, Mohamad ben Yunus, El Hichari, de Guadalajara, que fue discípulo del sabio árabe de Talamanca Abú Omar (El Thalamanki). Se aplicó al estudio de la gramática, de la literatura y escribió varias obras de poesía e historia. Destaca su obra 'El Campeón', un tratado sobre lexicografía.
No faltaron poetisas, como Hafsa, nacida en Guadalajara en el siglo X, quien mostró en sus versos gran determinación en asuntos amorosos:
"Tengo un amante a quien no gusta hacer reproches
Y, cuando lo dejé, de orgullo se llenó y me dijo
¿Has visto a alguien semejante a mí?
Y yo también le he preguntado
¿Y has encontrado tu a quién me haga sombra?".
Un siglo más tarde vivió en la ciudad del Henares, Umm Al-Ala, de origen bereber, que se nos muestra enamorada en sus versos:
"Es bueno todo lo que surge de vos
y con vuestra nobleza se engalana este tiempo
los ojos tienden a miraros
se alegran los oídos si escuchan vuestro nombre
y quien vive sin vos, vive engañado",
y amante de los placeres:
"Si no fuera porque el vino
es el rival de la pasión ardiente y de la música,
juntaría las copas del licor, del amor y del canto
y en una sola reuniría todas las causas del deseo".
Los moriscos destacaron en el trabajo de la agricultura, del hierro, de diversas artesanías, y sobresalieron además como expertos albañiles y maestros de obras.
Para la solución de un importante problema como fue la traída de agua desde el paraje del Sotillo hasta el Palacio del Infantado, el duque Íñigo López de Mendoza se lo encomendó a un maestro albañil moruno, Alí Pullate, quien dispuso todos los conductos intercalados por arcas de agua en las que ésta se purificaba al decantarse y reducía su presión y que volvería a ser contratado años después para conducir el líquido elemento a diversas dependencias del Palacio y al jardín.
Una tarea de suma importancia fue la que realizó Mohammad Atuxabi, de origen moro, avecindado en Guadalajara entre 1493 y 1497, a quien los duques encomendaron la inspección de las obras de construcción del Palacio, de la calidad de los materiales empleados, de la comprobación de las medidas de lo ejecutado, entre otros, por muchos albañiles, canteros y carpinteros mudéjares.
En el siglo XVI, Ruy Gómez de Silva, valido y consejero de Felipe II, príncipe de Éboli y I duque de Pastrana, fomentó el desarrollo económico y con él la riqueza y el aumento de población de esta villa.
Una parte considerable de este progreso se debió a la introducción de la industria de la seda sobre la base del asentamiento durante 40 años de moriscos deportados de Granada tras la guerra de las Alpujarras quienes, con su pericia y laboriosidad en este oficio, convirtieron a Pastrana en uno de los centros textiles más pujantes de Castilla.
Pero estos artesanos y sus familias -un grupo de unas 2000 personas a principios del siglo XVII, el 30 por ciento de la población pastranera-, aún contando con el apoyo del duque, no fueron respetados aquí, como en ninguna otra parte, por las autoridades, que no les permitieron ni hablar su lengua -algarabía-, ni practicar su religión.
Llegado a este punto de la exposición, una conclusión se impone: 'nuestra' cultura, aquello que hemos dado en llamar 'lo español' es la síntesis de los elementos culturales aportados a lo largo de la Historia por el Islam, cuya presencia sigue muy viva; por el judaísmo y el cristianismo, especialmente durante la Reconquista. Hay que recordar a los intolerantes, que en el siglo XIII, el rey Alfonso X, llamado 'El Sabio', creó en Toledo una escuela de traductores, para traducir obras de carácter científico escritas por musulmanes y hebreos al latín y al castellano.
Frente a quienes defendieron que nuestra identidad nacional se aposentaba en el catolicismo, remontándose incluso a los godos, en 1948, el historiador Américo Castro publicó en el exilio, en Argentina, su obra 'España en su historia: judíos, moros y cristianos', -prohibida por el franquismo-, obra de interesante lectura donde el autor demuestra que lo que somos, nuestra identidad, la lengua, la cultura, entendiendo por esta nuestros planteamientos ante la vida, están marcados no solo por la influencia cristiana, sino también -y mucho- por la musulmana y la hebraica.
Enrique Alejandre Torija. Investigador de temas históricos, autor de 'El movimiento obrero en Guadalajara. 1868-1939' y 'Guadalajara, 1719-1823.Un siglo conflictivo' y 'La mujer trabajadora en Guadalajara.1868-1939'.
- 'Antología de la poesía andalusí'. Edición, selección y estudio de Manuel Francisco Reina. Edaf.Madrid.2007.
- García López, J. C., 'Biblioteca de escritores de la provincia de Guadalajara y bibliografía de la misma hasta el siglo XIX'. Madrid: Biblioteca Nacional, 1899. Madrid: Est. Tip. 'Sucesores de Rivadeneyra'.
- 'Descripción de España', de Al-Idrisi. Fundación Aquae. https://www.fundacionaquae.org
- López Beltrán, A., 'Toponimia de origen árabe en Guadalajara'. http://arabemdp.blogspot.com
- Plaza de Agustín, J., 'Historia de Guadalajara en la Edad Media'. Aache Ediciones. Guadalajara, 2021.
- Romero Medina, R., 'La fábrica de las casas del Infantado en Guadalajara (1376-1512). Los usos y las funciones artísticas de la temprana Edad Moderna en España'. Diputación Provincial de Guadalajara. 2024.