OPINIÓN. Pequeña Tesis sobre España y las migraciones (I)

05/02/2026 11:12 AM
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Por Santiago Araúz de Robles

 

"Toda nuestra esperanza la tenemos puesta en el sol…, que quiera lucir y calentarnos, y fundir la nieve…, ¡cómo se comprende el culto al Sol, con mayúscula, de los hombres primitivos!". El párrafo no es mío, lo escribe Rafael Cansino Assens, judío español el 5 de enero de 1945, en su diario de posguerra, es decir cuando ve un horizonte de paz, por un lado y, al tiempo, se está enfrentado al hecho más sustancial de la vida, que es la muerte: 'su' Josefina -en la pareja, todos somos la mitad de un todo- está a punto de morir-a causa de un cáncer incurable. Está en la hora de su suprema lucidez, pues.

 

El hombre se 'civiliza', en diversas latitudes, cuando inventa la creación del fuego. Y, en sus movimientos colectivos sigue una ruta, la del sol. Quizás, también la de la aventura, y no hay aventura que más provoque que la inmensidad del mar, la frase "plus ultra" sintetiza un deseo universal.

 

Europa, que pronto se sabe 'continente', es decir espacio limitado y compartido, para lo bueno y para lo malo, se ha guiado por ambas ansias. Sus países 'nórdicos' se aventuraron hacia el septentrión, es cierto: no se sabe con certeza si en busca de la entonces no nombrada aún 'América', que es la sustantivación de un nombre singular, el de Américo Vespucio. Buscaba la aventura. Y, sin embargo, pronto después del descubrimiento del 'Nuevo Continente' esos países noreuropeos viraron tambíén hacia el mediodía, se hicieron en sus ensoñación y en la práctica mercantil 'meridionales': la Compañía de las Indias Occidentales es un hallazgo comercial de los Paises Bajos.

 

España tiene, para su bien y para su mal -vuelvo a esa aclaración- la clave europea del sol y de la aventura. Abrió el inmenso mar Atlántico (el de los  temibles 'atlantes', los seres míticos, gigantescos) en una soberbia aventura (la de romper para el mundo conocido el nom plus ultra) y descubrir la apoteosis del sol, en el Trópico.

 

Esa ha sido la aportación ibérica a la Historia y su justificación en ella, hasta hoy mismo. ¿Cómo lo consiguió? Encabezando en el mundo conocido (entonces, en el que se mostraba como “el tiempo propicio” para la aventura  y el progreso, la inmensa Asia era otra historia, peculiar, distinta, incluso divergente) la respuesta a la llamada del Sol, para la claridad humana, incluso en el aspecto cultural (también en el material: no se explicarían la mesa, y la industria y la cultura de la.civilización Occidental sin América, primero hispana y luego sajona).

 

La Iberia (incluido Portugal) es la permanente 'llamada a venir': para Europa, y hasta para Oriente próximo y el norte de África (en este caso ardiente, excesivo en Sol). A la 'península' llegaron, en flujo continuo y a veces en aluvión, en hordas, los celtas, los fenicios, los cartagineses, Roma (fuimos su gran deseo, como novela hoy en día, y muy documentadamente, el catedrático Santiago Posteguillo), los vándalos, suevos y alanos, los visigodos en suma (los germánicos), los árabes, éstos viniendo del este y del sur. Y tras 'el descubrimiento', y en flujo de doble sentido, como respondiendo a nuestra presencia invasiva nos han ido invadiendo en rachas los sud y centroamericanos (los 'gallegos' para Argentina, los vascos para el sur de USA,  hoy en día los venezolanos, en masa, esperemos que circunstancialmente). Se nos califica a los hispanos, con razón, de 'cruce culturas'. Y, en todo caso, en la Península y en América, somos necesariamente un pueblo mestizo, algo que hay que considerar al enjuiciar el contemporáneo fenómeno mundial, que nos afecta directamente, de la 'migración'.

 

Esa migración con nuestros 'exteriores', que son varios -y con toda lógica, general y exógena- es también 'interior' en el conjunto de la Península. Por ejemplarizar, no conozco ningún país europeo en que exista o hay existido una institución como 'la Mesta', es decir la gestora de los movimientos internos, periódicos y masivos de la ganadería, bovina y ovina. Hasta fechas históricamente próximas (y, por supuesto, aprovechando los avances en la movilidad de personas y cosas, sobre todo frutos de los regadíos, iniciados por los árabes, y en 'el sur', claro) España no era 'la huerta de Europa'. Pero sí la proveedora de lanas de 'merino' (fundamental hasta la llegada de las fibras sintéticas), y del cereal de la Meseta. El sol hacía rica en el trasiego continental, 'mundial', en realidad, a la España preindustrial.

 

Luego vino la decadencia de Europa -solo hábil para las guerras intestinas- con nuestra decadencia culturalizadora en América. El siglo XIX es un siglo triste para Europa, salvo…por el hallazgo sajón de la industria, y la revolución social 'populista' que le acompaña. ¿Y qué hay dela España triste, paralizada, doliente y que, además, sin alcanzar su propia industrialización y socialización, se enzarza en demoledoras guerras internas: primero las casi solo nórdicas carlistas, y luego las totales 'civiles' del 36).

 

Dentro de esa decadencia cainita -que arroja sobre la sociedad la tristeza de los intelectuales del 98- y luego la parálisis de la sociedad civil- España tuvo la 'suerte', -llamémosla así- de que las armas no suponían un arrase colectivo. Salvo excepciones como Belchite, o Guernika, por ejemplo. Hubo muchas muertes pero poca destrucción del patrimonio inmobiliario (se quemaron los interiores de iglesias, y se masacró al hombre religioso: solo en la provincia, se fusiló a 124 sacerdotes). La España de 1939 no era la Gaza, o la Ukrania de 2026.

 

Y España comenzó un proceso de reactivación cultura, social y económica dormido desde el siglo XIX. Concurrieron distintos factores:

 

-Un bando ganador que sabía que debía 'reivindicarse' por los globales errores de dos centurias. Se construyeron pantanos, se hizo el 'plan Redia', la red ferroviaria se reconstruyó y modernizó hasta aportar innovaciones incluso a nivel internacional (Talgo) con ayudas financieras del BID, se soñaron y construyeron 'polos y polígonos' industriales, y Girón -más pueblo, de ese pueblo que admiraban Ortega y Gasset y/o García Morente -más ciudadano popular, digo, que falangista- implantó la Seguridad Social Universal.       

 

-El rechinante proceso de telecomunicaciones, puso al ciudadano español a la puerta entreabierta 'de lo que ocurría en el mundo': un pastor de Castilla sabía, por ¡el transistor! cómo se vivía en Madrid, y la fotografía de un emigrante a Cataluña le mostraba que allí se usaba la gabardina.

 

-Se supo que el mundo era ancho, y no siempre ajeno (contra Ciro Alegría), y que Suoza y Francia estaban abiertos a le inmigración de temporada de los jornaleros españoles, y Argentina y Méjico a la que tenía intención de permanencia.

 

-Pero sobre todo, y a más, más, volvió a brillar el sol perenne y para todos, y el turismo de sol empezó con fuerza, crecientes, y con la base de un patrimonio histórico subsistente y casi único, y de un pueblo 'mestizo' -donde, aunque se pretendiera, nadie era 'extraño'- la mundialización de España. Europa ya no era enemiga sino la aportación -en su beneficio cultural, constructivo, social y hasta político (la 'Transicción' sería su cristalización)- a su 'futuro' congelado en la sociedad que retrata Galdós.

 

Con razón, se ha calificado a la España del 'régimen', de milagro español.

 

Cesó la inmovilidad.

 

Por el contrario -y aún antes del período de 'los lópeces' que dieron forma a ese nuevo (sin perder su raíz cultural) ser de España, se produjo una enorme movilización del pueblo español: en torno a los años cincuenta-sesenta, en España se produjo el mayor fenómeno mundial de conurbación: de una población de en torno a veintisiete millones de habitantes, cambiaron de residencia, oficio, y forma de vida en definitiva, unos seis millones.

 

Santiago Araúz de Robles. Abogado y escritor.

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