Por Santiago Araúz de Robles
Es el fenómeno sociológico que se ha llamado -y que se sigue produciendo- 'la despoblación', refiriéndose al abandono del medio agrario en beneficio del urbano, que sin duda ofrece mejores servicios y 'oportunidades', si bien, o mal, produce vacíos de sociabilidad (de relación y afirmación de la individualidad, en definitiva) en el que la 'civilización' científica y técinica se 'desaliente', no se me ocurre otra palabra, pero que está latente en el alma humana que, persona a persona, es lo que crea humanidad.
El clima humano, 'el humanismo' el mayor, diría que el único e insustituible, que define y construye al hombre. ¿Y que sigue manifestándose? Me refiero, por ejemplo, a esa positivas aculturaciones culturales que acompañan a los procesos migratorios en general, y a los interiores, en particular. Por ejemplo, pero ejemplo realmente ejemplar, valga la redundancia, el hecho tradicional, natural y aún subsistente, pero en declive que es 'la trashumancia'. Me fijo en una concreta: la que hace interdependientes a las serranías de Guadalajara-Cuenca (comarca de Los Montes Universales, con la institución comunitaria de 72 pueblos, con el nombre y la organización única y escrita de 'Casa de la Común', con Sierra Morena en la vertiente de Andújar. En los siglos XVI a XIX, mi familia, los Araoz, emigrantes de Oñate (luego, por un desliz ortográfico en el libro parroquial de bautismos de Peralejos de las Truchas, nombrados Araúz) ya hacían la vereda, 21 días de ida o vuelta, desde tal localización a Las Navas de Tolosa. Y, una vez que se aquietaron los ánimos y los hábitos, toda la Sierra de Andújar se pobló de 'serranos' castellanos, de la amplia extensión del Señorío de Molina: es mi familia, y la de los Sorando, y la de Samuel Flores, o los Flores Alabarrán, o Raúl, a secas, o Bernardino Jiménez...
Y hay más: para el gobierno de nuestros rebaños de ganado lanar merino, el mayoral era Epifanio Sanz (la perfección de cuyo castellano admiraba al catedrático de Salamanca, padre Mauricio Iriarte, estudioso -de fama mundial- de la 'Sábana Santa', de Turín; y luego, gestor de todo el patrimonio rural de mi familia. Al igual que Fermín, de Hoceseca, creo recordar, era mayoral de la ganadería de bravo. Y Rodrigo, de Guadalaviar viajaba cada año para responsabilizarse de la almazara de aceite.
Aportaban su laboriosidad ilustrada, que se cruzaba fecundamente con la creatividad -habilidosa y chispeante de los 'alarifes'- Pedro Mártir, Manolo Villarejo o/y Ezequiel Camuñas, para construir, y conservar el caserío de santa Amalia (diseñado por Ramón Pajares, arquitecto de Regiones Devastadas, año, todavía,1950, y declarado protegido de Interés Rural, con capilla revestida de zócalo Ruiz de Luna, 'patrimonio universal' de la humanidad, y talla de la Virgen de la Cabeza obra del imaginero granadino Navas Parejo… Integración, fecunda sin alharacas ni hojas de seguimiento, de culturas diversas, a la que puede adormecer (mi ilusión es tenderme sin ilusión alguna,… se coforma-lamente el cosmopolita Machado, don Manuel) el agitado 'fare niente' del presente tiempo, como expresión de un 'Estado del Bienestar' líquido.
Se marcan vías, en la mar actual. Difícilísimos trazos en el agua móvil, desnortada, la estrella polar tras el lienzo sutil del subsidio, cuanto más amplio y generalizado mejor, como forma de vida expansiva. ¿Hay algún atisbo, subsistente o barruntado, de que pueda el Estado (Poder, casi por esencia, obsesivo) conformarse con ser el servidor doméstico de la sociedad compuesta por verdaderos hombres, en 'cuyo interior hábitat véritas', dejando el futuro para todos lo creadores, en ciencias, en creencias, en valores, en 'creatividad', reitero la palabra, en suma?
Vienen a la mente, con un actualidad exigente, los versos de Fray Luis de León desde su cátedra salmantina: Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruido- y sigue la escondida senda- por donde han ido -los pocos sabios que en el mundo han sido. Una utopía, una distopía en el mundo actual de los obsesivos avances hacia la riqueza-poder, por la izquierda? Ustedes eligen, contra corriente y mientras haya espacios vacíos que reclamen. El campo casi despoblado -salvo por tu ánimo- podría ser una convocatoria para artistas, pensadores, filósofos: para cuantos -pocos- antepongan la felicidad de lo auténtico al febril correr tras el éxito (buscado por la publicidad). Para quienes, en definitiva, descubran y confíen en que la vida tiene sentido, y o es la realización de ese sentido y afronta el dilema filosófico de Albert Camus: solo hay un problema filosófico serio: el sucidio.
Hacia ese precipicio parece dirigirse la floreciente civilización ultramoderna. Y lo comienza a realizar en las guerras, que son de amplitd territorial y, siempre, no ya en el campo de batalla sino en los núcleos de población. El mundo camina hacia ser una única guerra civil. En cualquier momento.
Santiago Araúz de Robles. Abogado y escritor.