“Creo que seguirán respetando su ideario, lo único que alentó tantos afanes malogrados y tantos sacrificios. Respecto a su vida, fue limpia y transparente como el cristal”. Con estas palabras que su viuda, Amparo Meliá Monroig, dejaba en una entrevista poco después de su muerte, arranca la exposición “Como el cristal. Una vida transparente” dedicada a Pablo Iglesias Posse (1850-1925), en la sala temporal del Museo Provincial de Guadalajara, en el Palacio del Infantado, que se inauguraba el pasado 9 de diciembre, coincidiendo, precisamente, con el centenario de su fallecimiento.
La muestra alcanza esta semana su recta final con más de cinco millares de visitantes a sus espaldas y apenas siete días por delante, hasta el 15 de febrero, para que los rezagados, que no lo hayan hecho todavía, puedan adentrarse en un pedazo de la historia de España y conocer cómo se originó el movimiento obrero y el socialismo en la provincia de Guadalajara, a través de numerosos objetos, algunos de ellos pertenecientes al propio Pablo Iglesias Posse, publicaciones, maquetas y obras de arte que palpitan en el interior de las vitrinas, en las paredes y en cada uno de los rincones de la sala. Y todo ello con una perspectiva innovadora, que introduce el feminismo en el relato, una reivindicación que el fundador del PSOE defendió a capa y espada, como muestra el mismo mitín que ofreció en Guadalajara con motivo de la inauguración de la Casa del Pueblo, en 1915.
Los comisarios de la exposición, organizada por la Fundación Pablo Iglesias, con la financiación del PSOE, Enrique Lorente González, Rodrigo Lucía Castejón y Araceli Martínez Esteban, insisten en que esta iniciativa no está dirigida a un público militante, ni siquiera apasionado por la historia o el movimiento obrero, sino que está pensada para un público general que puede disfrutar de cualquiera de sus diferentes elementos expositivos: “Simplemente puedes venir y hacer un recorrido por las obras de arte que se han traído, porque solamente los cuadros representan una exposición en sí misma. Quien quiera aumentar sus conocimientos tiene la oportunidad de leer los paneles o si no, sencillamente, puede ver las vitrinas que son muy llamativas y centradas en la provincia de Guadalajara”, relata Rodrigo Lucía.
Y es que, si bien es cierto que la muestra es interesante para todo tipo de públicos, también lo es que difícilmente encajaría en otra provincia, porque Guadalajara está siempre presente en su relato.
Lorente destaca los inicios del movimientos obrero en la industria salinera de Guadalajara, en lugares como Imón, La Olmeda de Jadraque y Santamera en la Sierra Norte y Saelices de la Sal y Armallá en el Señorío de Molina, durante el siglo XVIII; en las minas de plata de Hiendelaencina; o la fábrica de chocolate “La Estrella” de Brihuega, donde se crea el primer grupo adherido a la Internacional de Trabajadores de la provincia de Guadalajara.
“En casi todos los paneles hay una menciones a Guadalajara, porque hablamos del inicio del movimiento obrero y en la provincia encontramos datos muy significativos. Por ejemplo, Guadalajara es el primer Ayuntamiento de toda España que aprueba la jornada laboral de ocho horas para los funcionarios. Hay que recordar que la jornada 8-8-8 es una de las grandes demandas del movimiento obrero en sus orígenes: 8 horas de descanso, 8 horas de trabajo y 8 horas de ocio y disfrute”, comenta Enrique Lorente. Lo hace el 19 de enero de 1919, meses antes del decreto que, precisamente, suscribió el conde de Romanones el 3 de abril de 1819, que reconocía por primera vez en España esta demanda obrera, en plena crisis social por la huelga de la compañía eléctrica conocida como “La Canadiense”, en Barcelona.
“Por unas cosas u otras Guadalajara está ahí, de alguna manera, en el escenario, en momentos históricos señalados que habitualmente nadie nos ha contado”, continúa el comisario.
De hecho, una parte esencial de la exposición se centra en la agrupación del Partido Socialista Obrero Español de Guadalajara, que fue la segunda en constituirse en España después de la de Madrid, antes incluso que la de Barcelona. La agrupación de Madrid se fundó el 2 de mayo de 1879 y le siguieron Guadalajara y Barcelona, meses más tarde. “Su creación guarda un paralelismo muy claro con Madrid”, explica Lorente. Cabe recordar que el el núcleo fundador del PSOE en 1879 está formado casi íntegramente por tipógrafos y obreros de las artes gráficas. El propio Pablo Iglesias era tipógrafo.
El 3 de abril de 1877 se pone en marcha la Imprenta Provincial de Guadalajara “en el contexto de una creciente demanda del papel, por dos razones: Por el inicio de la burocracia a finales del siglo XIX y el auge de la prensa. La Diputación se da cuenta de que hay que montar una imprenta moderna y compra la maquinaria, pero aquí no hay gente cualificada, por lo que empieza a traer personal de Madrid ligado al arte de imprimir y al núcleo original de Pablo Iglesias”, relata Lorente.
De esta manera, el PSOE y el movimiento socialista en Guadalajara también se fragua en Guadalajara en torno a la imprenta y al gremio de los tipógrafos: “Hay un personaje muy interesantes dentro de los tipógrafos, como Julián Fernández Alonso, que es el padrino de Pablo Iglesias mucho antes de que se cree el PSOE”, indica. Este tipógrafo viene a trabajar a la Imprenta Provincial de Guadalajara tal y como demuestran varios documentos: “Aquí tenemos este documento que es importantísimo, que lo firma Pablo Iglesias cuando todavía era muy joven y en el que aparece Julián Fernández Alonso, que después será uno de los fundadores de la agrupación socialista de Guadalajara. Julián Fernández también aparece en un Boletín Oficial de la Provincia relativo a otra cuestión, que enumera, más o menos, la plantilla de la Imprenta Provincial”, señala el comisario de la muestra mientras se traslada de panel, en panel, apuntando la evidencia.
Lorente también se refiere a otro personaje significativo, Enrique Burgos, uno de los firmantes del acta de la reunión en la que se funda la Agrupación Socialista Madrileña, en una modesta fonda de la madrileña calle Tetuán, que también aparece entre los nombres de la plantilla de la Imprenta Provincial y al albañil Modesto Aragonés, “que llega a ser una figura importante dentro de la UGT” y al carpintero de Fuencemillán, Luis Ranz Herrera, que se convertiría en el primer concejal socialista en 1909 en Guadalajara capital.
Pero el discurso expositivo de la muestra no sólo se centra en la figura de Pablo Iglesias y el surgimiento del Partido Socialista Obrero Español y la Unión General de Trabajadores, sino también en el contexto histórico y social en el que suceden estos capítulos concretos y en la historia de Guadalajara, desde la perspectiva social, “y algo muy importante que tiene esta exposición y que, prácticamente, no ha tenido ninguna otra con una temática similar, que es la perspectiva de género”, comenta Araceli Martínez.
´
La comisaria de la exposición recuerda que siempre se han explicado las condiciones de vida de la clase trabajadora en el siglo XIX; los conflictos sociales que surgen como consecuencia de las mismas y la organización de los obreros en distintos movimientos para alcanzar sus demandas, mediante un relato en el que las mujeres y las niñas “siempre han sido las grandes olvidadas, cuyas condiciones de vida eran todavía peores”. Martínez recuerda que el salario de las mujeres era un 60% o más inferior al de los hombres y que se utilizaba mano de obra infantil en el campo, en las fábricas o en las minas de manera masiva y muy precarizada.
“Una de las preocupaciones que había en relación a lo que se llamó la cuestión social, como el estudio y las propuestas en torno a las desigualdades que se habían originado como consecuencia del proceso de industrialización era precisamente la explotación infantil, que les alejaba, por otra parte, del acceso a la educación”, aclara.
Muchas de las mujeres -continúa la comisaria- “trabajaban en oficios informales y, en cualquier caso, siempre peor pagados, hasta el punto de que, a veces, tenían que completar sus salarios con la prostitución, de manera que ésta se convirtió en un problema social de primer magnitud para el cual se intentó dar distintas respuestas, no siempre afortunadas. Precisamente, la abolición de la prostitución se encuentra en los orígenes del propio movimiento feminista y también del obrero, entendiendo que es una sobreexplotación de las mujeres, la más brutal que se sumaba a otras que ya sufrían”.
Para diseñar esta interesante iniciativa se ha contado con la colaboración de dos docenas de entidades privadas e instituciones públicas: “Aquí hay cuadros del Museo de las Artes de Bilbao, del Museo de las Artes de Álava, del Museo de la Minería del País Vasco, la maqueta de la mina de Santa Catalina viene de Hiendelaencina, también hay obras del Museo de las Artes de Cataluña y de la Posada del Cordón de Atienza y el Ayuntamiento de Burgos nos ha prestado un cuadro… Aquí hay cerca de un centenar de obras de arte, objetos y documentos de primer nivel”, enumera de cabeza Lorente.
Entre las obras que recoge la muestra, se encuentra, por ejemplo, la cabeza yacente de la tumba de Pablo Iglesias: “Se trata de un original que el autor descarta porque le sale un pelo en la parte izquierda, por temor a que le entre agua y termine rompiéndose”, comenta el comisario.
Entre estas entidades no podía faltar el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara que siempre tiene algún tesoro que aportar a este tipo de iniciativas, dando muestra una vez más de que lejos de ser un cementerio de legajos y papeles olvidados, es una sementera donde nuestra historia cobra vida y se reconstruye continuamente. En esta ocasión, ha contribuido a nutrir la muestra con tres interesantes documentos: El libro de Familias de Legos del Catastro del Marqués de la Ensenada de la ciudad de Guadalajara de 1752, donde se contienen las relaciones y declaraciones de los trabajadores de la Fábrica de Paños; el panfleto “La verdad al pueblo”, procedente de la colección documental donada al Archivo por Juan Pablo Calero Delso, y la fotografía de la Casa del Pueblo de Guadalajara, que ilustra el inicio de la exposición, correspondiente al fondo fotográfico de Francisco de Goñi.
Aunque la obra más llamativa, sin duda, es la escultura de un obrero de gran tamaño que preside la estancia y que esconde una interesante historia. Se trata de un modelo del grupo de obreros que formó parte del monumento a Pablo Iglesias del escultor Emiliano Barral, procedente del Museo de Segovia. La obra monumental se levantó en 1936 en el Parque del Oeste y fue dinamitada y tapiada en 1939, tras la entrada de las tropas franquistas a Madrid. Sólo se salvó la cabeza de granito, que fue reconocida y rescatada en los años 50 por José Pradal, delineante del Ayuntamiento y militante socialista, mientras era destrozada por unos obreros. Pradal la enterró en el parque del Retiro, donde permaneció oculta durante varias décdas, hasta que fue recuperada en el año 1979, una vez muerto el dictador. En el año 2000 se inauguró un nuevo monumento a Pablo Iglesias en la calle madrileña que lleva su nombre, cuyo elemento central es una copia en roca arenisca de la cabeza original de Barral. El escultor segoviano también fue el autor del mausoleo de Pablo Iglesias en el cementerio civil de Madrid.