Aumenta el rechazo de los jóvenes y adolescentes hacia las personas en situación de pobreza y vulnerabilidad

Publicado por: Ana María Ruiz
08/02/2026 08:00 AM
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Una persona sin hogar, fotografiada hace unas semanas en el barrio de Los Manantiales//Imagen: El Decano de Guadalajara.
Una persona sin hogar, fotografiada hace unas semanas en el barrio de Los Manantiales//Imagen: El Decano de Guadalajara.

Aporofobia: la cruda realidad que se esconde detrás de una extraña palabra

 

El Diccionario de la Lengua Española está lleno de palabras que incorporan el sufijo 'fobia' para definir términos que indican temor, aversión o rechazo irracional a algo o a alguien. Una de esas palabras, quizás de las menos conocidas, es ‘Aporofobia’, cuya definición esconde una cruda realidad: "Fobia a las personas pobres o desfavorecidas". 


Se trata de un fenómeno que nos toca de lleno como sociedad y sobre el que es preciso reflexionar, ya que es una de las formas más crueles de exclusión social. 


El Decano de Guadalajara ha conversado con Sheila López Prados, una experta en la materia, doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de Alcalá de Henares, cuya tesis doctoral versó precisamente sobre este tema, bajo el título 'Aporofobia o sensibilidad intercultural. Dos caras de una misma moneda'. 


"La aporofobia es el rechazo, miedo o aversión hacia las personas en situación de pobreza y de vulnerabilidad. No se trata tanto de un rechazo a la opción cultural o a la diferencia, sino a lo que es la pobreza en sí misma", afirma. 


López Prados, psicopedagoga y docente, con una amplia trayectoria investigadora en los ámbitos de la educación y la inclusión y que trabaja como orientadora en un instituto de la capital, ha destacado que, tanto los datos recabados en su tesis como su experiencia en las aulas reflejan una conclusión que le ha sorprendido: la aporofobia está aumentado entre los adolescentes y los jóvenes: "Desgraciadamente, se detecta que en los últimos años se está incrementando en estos tramos de población. Ahora los adolescentes tienen más rechazo hacia las personas pobres, los migrantes y hacia las personas en desventaja social. Nos sorprendió bastante porque pensábamos que los jóvenes iban a ser más sensibles y resultó que son los que más rechazan a los pobres. Pensábamos que ya estaba erradicado, y nos hemos dado cuenta que es todo lo contrario".

 

Por ello, considera esencial disminuir esta tendencia "trabajando desde los centros educativos como algo fundamental, haciendo programas de concienciación desde Infantil hasta la Universidad de manera transversal. No vale con dar una charla puntual sino que es necesario trabajarlo de forma más profunda", manifiesta. 

 

En su estudio también se reflejó que "la sensibilización intercultural ayuda disminuir el rechazo hacia las personas pobres, que las mujeres somos más sensibles y menos apórofobas que los hombres, que haber vivido fuera del país de origen y el contacto con el voluntariado y las ONGs ayudan a que se reduzca ese rechazo".

Sheila López Prados, doctora en Ciencias de la Educación.
Sheila López Prados, doctora en Ciencias de la Educación.

 

Más empatía con los vulnerables


Sheila López asegura que la aporofobia tiene un impacto muy directo en la cohesión social, aumenta los discursos de rechazo, incrementa la desigualdad, dificulta la convivencia en contextos culturales entre diferentes y puede condicionar las políticas sociales: "Cuando normalizamos este rechazo a las personas en situación de pobreza, se debilitan las respuestas colectivas frente a la exclusión y en la vida cotidiana tiene muchas consecuencias porque la aporofobia no sólo se expresa en actitudes, sino también en prácticas sociales, institucionales y educativas. Produce barreras de acceso a recursos, influye en que tengamos desconfianza ante las personas que reciben ayudas sociales y aparece una menor empatía social hacia las situaciones de vulnerabilidad". 


Por ello, considera necesario que la sociedad sea más empática con los vulnerables: "En el estudio se revela que tenemos prejuicios, miedo a encontrarnos en esta misma situación de pobreza y tampoco ayuda que desde algunos medios se traslade que las personas en situación de pobreza son delincuentes o que van a hacer algo negativo", denuncia.


A ello contribuyen los discursos de odio de determinadas formaciones políticas, especialmente los que lanza la ultraderecha, asimilando pobreza e inmigración con delincuencia y generando animadversión y desprecio por las personas beneficiarias de ayudas sociales a través de términos como "paguitas": "Los discursos de odio no ayudan porque ofrecen una mirada excluyente. Hay que intentar visibilizar que en lugar de tener prejuicios debemos entender a las personas que están en esta situación y diferenciar la aporofobia de la xenofobia, aunque están bastante relacionadas”. 


En este sentido, la doctora en Ciencias de la Educación destaca que "las personas migrantes son rechazadas. Pero los pobres. Por poner dos ejemplos, un árabe o un futbolista extranjero que tienen mucho dinero no son rechazados. Lo son aquellos que no tienen nada que aportar. Hay que cambiar esa visión de que determinadas personas son aceptadas cuando tienen recursos pero se las rechaza cuando carecen de ellos". 

 

Por ello, es extremadamente importante la concienciación social, especialmente la que realizan las ONGs y otras organizaciones de carácter humanitario, pero también desde el punto de vista individual: "Hay que intentar concienciar a la sociedad de que entre todos podemos ayudar a las personas que están en situaciones más vulnerables y saber diferenciar que no están en esa situación porque quieren. Hay que ir un poco más allá y visibilizar el aspecto positivo, intentar abordarlo desde el respeto, la empatía, la ayuda y el acercamiento para reducir el rechazo y la exclusión social”. 

 

No obstante y a pesar del triste panorama ante el que nos encontramos, Sheila López es optimista: "Aunque queda mucho camino por recorrer, entre todos podemos conseguirlo. Puede cambiar pero hay que ir todos a una. Es importantísimo concienciar y enseñar a no rechazar, especialmente a los niños y adolescentes", señala. 

  

El 20% de la población de la región, en riesgo de pobreza


La aporofobia cobra aún más sentido si tenemos en cuenta que, en España, la sociedad en su conjunto está experimentando un retroceso en materia de igualdad y que las tasas de pobreza crecen año a año por diversas circunstancias, lo que está llevando a las personas sin apenas recursos a formar parte de un colectivo cada vez más excluido, no sólo a nivel económico, sino también educativo y social. 


Prueba de ello son los resultados del IX Informe Foessa -fundación creada por Cáritas- sobre exclusión y desarrollo social en España, realizado por un equipo de 140 investigadores de 51 universidades, centros de investigación y fundaciones, presentado en noviembre de 2025 con datos relativos a 2024. 


En el mismo se refleja que  9,4 millones de personas viven en exclusión social en España, que acumula una tasa de pobreza infantil del 29%. 


Los datos relativos a Castilla-La Mancha fueron presentados a finales de 2025 en Guadalajara por parte del coordinador regional de Cáritas, Amador Cascajero, quien reveló que, según dicho informe, el 20,5% de la población de la región -428.000 personas- vive en situación de exclusión social, es decir, una de cada cinco. El 66% son de origen español. 


"El empleo precario, el coste de la vivienda, la fragmentación social y la salud son los pilares que hacen tambalear el sistema de bienestar social, en especial los dos primeros, pero no son las personas las que fallan sino el sistema", afirmó Cascajero en su exposición. 


A ello añadió que "hay que desterrar el mito de las paguitas, de la pasividad de las personas en situación de exclusión social, en Castilla-La Mancha, tres de cada cuatro hogares activan estrategias para salir de su situación de exclusión, trabajan, estudian o se forman para ello".

 

Desde Cáritas Diocesana Sigüenza-Guadalajara confirman esta realidad, ya que la inmensa mayoría de las miles de personas que atiende a lo largo del año y que participan en sus diferentes recursos pasan siempre por Empleo y Formación, "precisamente para poder mejorar su situación laboral y salir adelante con dignidad", se afirma desde la entidad.

 

Asimismo, los datos ponen de relieve que el rostro de la exclusión social en Castilla-La Mancha es el de la infancia, la juventud y los migrantes. "Esta realidad ya ha sido percibida por Cáritas Diocesana en los últimos años", se advierte. Por ello, se amplió la cobertura en el ámbito jurídico contratando a una abogada experta en extranjería, y también se reorganizaron las áreas creando la de Infancia y Familia para poder atender de forma concreta a los menores de edad según sus necesidades.

 

Imagen tomada hace escasas semanas en una céntrica calle de la capital. Allí 'pernocta' una persona sin hogar desde hace meses//Imagen: El Decano de Guadalajara.
Imagen tomada hace escasas semanas en una céntrica calle de la capital. Allí 'pernocta' una persona sin hogar desde hace meses//Imagen: El Decano de Guadalajara.

 

Cronificación de la pobreza en Castilla-La Mancha


El IX Informe Foessa refleja que en 2024 casi un 30% de la población estaba en riesgo de pobreza en Castilla-La Mancha, lo que suma la escalofriante cifra de más de 570.000 personas y un porcentaje notablemente superior al 19% que presenta el conjunto del país.

 

Pero lo más preocupante es que las tasas de pobreza se mantienen de forma sistemática por encima del 25% entre 2018 y 2024, lo que nos habla, según el informe Foessa, de una situación de "cronificación de la pobreza". "Los datos nos dicen que, a pesar de las mejoras económicas globales o de los esfuerzos personales, una de cada cuatro familias no logra salir de la situación de pobreza". 

 

La fragilidad económica persiste y, en algunos frentes, empeora. Alrededor del 8% de la población castellanomanchega sufre carencia material y social severa, frente al 8% de media de España, lo que se refleja en una fragilidad cotidiana que lleva a que casi cuatro de cada diez personas no puedan afrontar gastos imprevistos o que el 20% no puedan permitirse mantener la vivienda a una temperatura adecuada. 

 

Otro dato importante es que la vivienda se mantiene como un elemento clave que condiciona la vida en la región. El 22% de la población está afectada por algún rasgo de exclusión residencial. Los precios de compra y alquiler crecen mucho más rápido que los ingresos. En alquiler, la presión es doble: en Castilla-La Mancha el 47% de las personas que viven en régimen de alquiler a precios de mercado están en riesgo de pobreza, frente al 45% de España. Además, la cuota mediana del alquiler ha aumentado un 28% entre los años 2018 y 2023. Entre las capitales de provincia, el mayor incremento se registró en Toledo (29,4%), seguida de Guadalajara (28%).


Este incremento del coste de la vivienda se traduce en que 89.000 hogares destinan tantos recursos al pago de la vivienda y los suministros que, una vez abonados, las familias se quedan por debajo del umbral de la pobreza severa.


"El cuadro es claro- se afirma desde Cáritas- la pobreza se cronifica con fuertes impactos en las condiciones de vida". Por ello, se llama la atención sobre un "cambio de paradigma con dos motores": "Requiere instituciones públicas fuertes y una sociedad civil activa, capaces de cooperar por el bien común". 

 


Según las conclusiones del informe,son más necesarias que nunca políticas integrales que actúen sobre las raíces de la desigualdad, que no solo reparen, sino que prevengan la exclusión desde su origen y de forma estructural en materia de: vivienda, empleo, fiscalidad y protección social. "Ese es el camino que, desde Foessa y Cáritas, creemos posible y necesario", concluye el informe.

 

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Los resultados del IX Informe Foessa en Castilla-La Mancha fueron presentados en Guadalajara a finales de 2025//Imagen: Cáritas Diocesana de Sigüenza-Guadalajara.

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