¿Ha mirado alguna vez al cielo de Guadalajara y ha pensado que aquello no era un avión? Este miércoles 11 de febrero puede encontrar respuestas —o al menos nuevas preguntas— en la charla coloquio que acogerá el Bar Castilla (Avenida del Ejército, 15) a partir de las 19:00 horas.
El encuentro reunirá a tres voces habituales en el mundo del misterio y la divulgación: el ufólogo alcarreño Ángel Arroyo, el divulgador Daniel Valcárcel y el periodista David Cuevas. Los tres abordarán casos de OVNIs, muchos de ellos sucedidos en Guadalajara y su provincia, desde una perspectiva seria y documentada.
Lejos del sensacionalismo, los ponentes centrarán la conversación en la casuística investigada directamente, con trabajo de campo y testimonios de protagonistas. Porque si algo caracteriza al fenómeno OVNI es, precisamente, el papel central del testigo.
Han pasado casi ochenta años desde que los llamados "platillos volantes" irrumpieran en el imaginario colectivo. Desde entonces, miles de personas han relatado experiencias difíciles de explicar. El fenómeno ha sido interpretado de formas muy diversas según las creencias, los dogmas o las circunstancias personales de quien asegura haberlo presenciado. En algunos casos, esos episodios han marcado la vida de los testigos para siempre.
El cartel reúne perfiles complementarios.
David Cuevas, periodista licenciado por la Universidad Complutense de Madrid, dirige el podcast Dimensión Límite y el canal de YouTube Expediente Cuevas, espacios dedicados al análisis de enigmas y fenómenos inexplicados.
Ángel Arroyo, investigador alcarreño, es autor del libro Prodigios y misterios de Guadalajara, donde recopila episodios sorprendentes ocurridos en la provincia.
Daniel Valcárcel, divulgador y autor de Inteligencia y guerra electrónica, aportará una visión técnica y analítica a la conversación.
El evento está organizado por el grupo de Facebook Guadalajara Sobrenatural y la entrada será libre y gratuita hasta completar aforo.
Una cita para escépticos, curiosos y amantes del misterio que quieran saber qué historias se esconden —o se elevan— sobre los cielos de la Alcarria. Porque, quién sabe, quizá la próxima vez que mire hacia arriba lo haga con otros ojos.