OPINIÓN. Educar en la era digital: entre la inteligencia artificial y la necesidad de pensar

Publicado por: Sheila López Prados
24/02/2026 08:00 AM
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Por Sheila López Prados

 

Entre pantallas y pensamiento: ¿qué está ocurriendo en nuestras aulas?

 

El otro día, en el instituto, antes de comenzar un examen, pedí a mis alumnos que dejaran el móvil sobre la mesa. Es una norma conocida. Saben que no está permitido su uso. Sin embargo, lo que ocurrió después me hizo reflexionar.

 

No vi enfado. Vi nerviosismo. Vi miradas constantes hacia el dispositivo. Manos inquietas. Una pregunta repetida en voz baja: "¿Cuándo nos lo devuelve?". No había empezado la prueba y ya estaban pendientes del teléfono.

 

No era solo una herramienta. Era una necesidad.

 

Como profesora y orientadora en un instituto, y también como docente en la universidad, tengo el privilegio de observar dos etapas distintas de formación. Y en ambas percibo un denominador común: la dificultad creciente para desconectar.

 

En el instituto, el móvil está prohibido. Aun así, se lleva. Se consulta. Se esconde. Y cuando desaparece durante un examen, aflora una ansiedad que no podemos ignorar. No se trata únicamente del temor a no poder utilizarlo, sino de la
sensación de desconexión inmediata.

 

En la universidad la realidad es distinta, pero el fondo es similar. Allí el uso del ordenador forma parte habitual del aula. Muchos alumnos toman apuntes en formato digital. La tecnología está plenamente integrada en el proceso educativo.

 

Y es evidente que la inteligencia artificial ha venido para quedarse. Nos proporciona recursos prácticamente infinitos, facilita el acceso a la información y abre posibilidades extraordinarias para el aprendizaje. Negarlo sería absurdo. Bien utilizada, es una herramienta valiosa y necesaria.

 

El problema no es la tecnología. El problema es el uso constante, automático y sin regulación que estamos normalizando.

 

El cerebro humano, especialmente en edades jóvenes, continúa desarrollando funciones esenciales como la atención sostenida, el control de impulsos y la planificación. La exposición continua a estímulos digitales rápidos y fragmentados modifica la forma en que procesamos la información. Nos acostumbra a la inmediatez. Refuerza la búsqueda de recompensas rápidas. Reduce la tolerancia a la espera.

 

En la universidad observo cómo, mientras aparentemente toman apuntes, algunos estudiantes alternan pestañas, revisan mensajes, consultan notificaciones y vuelven al documento en cuestión de segundos. Cada interrupción fragmenta la atención. Cada estímulo compite por el foco mental.

 

Y cuando la atención se fragmenta de manera habitual, se resiente la profundidad del aprendizaje.

 

Pero quizá lo más preocupante no sea la distracción en sí, sino la pérdida de la paciencia.

 

Nos estamos acostumbrando a que todo esté disponible en un clic. A no atravesar el proceso de búsqueda, duda y elaboración personal. Si una respuesta no aparece de inmediato -si la inteligencia artificial no resuelve el texto en segundos- surge la frustración.

 

Sin embargo, aprender requiere tiempo. Leer exige concentración. Escribir obliga a ordenar el pensamiento. Argumentar implica analizar, seleccionar y estructurar ideas. Ese esfuerzo cognitivo no es un obstáculo: es precisamente el mecanismo a través del cual el cerebro consolida el conocimiento.

 

Como orientadora, observo cada vez más dificultades para mantener la atención durante periodos prolongados, menor tolerancia a la frustración y una necesidad constante de estímulo. Como profesora universitaria, percibo la dificultad para sostener la lectura de textos extensos o redactar con coherencia sin depender de apoyos inmediatos.

 

No se trata de rechazar la inteligencia artificial ni de regresar al pasado. Se trata de evitar que la herramienta sustituya al pensamiento. Si delegamos de forma sistemática la reflexión, corremos el riesgo de debilitar las capacidades que la educación debe fortalecer: el análisis crítico, la memoria, la autonomía intelectual.

 

La escritura no es solo un medio de evaluación. Es una herramienta para pensar. La lectura no es solo acumulación de información. Es profundidad, comprensión y construcción de criterio.

 

Entre el instituto y la universidad veo jóvenes extraordinariamente preparados en lo tecnológico. Pero también percibo una fragilidad creciente ante el silencio, la espera y la desconexión.

 

La cuestión no es si debemos incorporar nuevas herramientas. La cuestión es si estamos enseñando a utilizarlas sin perder aquello que nos permite pensar con autonomía.

 

Porque educar en la era digital no consiste únicamente en adaptarse a la tecnología. Consiste en asegurarnos de que, en medio de tanta inmediatez, no olvidemos algo esencial: detenernos para comprender.

 

Sheila López Prados. Doctora, orientadora y profesora universitaria. 

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