A las puertas del 8M, las ciudades y pueblos de la provincia se llenan de actividades y actos institucionales para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Una jornada reivindicativa con la que se pretende visibilizar el papel de las mujeres en la sociedad y la lucha por la igualdad, así como celebrar los avances conseguidos a lo largo de décadas.
En España y en Castilla-La Mancha contamos con una legislación muy avanzada en la materia. Poco a poco y gracias a gobiernos progresistas se han ido consiguiendo cuotas de igualdad con las que ni siquiera hubieran soñado las pioneras que abrieron camino al feminismo allá por el siglo XVIII.
Sin embargo, tres siglos después, esa ardua travesía hacia la igualdad que tanto trabajo y esfuerzo ha costado, cuesta y costará, comienza a resquebrajarse.
Resultan especialmente significativos -y preocupantes- los resultados del Barómetro Juventud y Género 2025, un estudio realizado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, que arroja un panorama bastante desolador.
Los datos reflejan que más de la mitad de los varones españoles de entre 15 y 29 años consideran el feminismo como una herramienta de manipulación política. Un porcentaje que roza el 39% en el caso de las chicas más jóvenes. Otro dato relevante es que tan sólo el 38% de los jóvenes se identifican como feministas, 12 puntos menos que en el mismo estudio del año 2021. Además, menos de la mitad de ellos considera que existan desigualdades de género.
Por ello, cabe preguntarse qué es lo que está ocurriendo precisamente en una generación que ha crecido en una sociedad mucho más igualitaria que la de sus padres y madres o abuelos y abuelas.
En este sentido, hay que reconocer que los discursos de las formaciones de ultraderecha respecto al papel de la mujer y la negación de las distintas violencias que se ejercen sobre ella (sexual, de género, económica, salarial, etc) están calando, y mucho, entre la juventud española. El retorno de los discursos que consideran que las mujeres deben ser madres abnegadas, esposas sumisas y cuidadoras a tiempo completo vuelven a escucharse en una España que hace tiempo renegó de ellos.
En 2009, surgió en EEUU y Reino Unido un movimiento digital masculino denominado manosfera que cada vez tiene más incidencia en nuestro país entre los adolescentes y jóvenes. A través de mensajes virales profundamente machistas servidos en foros de internet, perfiles falsos, en redes, mensajes en Youtube o Tik Tok e incluso en videojuegos, fomentan la cultura del odio hacia las mujeres y tratan de hacer conscientes a los hombres de que han ido demasiado lejos y, por lo tanto, hay que poner límites a sus derechos y frenar las corrientes feministas.
Estos mensajes, en su mayoría bulos, son un caldo de cultivo para la desinformación de género y son compartidos y magnificados en el inmenso universo de internet, que además ahora cuenta con una peligrosa aliada: la Inteligencia Artificial.
Otro de los aspectos negativos en la alarmante deriva que está tomando la visión de la igualdad por parte de los hombres y mujeres del mañana ha sido la presión ejercida por las corrientes feministas más radicales, que han señalado al varón como el culpable de todos los males hasta convertirle en enemigo. Y eso no es igualdad. Es frentismo.
No se puede situar continuamente a la mujer en el papel de víctima ni al hombre como su verdugo. Ni meter a todos en el mismo saco. Porque existen muchos varones comprometidos con la igualdad que son firmes defensores de los derechos de las mujeres.
Enfrentar no construye igualdad, sino confrontación. Y ese feminismo radical ha hecho un flaco favor a quienes precisamente dice defender.
Esté donde esté el origen de esa desafección de las corrientes feministas, en este 8M se impone una profunda reflexión a nivel político, social, educativo y familiar. No se puede avanzar en igualdad si hombres y mujeres no vamos de la mano.
De lo contrario, jamás llegaremos a esa sociedad igualitaria real donde cada uno luche por el papel que desee desempeñar en su vida con las mismas reglas del juego y lo haga con libertad de elección. Sea cual sea su sexo. Sin rivalidades. Sin coacciones. De igual a igual.