Las noticias y los medios de comunicación fijan el contexto de cada época. Las páginas de los periódicos de los años 1980 y 1990 están llenas de imágenes como la que ilustra este artículo, fotografías donde las mujeres, la mitad de la población, no aparecen enla esfera pública
La fotografía en apariencia no tiene mayor interés, corresponde a la inauguración en 1990 del polígono del Henares en Guadalajara. En ella se ve a un grupo de hombres, el quien es quién de la política local y regional de la época. Desde la perspectiva de género es la manifestación cristalina e innegable de la invisibilidad de las mujeres en política en aquellos años. Comparada con cualquier fotografía actual de un acto público, que no se concibe sin presencia femenina, también lo es de los avances logrados en las últimas décadas en materia de igualdad.
En la primera legislatura de la democracia, de entre 350 escaños solo 24 mujeres se sentaban en el Congreso de los Diputados. De los cerca de ocho mil ayuntamientos que había en toda España en las elecciones municipales de 1979, solo salieron elegidas 99 alcaldesas. Ampliando el foco, la presencia femenina en la esfera pública al inicio de la década de 1980 era manifiestamente escasa, reflejo del sistema político anterior, la dictadura, que no reconocía la plena capacidad legal de las mujeres, menores de edad de por vida.
Un ejemplo esclarecedor: la desclasificación de la documentación del intento de golpe de estado del 23F, que nos sumergen en la España de 1981. De nuevo esas imágenes del Congreso y de los soldados de reemplazo desplegados, los nuevos audios y todo el análisis político actual sobre una sociedad muy cercana en el tiempo, apenas ayer en términos históricos, donde no hay mujeres. Estrictamente, se podría decir que a posteriori la única presencia femenina en un momento tan significativo es la mujer de Tejero. Aun así, sus conversaciones han tardado cuarenta y cinco años en salir a la luz: al fin y al cabo solo era un ama de casa esclareciendo coloquialmente el papel de su marido en la intentona.
La literatura política de la Transición verifica que las mujeres eran siempre la excepción, nunca la regla. En sus muy recomendables memorias, hoy descatalogadas, el presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo ejecuta un exhaustivo ajuste de cuentas a sus colegas de partido y oposición a base de un humor gallego inesperado y socarrón. Y aplicado a un mundo totalmente masculino: en sus páginas no aparecen más féminas citadas que su mujer y su suegra.
“En general, siempre hubo presencia femenina” -afirma haciendo memoria Antonio Marco, catedrático y parlamentario regional entre 1995 y 2011, quien es capaz de citar todas y cada una de las mujeres de Guadalajara que han sido relevantes en política, lo cual da idea de su número. Marco cree que al menos en el PSOE la militancia femenina siempre “ha sido numerosa y muy activa”, aunque reconoce que la representación política “fue escasa hasta las medidas de discriminación positiva y luego las listas cremallera”.
Para la senadora socialista por Guadalajara y vice portavoz en la Comisión de Seguimiento del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, Araceli Martínez, “la presencia de las mujeres en política, de alguna manera ha sido un reflejo de cómo han ido evolucionando las mujeres en nuestra sociedad”. Y explica que “en aquella época no había mujeres ni se reclamaba su presencia porque se había naturalizado que las mujeres tenían otros objetivos, otros espacios que ocupar”. Así, “en la medida que el espacio de la igualdad se ha ido ampliando, nosotras también hemos estado en esos otros ámbitos que siempre hemos reclamado. Entre ellos el del poder: la capacidad de decisión, no solo para transformar la sociedad, sino transformarla desde nuestra agenda feminista. Es decir, incorporar a la agenda pública la agenda feminista”.
Esta incorporación se ha ido produciendo a la par que los avances en materia de lucha contra la desigualdad, a golpe legislativo. Según la escritora y ex dirigente del Partido Popular en Guadalajara, Albertina Rueda de Oria -cuyo próximo libro será una colección de cuentos de temática feminista-, “desde la España de los años ochenta, cuando muchas mujeres empezamos a abrirnos paso en ámbitos de los que habíamos sido excluidas durante siglos, hasta el día de hoy, la transformación ha sido evidente. Se han conquistado derechos, autonomía económica y voz política. Pero aun así la igualdad real sigue siendo un reto imprescindible: social, democrático y feminista”.
Ese reto se ha ido construyendo mediante la Incorporación de nuevas leyes derivadas de la necesidad real de actualizar la legislación existente y adaptarla no solo a la urgencia de una de representación paritaria, sino también a las demandas sociales y económicas de una sociedad en continuo progreso. Todos los gobiernos de la democracia han avanzado en este mismo sentido sobre la agenda feminista, sino que la propia legislación ha ido recogiendo mejoras sustanciales. Todas y cada una de ellas se pueden rastrear en el BOE.
“La evolución no se ha producido de una manera natural ni espontánea, ha sido por el quehacer del movimiento feminista, no sólo en España, que desde luego, sino también a nivel internacional”, reconoce Araceli Martínez. El punto de inflexión tuvo lugar en 1995, con la celebración de la Cuarta Conferencia de la Mujer de la ONU, de la que salió la Plataforma y Declaración de Beijing que va a marcar una agenda internacional “en la que se consagran no solo ideas avanzadas en torno a la igualdad y la necesaria transversalidad de la misma, sino también esa idea de universalismo: para poder avanzar de una manera realista lo deben hacer todas las mujeres del mundo”, explica.
La Declaración de Beijing se considera el plan más progresista que jamás ha existido para promover los derechos de la mujer. A partir de ese momento la palabra democracia queda asociada a nivel internacional a la de igualdad. Y se incluye la violencia de género como un tipo de violencia específico que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo.
“Una de las cosas más relevantes que se aprobaron en Beijing o que surgieron como consecuencia de todas las reflexiones que se hicieron en esta cumbre, fueron los instrumentos para la igualdad desde el mainstreaming: la aplicación de la perspectiva de género integral, los presupuestos con perspectiva de género. El mismo concepto de empoderamiento de las mujeres, se van consagrando una serie de instrumentos que han venido desarrollando administraciones públicas y que hace que se pueda aplicar de una manera mucho más efectiva la transversalidad en todas las áreas de gestión”, puntualiza la senadora socialista.
El resultado inmediato fue la traslación a la sociedad civil de este impulso legislativo. “Un poquito más adelante fue cuando se fraguó la idea de somos la mitad del mundo, queremos la mitad de la tierra, la mitad del cielo, la mitad del poder: porque somos la mitad del mundo; entendiendo que para poder hacer una transformación eficaz no solamente teníamos que estar sino desarrollar de una manera radical y efectiva la democracia paritaria”.
Treinta años después, en 2025, el informe del Secretario General de la ONU sobre su aplicación, basado en evaluaciones mundiales, regionales y nacionales de 159 países, resumía los progresos alcanzados y las prioridades de actuación. Y consideraba que tanto la participación como el liderazgo de las mujeres en la política y la vida pública en igualdad “son fundamentales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible antes de 2030. Sin embargo, los datos muestran que la representación de las mujeres es insuficiente en todos los niveles de toma de decisiones del mundo. Por tanto, la paridad de género en la política está aún lejos de ser alcanzada”. A nivel mundial, según cifras de la ONU, hoy las mujeres constituyen el 33 por ciento de los parlamentos de Europa y América del Norte, pero los números se derrumban cuando se analizan otros países y continentes.
A septiembre pasado, última fecha contabilizada, solo había 29 países con Jefas de Estado o de Gobierno. Al ritmo actual “la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se logrará por otros 130 años. Y sin embargo, la presencia de mujeres en política mejora significativamente los procesos de mejora de decisiones, según la ONU, que en su informe pone ejemplos concretos de medidas sociales implementadas allí donde hay mujeres decidiendo.
La mayor parte de los estudios realizados sobre el liderazgo político femenino que se encuentran se centran en cuantificar las cifras de acceso de mujeres
a instituciones. Las reflexiones y análisis que profundizan en esos datos son todavía escasos y recientes; y en países como España, inexistentes.
En todo caso y cayendo en esa cuantificación, el Instituto Nacional de Estadística certifica que la participación de mujeres en los distintos ámbitos del poder político se ha incrementado notablemente en los últimos años. Y hace referencia explícita a la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva de mujeres y hombres, que establece unos porcentajes mínimos de representación femenina entre el cuarenta y el sesenta por ciento.
Así, por ejemplo, en Castilla-La Mancha, las Cortes en esta legislatura cuentan con quince diputadas regionales de un total de treinta y tres escaños, lo que representa aproximadamente el 45,5% de la cámara. Todos los grupos mantienen una representación paritaria a excepción de VOX, cuyos cuatro representantes son hombres.
No obstante, si echamos la vista atrás, en la primera legislatura autonómica, en 1982, solo había una mujer, Consuelo García Balaguer, de la extinta Alianza Popular. Y solo ha habido una presidenta del parlamento regional, entre 1997 y 1999, la socialista María del Carmen Blázquez Martínez.
Atendiendo a las cifras, el INE reconoce que hoy “los ámbitos políticos en los que actualmente se produce una presencia equilibrada entre ambos sexos son muy reducidos, existiendo una gran variabilidad según el órgano político considerado, la presencia es muy reducida en algunos órganos constitucionales y es equilibrada en el caso de la mayoría de las asambleas autonómicas”.
“Tras Beijing, un poco más adelante -prosigue la senadora Araceli Martínez- fue cuando se fraguó la idea de que somos la mitad del mundo, así que queremos la mitad de la tierra, la mitad del cielo, la mitad del poder. Entendiendo que para poder hacer una transformación eficaz no solamente teníamos que estar desarrollando de una manera radical, de una manera efectiva la democracia paritaria”. Así, la lucha feminista en el ámbito de la representación política se centró en ocupar espacios de poder para poder contar con espacios de decisión: “El poder decidir sin coacción y sin supervisión”, resume.
Los datos de la ONU determinan que las mujeres demuestran liderazgo político al trabajar por encima de las divisiones partidarias en grupos parlamentarios de mujeres, incluso en los escenarios políticos más agresivos, según especifican y también “al defender asuntos de igualdad de género como la eliminación de la violencia de género, licencias parentales y cuidado infantil, pensiones, leyes de igualdad de género y reforma electoral”.
Por tanto, a mayor representación femenina, mayores avances en la agenda social e igualitaria. Así ha sucedido en España en las últimas décadas, cuando la representación femenina aupada por la legislación, ha crecido exponencialmente. La igualdad de género y la lucha contra la discriminación por razón de sexo y orientación sexual estaban en los primeros renglones de la hoja de ruta del actual Gobierno en sus dos legislaturas, deudor a su vez de las legislaturas más sociales de la democracia, las del presidente Zapatero.
Tal vez esto explique que en éste 8M las encuestas revelen que parte de la población española crea que las reivindicaciones en materia de discriminación carecen de sentido, dados los logros conseguidos. Esto, unido a que pese a la generalización de la celebración de esta fecha a nivel global y por parte de todas las instituciones, a tenor de las declaraciones de ciertos partidos y sus representantes - sumadas a las políticas que propugnan-, parezca que se está rompiendo el consenso político conseguido.
“Resulta evidente que la igualdad entre mujeres y hombres no puede estar atrapada en la apologética de los partidos políticos, ansiosos de votos. La polarización vacía de contenido los consensos imprescindibles, teniendo en cuenta que la violencia machista ha segado la vida a DIEZ mujeres en 60 días”, reflexiona Albertina Rueda de Oria.
Se trata de un discurso compartido por la senadora socialista Araceli Muñoz: “Esto es algo que no ha surgido por el mero transcurrir del tiempo. Ha costado mucho esfuerzo por parte de las feministas. Son ideas que ahora más o menos pueden estar claras, pero no siempre ha sido así, ha habido que pelearlas y generar una aceptación de todos estos instrumentos para avanzar de una manera real hacia la igualdad plena entre mujeres y hombres. Y ahora se ven afectados por un peligro real de retroceso”.
A esto hay que sumarle la incertidumbre global de un mundo en continuo cambio “Vivimos un tiempo de crisis global. La inteligencia artificial ya amenaza empleos y la pelea por la energía recrudece en un mundo que agota sus recursos. En ese escenario, las mujeres volvemos a estar en primera línea de la vulnerabilidad, porque ninguna crisis es neutral”, cree la ex política popular. Y avisa de la instrumentalización de las mujeres en las guerras, también en esta última en Irán. “Sobre las iraníes, conviene recordar que los derechos de las mujeres no pueden usarse como excusa para guerras ni para disputas por el petróleo. La represión de los regímenes teocráticos contra las mujeres es real, feroz e inaceptable. Pero utilizar el sufrimiento de las iraníes como coartada moral para defender intereses estratégicos no es liberarlas, sino instrumentalizarlas. La experiencia lo demuestra: los derechos de las mujeres no se defienden con cinismo geopolítico, sino respaldando de verdad sus luchas. O ya no nos acordamos de las mujeres afganas”.
Ampliar el foco hoy a sociedades que en su día estuvieron a la vanguardia de la representación política y los avances sociales -cuando las españolas vivíamos aún bajo leyes franquistas- pero que en un determinado momento y de un plumazo retrocedieron siglos en derechos, caso de las iraníes y afganas, es una señal de alarma que no podemos dejar de ver. Reflexionemos.