‘¿Dónde está Wally?’ es un fenómeno editorial creado en 1987 por el autor de libros infantiles e ilustrador británico Martin Handford. El objetivo es encontrar a este peculiar personaje, con camiseta y gorro a rayas, en escenarios de lo más diverso y llenos de detalles que despistan y confunden al lector.
Se trata de un libro que recomendamos encarecidamente a los cargos públicos de Vox Guadalajara. Que se adentren en el mundo de Wally, agudicen la vista y, una vez entrenados, salgan a las calles de Guadalajara o de cualquier localidad de Castilla-La Mancha a la busca del burka, dado su interés en 'borrar' del territorio regional a todas aquellas mujeres ataviadas con esta prenda. Y luego ya, si eso, cuando detecten hordas de peligrosas mujeres con burka, que se dediquen a presentar mociones y propuestas en las instituciones, dada la peligrosidad que supone que accedan a instalaciones municipales o regionales.
Desde El Decano de Guadalajara estamos totalmente en contra de cualquier elemento que se utilice para invisibilizar a las mujeres, pero no podemos estar más en desacuerdo con la nueva ocurrencia de Vox -dirigida directamente desde Madrid- que únicamente tiene una finalidad: sembrar el odio y la desconfianza ante la inmigración, especialmente la procedente de países islámicos.
Con la presentación de este tipo de iniciativas en las distintas administraciones -nacional, regional y local- la ultraderecha sólo busca crear un problema donde no lo hay. Porque la realidad se impone ante la manipulación. Tras las iniciativas que se están llevando a cabo en este sentido por parte de los ultras, la Comisión Islámica de España -interlocutor único de los musulmanes de España desde 1992- emitió un comunicado el pasado 21 de febrero en el que aseguraba que "el uso del burka es inexistente en nuestro país y el del niqab es estadísticamente ínfimo. No constituye un problema estructural de convivencia ni de seguridad pública que justifique una restricción general de derechos".
La justificación primera de Vox para prohibir el uso del burka en espacios públicos es la "seguridad", de modo que se garantice una correcta identificación de las personas en lugares donde se desarrollan actuaciones administrativas con efectos jurídicos. Y para 'vender la burra', incluyen la prohibición de otros elementos que ocultan el rostro como el casco integral, los pasamontañas o las mascarillas.
También alega Vox que el burka es una cárcel para las mujeres y supone un "ataque a su dignidad" que no debería ser tolerable en ningún lugar y, mucho menos, en los públicos. Que sea precisamente el partido más antifeminista que existe, que apoda 'Charos' a las defensoras de la igualdad y que afirma, en palabras de su presidente provincial, Iván Sánchez, que "las mujeres tienen más derechos que los hombres", es para echarse a reír.
Y ya provoca una profunda carcajada que aseguren que esta prohibición "no tiene nada que ver con creencias ni ideologías" y "no pretende limitar la libertad religiosa ni prohibir símbolos, sino garantizar la identificación en contextos administrativos". Todo un insulto a la inteligencia de los ciudadanos.
El Congreso de los Diputados y las Cortes de Castilla-La Mancha ya han tumbado las pretensiones de Vox. Sin embargo, el equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Guadalajara, con Ana Guarinos a la cabeza, ha 'comprado' sus tesis. El Pleno del Ayuntamiento aprobaba el pasado viernes una moción en la que el Partido Popular incluyó una pequeña y ridícula variación en el texto presentado por Vox, convirtiendo así a la ciudad en una más de las que ya prohiben el acceso y permanencia de las mujeres con burka o niqab en las dependencias municipales. De auténtica vergüenza.
Una vez más, la alcaldesa y los populares blanquean el mensaje islamofóbico de Vox. En este caso a cuenta del burka. Nos preguntamos qué será lo siguiente. Y también nos cuestionamos a cuento de qué, hace escasos días, Guarinos compartía el Iftar -fin del Ramadán- con la Comunidad Mezquita Assunna de Guadalajara, fotografiándose con mujeres con velos y asegurando ufana en sus redes sociales que "nuestra ciudad crece cuando compartimos tradiciones y nos encontramos desde el respeto, la convivencia y el reconocimiento mutuo". Hipocresía se llama.
Eso sí. Esta Semana Santa, ya hemos visto y veremos a la regidora y a los concejales y concejalas del PP y de Vox -que levantaron la mano para aprobar una moción xenófoba donde las haya- encabezando las procesiones, dándose golpes en el pecho y rezando a un Jesucristo que se hubiese sonrojado en la Cruz ante tamaño gesto de discriminación.
A Dios rogando y con el mazo dando.