La visita con perspectiva de género al Museo de Guadalajara arranca con la primera escultora de España y termina con un grito por las artistas silenciadas

Publicado por: Marta Perruca
18/03/2023 08:00 AM
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La propuesta con motivo del 8-M, Día Internacional de la Mujer, “Itinerario en femenino del Museo de Guadalajara: con M de mujer, con M de Museo’”, está teniendo muy buena acogida, pero entre el público femenino

 

El Museo de Guadalajara cuenta miles de historias apasionantes. Los muros del Palacio del Infantado, que dan morada a este Museo, podrían relatar por sí mismos cientos de episodios de esa  otra Historia, la que se escribe con mayúscula pero, además, su contenido es tan variado que puede observarse desde distintos puntos de vista, dando lugar a multitud de maneras de realizar la visita. Por eso, en este mes de marzo, cuando se celebra el Día Internacional de la Mujer, este palacio de la cultura ha querido ponerse las gafas de color morado para guiarnos por sus salas con una perspectiva de género. La verdad es que esta joya monumental tiene motivos y excusa, porque entre sus fondos cuenta con dos conjuntos escultóricos de Luisa Roldán (1652-1706), la primera escultora registrada en España, cuando la pinacoteca que más obras tiene se encuentra en Nueva York y sólo atesora cinco esculturas.

 

El resultado ha sido el “Itinerario en femenino del Museo de Guadalajara: con M de mujer, con M de Museo’”, para el que se ha editado una guía que puede descargarse en la página web del Museo, en la plataforma de la Consejería de Cultura, y se han programado dos citas en el calendario con una visita guiada. La primera tenía lugar el pasado 15 de marzo, y la próxima está prevista el sábado, 28 de marzo, a partir de las 18.00 horas, aunque no se descarta incluir nuevas fechas, ante la demanda que está teniedo la actividad.

 

“El Museo ya tenía material que había trabajado para el Ministerio, analizando las obras del Museo con una visión de género, y lo que hemos hecho es refrescar esa idea que se había trabajado y sumar alguna obra más”, comenta Laura Quiles, profesora de Historia en el IES Brianda de Mendoza y asesora técnica docente del Museo de Guadalajara, además de la guía de esta ruta con perspectiva de Mujer.

 

El Decano de Guadalajara, que no podía faltar a esta cita, conversa con la cicernone de esta visita especial en el hall, mientras terminan de llegar las últimas participantes. “Como el Día Internacional de la Mujer es el 8 de marzo, hemos querido hacer un guiño con ocho obras en las que las mujeres son protagonistas, aunque la intención es ir ampliando esa visión de género a muchas más obras que tenemos en el Museo”. Al mismo tiempo, indica, se trata de “difundir y hablar de los roles que la mujer ha tenido a lo largo de la historia, que aquí la mayoría somos mujeres y ya nos los sabemos, pero creo que merece la pena insistir en ellos para reivindicarlos o rechazarlos”.

 

Desde luego, esta iniciativa ha despertado interés, pero principalmente entre las féminas: “Si miras a tu alrededor al final somos todas mujeres”, señala Laura. Efectivamente, sólo hay un hombre esperando en el hall, acompañado de dos mujeres, que se han encontrado esta visita por casualidad y se han apuntado a última hora. “Será casualidad o puede que sea necesaria más educación en el feminismo y en rechazar esos roles”, añade.

 

Pero, ¿qué peso tienen las mujeres dentro de la obra que conserva el Museo? Como motivo, el peso es considerable, pero detrás de las obras, como autoras, sólo existen dos realizadas por Luisa Roldán, “porque no es lo común en la Historia del Arte. Las mujeres practicaban el arte en sus casas, porque no podían tener gremios, ni taller propio, aunque desconocemos si en la parte de Arqueología hubo mano femenina. Todavía queda mucho trabajo por delante y personalmente creo que los Museos tienen que apostar por comprar más obras hechas por mujeres, aunque está claro que dependiendo del momento histórico es más difícil. En el periodo Contemporáneo, por ejemplo, es mucho más fácil encontrar obras, que en la Edad Moderna”.

 

Las últimas participantes ya han llegado al hall del Museo. Laura lo sabe bien porque se trata de su madre y su hermana: “Esto encaja muy bien con los roles de la mujer de los que estábamos hablando”, bromea. También se encuentra entre los visitantes Riansares Serramo, concejala de Cultura, que no ha querido perderse esta iniciativa.

 


Luisa Roldán, la primera y única escultora de cámara en la Corte

La visita comienza con los dos conjuntos escultóricos de Luisa Roldán: “es una escultora sevillana del siglo XVII. Lo normal es que las mujeres con inquietudes artísticas no trabajaran, o lo hicieran en sus casas, dentro del ámbito privado. Luisa Roldán, a la que llamaban “La Roldana” porque era hija de Pedro Roldán, es importante porque rompe los esquemas de la sociedad de su época”, apunta Quiles. Esta artista no sólo contó con un taller propio, algo impensable en la época, sino que fue la primera “Escultora de Cámara” y la única mujer en ostentar este cargo en la Corte, con dos monarcas, Carlos II, el último de los Austrias, y Felipe V, el primero de los Borbones: “Nace en Sevilla, en 1652 y trabaja en el taller de su padre. Eran muchos hermanos y ella se cría entre obras de arte, compartiendo espacio con los aprendices y con el que luego sería su marido, Juan Antonio de los Arcos. De hecho, a ella le sienta muy mal hacer las obras y que luego las firme su padre, porque las mujeres no podían hacerlo”, relata.

 

La guía tiene claro que esta escultura es feminista y una adelantada a su época, una mujer valiente que con 19 años de edad y en la segunda mitad del siglo XVII decide acudir a la Justica para poder casarse con quien ella quería, contra los deseos de su padre.

 

Respecto a su obra, Luisa Roldán hace arte durante la Contrarreforma, dentro del estilo Barroco, “cuando la Iglesia es consciente de que está perdiendo fieles a marchas forzadas, porque surgen otras variantes del Catolicismo y trata de llegar a los fieles a través de este tipo de obras de arte. Ella hace obras más grandes como un San Miguel pisoteando al demonio, que acaba de ser restaurado, pero entre medias es consciente de que puede hacer otras obras menores que pueda vender más fácilmente y en las que plasma todas esas ideas de cómo puede ser esa imagen para la atención devocional”. Este es el caso de los dos conjuntos escultóricos en terracota que conserva el Museo: San Joaquín, Santa Ana y la Virgen niña y Primeros pasos de Jesús.

 

El símbolo de la vulva femenina en la Prehistoria

La siguiente parada de la ruta nos lleva a una vitrina de Prehistoria en la que se contemplan dos ídolos en forma de vulva femenina que fueron hallados en la Loma del Lomo de Cogulludo y que están datados en torno al 2.100 antes de Cristo. Uno de ellos es de la época calcolítica, en la Edad del Cobre, y el otro de la Edad del Bronce: “Los arqueólogos creen que la mujer tenía varios roles, entre ellos, la reproducción biólogica y la continuidad del grupo, por lo que se cree que estas obras están relacionadas con ceremonias de  fertilidad en los campos o para invocar la fertilidad y la fecundidad en las mujeres”. En una vitrina cercana se encuentra un amuleto fálico, que tal y como explica la guía y profesora, llama la atención de los escolares que vienen a visitar el Museo: “Yo les explico que cambian esos roles. La protección viene de lo varonil y la reproducción, de lo femenino. Así es y así ha sido, pero hay que tener claro que se trata de uno de los roles, pero no del único”.

 

La Odalisca de Luis Masriera, una visión distorsionada de la mujer

La comitiva se adentra en una nueva sala para detenerse en una Odalisca, atribuida al pintor catalán, Luis Masriera en el siglo XIX, que se encuentra en la vitrina dedicada al Islam: “Tenemos una mujer que representa un mundo bastante exótico para la época. El orientalismo, el arabismo... suponía para la pintura una oportunidad para poder indagar en otras culturas, pero las visiones que tienen los pintores occidentales están distorsionadas",  indica.

 

Las odaliscas, explica, están presentes en la obra de pintores como Ingres, Delacroix, Mariano Fortuny, Sorolla o incluso Matisse, que utilizaban esta figura para representar el cuerpo desnudo de la mujer dentro de las posibilidades colorisas del mundo oriental. En el caso que nos ocupa, no obstante, representa a una mujer en actitud pasiva, ensimismada y solitaria, mostrando las líneas de su curepo bajo los velos de una manera más sugerente que explícita.

 

"Esta obra está reconducida por una visión masculina. Las mujeres a lo largo de la historia del arte han sido más objeto que creadoras y aquí lo podemos ver”, relata la asesora del Museo.

 

Laura Quiles apunta al objeto que la Odalisca escode a su espalda, que bien podría ser una bandeja o una pandereta: “Si es una pandereta, estaría en el momento previo de empezar una danza y si es una bandeja, se piensa que puede ser Salomé, un personaje bíblico que, por influencia de su madre, le pide a un rey que mate a Juan Bautista y que le corte la cabeza (…) La decisión la toma un hombre, pero claro, si ella le dijo…, si ella le convenció... y al final la mala es la madre de Salomé (…) Siempre las mujeres acabamos siendo malvadas, crueles, brujas, histéricas…”, valora.

 

La Virgen de la Leche de Alonso Cano y los roles de la mujer

Seguimos avanzando por los pasillos y rincones del Museo Provincial más antiguo de España, fundado en 1838 y con sede en el Palacio del Infantado desde 1973, hasta llegar a la Sala III, donde se encuentra una de sus obras más representativas, ‘La Virgen de la leche’ de Alonso Cano (1659): “Era pintor, escultor y arquitecto. Si nos fijamos en la escena vemos que en su faceta de escultor llevó a la pintura esa volumetría propia de esta disciplina”, comenta.

 

Seguimos en la Cotrarreforma “y en la idea de que hay que acercar los personajes femeninos a la fe. La Virgen es madre de Dios, pero tiene esa dualidad de ser un personaje humano y divino y aquí estaría ocupando esa humanidad. Desde la Edad Media, la Iglesia tenía que establecer los modelos de conducta. Para los hombres eran el ser guerrero, su honor, el valor, pero en el mundo femenino tiraban de la Virgen como figura primordial: la Virgen María, como madre de Dios. Las mujeres tenían que ser puras, responder a lo que les pedía la sociedad que es ser madres, reproductoras, nutridoras… Por lo que aquí se concentra todo”.

 

La guía relata que la obra recoge un tema cotidiano y al mismo tiempo, de actualidad, como sería la lactancia, así como el rol femenino de la maternidad: "Ahora vemos un pecho y unos se escandalizan y otros no. Instagram diría, esto es un pecho y por lo tanto no se puede mostrar, pero en otra época era lo normal. Los artistas, para poder reflejar el desnudo de una mujer argumentaban que se trataba de una musa, es decir, una diosa, y por lo tanto, un personaje sagrado, pero en un momento determinado la Iglesia antepuso el decoro a la hora de representar a la Virgen con el niño. Sin emabargo, en España, que siempre hemos ido por nuestra cuenta, no se limitó y se siguió haciendo como algo tradicional y devocional”.

 

Laura Quiles llama la atención en el velo que lleva la Virgen, que recuerda al de la Gioconda, “ese velo lo llevaban las ‘reciénparidas’, las mujeres que acaban de ser madres o que están embarazadas”.

 



Doña Aldonza de Mendoza, una mujer sufridora, pero transgresora

Posteriormente, nos detenemos en una escultura funeratia, el sepulcro de Doña Aldonza de Mendoza (S.XV), medio hermana de Iñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, en la Sala de los Frescos o Sala Escipión: Se trata de una mujer transgresora porque "estuvo toda la vida litigando con los varones de su casa. Ella tiene hermanastros, ya que cuando su padre, el Almirante Don Diego Hurtado de Mendoza, se queda viudo se casa con otra mujer, Leonor de la Vega. Su padre deja los señoríos que tiene a todos sus herederos y a ella, especialmente, le deja un territorio muy goloso, el Real de Manzanares, una zona entre Madrid y Castilla muy importante”. Precisamente, Doña Aldonza de Mendoza ha pasado a la historia por los litigios que mantuvo con el Marqués de Santillana por este territorio.

 

Pensando en perpetuar ese linaje se casa con un familiar, Don Fadrique de Castro, Conde de Trastámara y luego duque de Arjona, en 1405, “un vil señor que tenía fama de violador y ladrón” y que le sometió a todo tipo de maltratos “la encerró, dicen que la quiso envenenar, etc., 25 años duró el calvario”, hasta la muerte de Don Fadrique en 1430. “Sólo le sobrevivió cinco años y pidió ser enterrada en el Monasterio de los Jerónimos de Lupiana” con unos requerimientos muy específicos, para dejar constancia de su linaje

 

“Aparece aquí Doña Aldonza, que usa una crema estupenda, idealizada, enjoyada, con unos ricos ropajes, con brocados, y un filo que tiene otro tejido, que podrían ser pieles y con la cabeza recostada en dos cojines con la labra del alabastro muy delicada (...). En el reborde de la tapa se lee Doña Aldonça de Mendoza que Dios aya, duquesa de Arjona, muger del Duque D. Fadrique”, porque aunque fuera sufridora, el rol de esposa tiene que aparecer por algún sitio y poner al marido era, en el fondo, hablar del linaje”, indica.

 

 

La Sala de Atalanta y el adoctrinamiento de Ana de Mendoza

Ahora toca mirar al techo para apreciar los detalles de los frescos de Romulo Cincinato, en la Sala de Atalanta S.XVI (1578-1580). “Sabemos que estas pinturas las hizo un florentino, que estuvo trabajando en Florencia y Roma y luego se vino a España a trabajar para la Corte de Felipe II. Tenía mucho prestigio para un noble que un pintor que trabajaba para el Rey, lo hiciera también para él”, explica la guía.

 

Atalanta es la hija de un rey griego, de la zona de Beocia, que no quería tener una hija, por lo que la abandonó en el bosque. Según la mitología, fue amamantada por una osa y criada por cazadores, de manera que crece “siendo una joven montaraz e indómita, porque nadie la puede dominar”, inteligente y con otras muchas cualidades como la belleza.

 

La joven dio el salto a la fama cuando participó en la caza del jabalí de Calidón. Un rey griego, Eneo, de la región de Etolia, llevó a cabo una serie de sacrificios para honrar a los dioses, pero se olvidó de la diosa Artemisa, que en el mundo romano es Diana, quien lo entendió como una afrenta y mandó un jabalí para destrozar los campos de Calidón. Atalanta fue la única mujer en participar en la expedición para dar caza al jabalí, siendo la primera en herir al animal, aunque finalmente fue un varón quien terminó de darle muerte, el hijo del rey Eneo, Meleagro.

 

Después de lograr la gloria en este episodio su padre le permite volver a casa: “Ella vuelve a su casa y. como se ha convertido en una mujer muy bella, tiene muchos pretendientes, muy pesados. Ella adoraba a la diosa Artemisa, que era virgen y se mantenía en el empeño de permanecer soltera y entera”. Finalmente, para quitarse de medio a los pretendientes, convocan una competeción, una carrera pedestre en la que si el pretendiente ganaba, obtendría su mano, y si lo hacía Atalanta, ésta le daría muerte. “Lo que ocurrió es que se quedó sin pretendientes hasta que llega Hipómenes, que es el nieto de Poseidón y éste sabe que no la puede ganar, por lo que pide ayuda a la diosa del Amor, Afrodita”, quien le otorga tres manzanas de oro, con el objetivo de que éstas sirvieran de distracción a la joven en el trayecto de la carrera, lo que permitiría a Hipómenes alzarse como vencedor.

 

La manzana tiene en esta escena una doble simbología desde un punto de vista androcéntrico: como objeto de tentación y placer carnal e inclinación de las mujeres hacia el lujo y la riqueza: “A las mujeres les gusta la riqueza y se dejan deslumbrar por el oro y los cuartos, que eso sigue pasando. Se ha casado con él por interés, se dice”, afirma la guía con cierta ironía

 

Cincinato no representa el final de la historia, cuando la diosa Cibeles se venga de la feliz pareja de recién casados, que en un brote de pasión, mancilla su templo, y los transforma en leones, condenados a tirar por siempre de su carro, sin poder mirarse. “El V Duque del Infantado tiene una hija, que es Ana de Mendoza, a la que con estas representaciones le está diciendo que deje a un lado su empeño en seguir soltera para casarse con quien convenga a la familia y, al final, termina casándose con Don Rodrigo, que es tío suyo, porque así perpetúa el linaje”. Teniendo en cuenta la finalidad de estos impresionantres frescos, parece conveniente omitir el desdichado final de Atalanta e Hipómenes.

Las musas como inspiradoras pasivas del arte, nunca como autoras

La ruta continúa con la obra de Cincinato, ahora en las paredes de la Saleta de los Dioses, donde aparecen las musas. “Las musas eran más que hijas de dios. Eran nueve, seis o siete, van cambiando en número, y eran hijas de Zeus y de la Memoria e inspiradoras de las artes (…) Acompañaban al séquito del dios Apolo, que es el dios de la Música, el dios del sol, en el mundo griego y en el romano (…) Ahora hablamos de musas cuando los artistas se han inspirado en mujeres para ejecutar sus obras. Dalí, en Gala, Picasso en mujeres como Olga, Rodin en Camille Claudel". En este último caso, "ella misma era escultora y la historia la recoge como su amante o aprendiz, pero nunca al mismo nivel. Lo que tenemos que entender es que las mujeres somos más que musas, somos creadoras", sentencia la profesora.

 

Un grito final por las artistas silenciadas

Ese es precisamente el significado de la última obra de esta propuesta con motivo del 8-M, que nos saca del propio Museo, para dirigirnos a las escaleras, donde se encuentra la exposición permanente “Grito” del Colectivo de Mujeres Artistas de Guadalajara (MUART.GU) de 2018. “Las mujeres han sido musas, diosas, vírgenes, doncellas… pero han tenido acallada su voz interior de artistas. Esta obra colectiva tiene varios paneles y está ubicada aquí con un sentido simbólico. Como la voz de las mujeres artistas ha sido silenciada, en lenguaje de signos tenemos la palabra “grito”. Las mujeres tienen que gritar que ellas son artistas y que tienen que ser reconocidas, para que puedan hacer su arte. Y estamos en las escaleras porque el recorrido que han hecho las mujeres a lo largo de la historia del arte es un trayecto que cuesta, como las escaleras. Las mujeres aparecen con ese velo simbólico de la imposibilidad de hacer arte y de ser reconocidas, siguen gritando pero no oímos nada”, concluye entre aplausos la asesora del Museo y guía de esta exposición.

 

Mientras abandonamos las dependencias del Palancio del Ifantado, las ideas que se han ido esbozando durante este itineratio en femenino cobran sentido. La visita arrancaba con la primera mujer escultora que luchó en España con uñas y dientes para ser reconocida como tal y llegamos al final con todas aquellas que no lo cosiguieron. Al cruzar el umbral de la puerta de salida, parece que se escucha a lo lejos ese grito silenciado, aunque ya nunca más silencioso, de todas las mujeres artistas a las que la Historia no les dio una oportunidad.

 

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