El incendio forestal del Pico del Lobo, en la Sierra Norte de Guadalajara, mantuvo en jaque a la provincia de Guadalajara en 2025, en los estertores de una campaña de prevención y extinción de incendios forestales. Aquel incendio de alta montaña, cuya inaccesibilidad complicaba las labores de extinción, se declaraba el 21 de septiembre, a las 8.13 horas, como consecuencia de un rayo y arrasó cerca de 3.000 hectáreas de monte después de 22 días ardiendo. La complejidad de las labores de extinción requirieron un dispositivo muy amplio en el que participaron 64 medios aéreos, 126 terrestres y 937 personas.
Nueve meses más tarde, las llamas han vuelto a la Sierra Norte, pero esta vez apenas han dejado títere con cabeza. El incendio forestal de La Mierla se declaraba el 16 de julio de 2026, a las 13.55 horas, como consecuencia de una cosechadora y las llamas han calcinado más de 32.000 hectáreas de monte, lo que supone por encima de la cuarta parte de la superficie del Parque Natural. Un total de 34 municipios tuvieron que ser evacuados y 14 confinados durante alrededor de una semana como consecuencia del humo y el fuego, que alcanzaba la fase de control el pasado 3 de agosto, después de 18 días ardiendo. Hasta la fecha, después de prácticamente un mes, no se ha declarado la extinción de este incendio forestal, que ha movilizado 190 medios terrestres, 43 medios aéreos y 1.126 personas en un momento de enorme proliferación de grandes incendios forestales que están arrasando los pulmones de nuestro país.
En medio de este contexto de excesivo ruido de voces negacionistas conviene no dar pábulo a la ignorancia y dejar que los expertos y las evidencias científicas se impongan para poder hacer frente a lo que parece ser un cambio de paradigma en la voracidad de estos incendios y en los factores climáticos y de otro tipo que favorecen su propagación.
Precisamente, en este Parque Natural se están llevando a cabo diversos proyectos de investigación sobre gestión forestal para promover bosques más resilientes a las condiciones que se presentan con el cambio climático y al mayor riesgo de incendios forestales. Iniciativas que pretenden revertir los efectos de unas repoblaciones extensivas que hoy se han convertido en un verdadero polvorín y fuente de combustible de estos grandes incendios.
El Decano de Guadalajara visitaba una de estas iniciativas en el mes de octubre y ha creído conveniente rescatar algunas de las claves de aquel reportaje que en esta campaña de incendios recobran actualidad para entender mejor cuáles pueden ser esos retos a los que se debe hacer frente en el nuevo paradigma.
El proyecto «Sierra Norte: Paisaje Vivo» ha sido desarrollada por la Fundación Fernando González Bernáldez para los Espacios Naturales (Fungobe) y Europarc con financiación de fondos NextGenerationEU a través de la Fundación Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) con el objetivo de impulsar una estrategia de desarrollo basada en los recursos naturales del Parque Natural.
Una de sus intervenciones tiene que ver con el paisaje y los factores que afectan a su transformación, como la despoblación, el abandono y el cambio climático: "Sabemos que el clima va a cambiar y que hay una serie de riesgos asociados, por lo que tenemos que ver cómo vamos a afrontarlo y cómo gestionar el paisaje para que esos riesgos sean menores", apunta José Antonio Atauri Mezquida, biólogo y doctor en Ecología de la Oficina Técnica de Europarc. El proyecto recoge una serie de acciones forestales piloto sobre el terreno, en montes privados de Valverde de los Arroyos, para la diversificación del mosaico forestal, trabajando con el horizonte de un paisaje más resiliente a ese cambio climático y a los incendios forestales.
El Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara, tal y como explicaba su director y conservador, Rafael Ruiz, es uno de los más grandes de España, con una superficie de 116.953 hectáreas, que abarca 35 municipios y 43 núcleos poblacionales, entre pequeñas aldeas y pedanías. No obstante, apenas suman en total 2.000 habitantes, "lo que supone una media de 45 habitantes por núcleo urbano, con una población generalmente muy envejecida y una densidad de 1,45 habitantes por kilómetro cuadrado, que la Unesco considera como desierto demográfico, al situarse por debajo de los 2 hab/km²".
Este espacio protegido fue declarado en el año 2011 con tres Zonas de Protección Especial que ya habían sido reconocidas con anterioridad: el Macizo del Lobo-Cebollera, con más de 10.000 hectáreas, que abarca toda la zona de alta montaña; la Reserva Fluvial del Pelagallinas; y el Hayedo de Tejera Negra, el más meridional de Europa, que desde el año 2017 forma parte del Bien de Patrimonio Mundial «Hayedos Primigenios Europeos de la Unesco».
Además, el 81% del territorio, 94.496 hectáreas, conforma el espacio de la Red Natura 2000 ZEC-ZEPA Sierra de Ayllón.
La Sierra Norte abarca un extenso territorio de relieve escarpado ubicado geográficamente a caballo de tres de las grandes unidades geológicas de la Península Ibérica: el Sistema Central, la Cordillera Ibérica y la Cuenca Sedimentaria del Tajo, «lo que abre la puerta a una geodiversidad extraordinaria, donde dominan las rocas paleozoicas como pizarras, cuarcitas, gneises, etc., que son las más abundantes, pero también hay rocas mesozoicas, como areniscas o calizas, lo que favorece al mismo tiempo una diversidad de bosques muy importante», describe Ruiz.
También se encuentra un amplio rango altitudinal que va desde los 700 metros, en el Pontón de la Oliva, hasta la cumbre más alta de Castilla-La Mancha, que es el Pico del Lobo, con 2.274 metros.
El Pico del Lobo-Cebollera, continúa el conservador, es el único sitio de Castilla-La Mancha donde se encuentran formaciones glaciares y vegetación de influencia siberiana, con abedules, tejos, acebos, hayas... y asociadas a ellas especies como la mariposa Apolo, el pechiazul, siendo este el único lugar de reproducción de esta ave en Castilla-La Mancha; el lagarto verdinegro, el topillo nival, etc. «Especies con las que trabajamos en programas de conservación porque son bioindicadoras de cambio climático. Toda esa zona es un gran laboratorio para el cambio climático y muchas universidades ponen el foco en este territorio de alta montaña para sus proyectos de investigación», comenta.
Sin embargo, frente a la gran biodiversidad de los bosques naturales, existen más de 36.000 hectáreas de repoblaciones forestales que se hicieron hacia los años 70. "Masas forestales homogéneas, monoespecíficas, coetáneas y que son muy vulnerables a los efectos de los grandes incendios y la sequía", explica el director del Parque.
Y es que pocos lugares de la provincia es tan evidente un proceso de despoblación tan deliberado y consciente, orquestado por unos intereses diametralmente opuestos a los objetivos que hoy sostienen al Parque Natural y al proyecto «Sierra Norte: Paisaje Vivo». Claramente, pretendían promover su abandono. En esta zona de la provincia se expropiaron pueblos enteros, como Umbralejo o La Vereda, para llevar a cabo las intensas repoblaciones forestales de mediados del siglo pasado o para anegarlos bajo las aguas de un pantano, como es el caso de Alcorlo, Beleña o El Vado.
Ahora, además de este proyecto piloto en montes privados de Valverde de los Arroyos, la Consejería de Desarrollo Sostenible y el Parque Natural están trabajando en la renaturalización de esos bosques y, de manera paralela, también están desarrollando con la Fundación González Bernáldez el proyecto Red Bosques Clima, «para hacer más resiliente ante los efectos negativos del cambio climático esa gran superficie forestal que tenemos en el Parque Natural».
Tal y como explica el biólogo de Europarc, muchos de esos pinares se plantaron sobre antiguos robledales, hayedos, abedulares, etc., y esa vegetación se ha mantenido entre los pinos. "Desde el Parque Natural y la Consejería de Desarrollo Sostenible se hace una labor muy importante para adaptar estos bosques al cambio climático, favoreciendo esas otras especies que acompañan al pinar. Al margen de nuestro proyecto, la Junta también está trabajando en miles de hectáreas, intentando que estos bosques sean más resilientes al cambio climático, favoreciendo a las hayas, a los herbales, a los robles, etc.".
Estas repoblaciones intensivas también se llevaron a cabo en zonas cubiertas por jarales y matorrales esteparios, formados durante épocas de intensa deforestación y producción de carbón vegetal, «donde no tienen ese sotobosque o ese rebollar y es necesario apoyar con plantaciones de frondosas», añade Rafael Ruiz.
En este sentido, lo que ha demostrado la ciencia, según Atauri, es que los bosques más resilientes al cambio climático y a la sequía serán aquellos que tengan "una alta diversidad de especies, con diferentes alturas y diámetros, con raíces más profundas y menos profundas… Cuanto más variado sea el bosque, más probable es que resista la sequía. Además, ese bosque debe tener discontinuidades, zonas de pradera y claros… Es decir, todo lo contrario a lo que tenemos en una repoblación".
El presidente de la Comunidad de Propietarios del Monte Ocejón y Otros, Lorenzo Gordo, recuerda que el aprovechamiento que se haga de los recursos naturales va a influir directamente en el paisaje, "que ha ido cambiando, dependiendo del uso". Esta observación resulta muy elocuente en el término municipal de Valverde de los Arroyos y en los montes privados donde se está llevando a cabo este proyecto piloto.
En tiempos del Señorío de Galve, en la Edad Media, el monte era espacio de pastoreo. "Aquí abajo había unas casillas donde se guardaba el ganado y donde también tenían que vivir los pastores, porque esto dependía del Señorío de Galve y las distancias hasta aquí no son para hacerlas a diario". En torno a esas casillas se fueron formando pequeños asentamientos, donde vivían una o dos familias, que cuidaban del rebaño.
Con el tiempo, las familias se reagruparon y surgieron los núcleos actuales de Zarzuela y Valverde de los Arroyos. Entonces, la agricultura y el aprovechamiento forestal ganaron protagonismo. Se cultivaba sobre todo trigo y centeno, mientras que del monte se extraía leña y carbón para vender en la comarca y madera de roble para la construcción.
La propiedad comunal se remonta a la Desamortización de Madoz (1870), cuando los "vecinos se vieron obligados a comprar el suelo que venían trabajando, para que no se lo quedaran terceras personas. De no haber sido así, el pueblo habría desaparecido".
El gran cambio llegó con la emigración rural. Los cultivos se abandonaron y el paisaje se cerró progresivamente. "En las fotos antiguas se veían muchas fincas cultivadas y muy poco arbolado. No había pinar, por lo que podemos imaginar la transformación que ha sufrido en seis o siete décadas... Esto se ha sobrenaturalizado", evoca el presidente de la Comunidad de Propietarios.
Las repoblaciones en Valverde de los Arroyos se realizaron de manera prematura y diferente al resto del Parque Natural. En lugar de practicar expropiaciones masivas de los terrenos, en los años 40 y 50 del siglo XX, el antiguo ICONA firmó con el Ayuntamiento un Consorcio de Repoblación que cubrió 650 hectáreas con pinos. Sin embargo, recuerda Lorenzo Gordo, "el Ayuntamiento no era el propietario del terreno".
Tras décadas de abandono, en los años 70 y 80 se reactiva la propiedad y en 1999 se crea una nueva sociedad: "Más adelante, en esta última etapa, se ha realizado un proyecto de ordenación de recursos forestales y gracias a esto hemos recuperado la gestión de esa masa forestal que nos puede dar ingresos, no para repartir, sino para reinvertir y mejorar las condiciones de los montes, para que traigan riqueza a largo plazo", comenta.
Las amplias masas forestales surgidas de aquellas repoblaciones de los años 70 no han llegado a convertirse en un recurso económico para los pueblos, según Atauri, porque la mayoría se encuentran en lugares de difícil acceso y la madera tiene poco valor comercial. Hoy en día existen alrededor de 30.000 hectáreas de estos pinares que requieren gestión, algo especialmente complicado por su localización, la falta de rentabilidad y las nuevas condiciones impuestas por el cambio climático.
Los veranos son cada vez más calurosos, las primaveras más breves y las sequías más prolongadas, con temperaturas extremas y olas de calor que resultan letales para la vegetación. Esta situación ya está provocando mortalidades masivas en los bosques. Actualmente, los dos grandes motores de cambio del paisaje, tal y como señala el técnico de Europarc, son el abandono rural y el cambio climático.
Ante este escenario, la única opción es adaptarse. El objetivo de este proyecto piloto es que los pinares dejen de ser masas continuas, formadas por árboles de la misma especie, edad y tamaño, muy densos y vulnerables a los incendios, para transformarlos en sistemas más diversos y resistentes, con claros, zonas abiertas de pradera y espacios de pasto.
Para lograrlo, es necesario aplicar distintas herramientas. La selvicultura, que ya se está realizando en algunas zonas donde resulta rentable, permite aclarar el bosque y favorecer la diversidad. También, indica Atauri, es fundamental recuperar la ganadería extensiva, que tradicionalmente cumplía un papel esencial en el mantenimiento del monte. El ganado, especialmente las cabras, actúa como una «desbrozadora natural», por lo que la falta de ganaderos en la zona supone un gran contratiempo. En algunos lugares, apunta, podría ser necesario recurrir a quemas controladas u otras técnicas innovadoras que ayuden a crear paisajes mosaico, menos homogéneos.
Actualmente predomina el ganado bovino, pero antiguamente tenía una mayor presencia el caprino y el ovino, incluso el porcino, ya que, tal y como recogen las crónicas, «Valverde eran las porquerizas del Señor de Galve», recuerda Gordo.
«Aquí ha habido una transformación y una pérdida de ganado ovino y, especialmente, caprino, porque el ser pastor requiere una dedicación de 24 horas, siete días a la semana y 365 días al año y ha derivado en ganado vacuno extensivo, que es la ganadería predominante en la zona, porque no requiere una dedicación tan exigente», explica Rafael Ruiz, al tiempo que valora la necesidad de encontrar los mecanismos para recuperar aquel tipo de ganadería: «Es una necesidad que se ha puesto sobre la mesa, junto con el problema de la matorralización y la pérdida de espacios abiertos», afirma.
Para conseguir este modelo de bosque se han llevado a cabo labores de desbroce en el monte. La actuación consiste en abrir dos zonas de unas 20 hectáreas cada una, con el objetivo de generar un mosaico en una superficie forestal mucho mayor, estimada en unas 800 hectáreas. La idea es que, en el futuro, el ganado pueda mantener estos espacios abiertos, recuperando así un equilibrio entre el uso humano y la dinámica natural del monte.
«En este monte hemos trabajado en varias cosas. Por ejemplo, en cómo deberíamos crear un paisaje en mosaico, con zonas abiertas de bosque, matorral, arbolado, pastos…. Ese mosaico es más resiliente al cambio climático, a los incendios y a las sequías y es algo que se está perdiendo por la desaparición de la ganadería. Hemos hecho un desbroce en ese monte y estamos ayudando a la selvicultura, es decir, a la explotación de la madera como una herramienta de gestión forestal. Esa es otra línea de trabajo: impulsar la economía ligada a la explotación forestal. De manera demostrativa, en el bosque de Valverde, hemos certificado la gestión forestal con un sello forestal (FSC)», comenta el técnico responsable del proyecto, Guillermo Chaminade.
Precisamente, uno de los hitos más destacados del proyecto fue la certificación FSC de más de 3.600 hectáreas de montes privados del Parque Natural, el primero de estas características en la provincia de Guadalajara en obtener este reconocimiento. Esta certificación pone en valor la gestión sostenible de los recursos forestales, la conservación de la biodiversidad y la regulación del ciclo del agua en un territorio clave para el abastecimiento del Corredor del Henares y la ciudad de Madrid. Paralelamente, se trabajaba en una estrategia de captación de fondos procedentes de empresas interesadas en apoyar la ejecución de proyectos relacionados con la conservación natural y los servicios ecosistémicos en el Parque Natural.