OPINIÓN. Ceuta: la frontera de nosotras y nosotros

31/08/2026 01:44 PM
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Por Alejandro Moreno Yagüe

 

Determinados acontecimientos históricos, demasiado relevantes en estos últimos tiempos, nos ponen a prueba como país para gestionar situaciones de emergencia. También, al mismo tiempo, el tipo de sociedad que somos. La pandemia, la DANA, los incendios forestales, el procés, el volcán de la Palma y hasta la invasión de Rusia a Ucrania. Lo que ha ocurrido en este último mes en Ceuta también lo ha sido.  


Os pediría que no lo viéramos únicamente desde la visión más facilona y simplista usando términos como "invasión" o fruto del "efecto llamada" de la regularización. Será necesario que pase tiempo y se investigue bien (no es el objetivo de esta reflexión) para conocer las causas políticas, estratégicas y hasta diplomáticas que lo han provocado. Os pido que pensemos en la emergencia humanitaria ocurrida y la situación de extrema vulnerabilidad de esas miles de personas.  


La Ciudad Autónoma de Ceuta se ha visto en la circunstancia de tener que afrontar una presión migratoria que ninguna ciudad de ese tamaño tiene la capacidad de poder asumir sola. Sus gentes, sus servicios y sus recursos asistenciales, sanitarios, sociales y de acogida están al límite. Debido a ello, por tratarse de una ciudad de poco más de 83.000 habitantes, debe pedir ayuda al Estado, para que, mediante una distribución proporcional y responsable, se pueda lograr una verdadera solidaridad entre los diferentes territorios, gobierne quien gobierne en ellos. 


A principios de agosto, la ciudadanía ceutí, organizada y unida, expulsó a grupúsculos y voceros varios de extrema derecha y de derecha extrema. Lamentablemente, no han cesado de seguir intentándolo. Y sus medios, sus redes sociales, sus ecos... han seguido alimentando el miedo, y la xenofobia y la confrontación han llegado a la Ciudad Autónoma. Las personas migrantes son presentadas como una amenaza sin rostro, mientras se reclaman devoluciones colectivas que pueden vulnerar la legislación y los derechos fundamentales, especialmente cuando afectan a niños, niñas y adolescentes. Consideran acciones de patriotismo y valentía quemar sus chabolas y lanzar sus pertenencias al mar. Agreden a personas y colectivos que intentan ayudar a estas personas, e impiden la llegada de la ayuda humanitaria más básica. Impiden que los medios de comunicación puedan informar de lo que está ocurriendo. Que cantidad de similitudes con Israel y Palestina. 

 

Los derechos humanos no son únicamente válidos en momentos de calma, sino más bien en los momentos de crisis. Defender los derechos humanos no es incompatible con los problemas de seguridad, convivencia o capacidad de acogida, y las situaciones de crisis deben respetarse también con la legalidad, estudiando los casos de manera individual y dando protección a quienes se encuentran en riesgo, vengan de donde vengan. 

 

Nuestra debilidad como país no está en la llegada de estas personas, sino en el medio, la fractura social, la irresponsabilidad territorial y la xenofobia de algunas personas. Lo ocurrido nos pone en la frontera, decidir entre el racismo y el rechazo o desde la responsabilidad compartida y la dignidad y cuidado de las personas, sean quienes sean.

 

La frontera no delimita un territorio solamente, también habla de nosotras y de nosotros, y de lo que queremos llegar a ser. 

 

Alejandro Moreno Yagüe. Educador social. 

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