A dos semanas del inicio de los encierros de Guadalajara, este martes, el equipo de Gobierno de PP y Vox en el Ayuntamiento de Guadalajara, ponía en marcha el nuevo sistema de reparto de entradas gratuitas para poder presenciarlos desde la Plaza de Toros.
Desde primera hora de la mañana se formó una enorme cola que llegaba desde las taquillas del Coso de las Cruces hasta la calle Sigüenza. Miles de personas se apresuraron a madrugar para conseguir los ansiados tickets. Pero no sabían lo que se les venía encima.
Esperas de más de tres horas para hacerse con el que se convirtió en el objeto más deseado del primer día de septiembre. Un papelillo que da derecho a sus poseedores a pasar a la Plaza sin tener que pegarse un buen madrugón, ni tener la incertidumbre de quedarse a las puertas por aforo completo.
Según se acercaba la hora de apertura de las taquillas, el malestar iba creciendo entre los asistentes. El Decano de Guadalajara pulsó la opinión de algunos de los que esperaban su turno, desde los más jóvenes hasta los más entrados en años, y la sensación era unánime: descontento generalizado y falta de organización. "Vergüenza" fue la palabra que más escuchamos en las colas que se formaron, tanto por la mañana, como por la tarde.
Además, al coincidir la entrega de tickets con el primer día de renovación y venta de nuevos abonos para la Feria Taurina de la Antigua, fue necesario habilitar una taquilla al efecto, separada de las dos que se pusieron para los encierros, lo que generó confusión y desconcierto. Y el enfado de más de uno que hacía cola para ambas cosas.
Y todo ello, aderezado con los gritos de "Cositas bonitas" o "A euro oiga, a euro", que proferían los comerciantes ambulantes porque, para más inri, era día de mercadillo. Algunos de los puestos fueron desplazados a otras zonas del entorno de la Plaza, con el consiguiente enfado de los vendedores, que no habían sido avisados al respecto.
El asunto se le fue de las manos al Ayuntamiento. No hacía falta más que ver las caras de los miembros de Protocolo y Organización, que se paseaban por las colas intentando encontrar a los que sólo iban a por abonos, preguntando a grito pelado para reconducirles a otra fila. Personal municipal completamente desbordado por las preguntas y las quejas de los vecinos y sin refuerzo de la Policía Local ante algo que se veía venir. A primera hora, tan sólo estaban los cuatro agentes que habitualmente se encargan de la seguridad en el mercadillo. Afortunadamente, la cosa no fue a mayores porque los guadalajareños son personas cívicas, ya que el control para evitar que los caraduras se 'colaran' brilló por su ausencia.
Y para rematar, dado que la cola podía empezar a crear problemas de movilidad en la calle Sigüenza, hacia media mañana se derivó a los presentes al interior de la Plaza de Toros a esperar a pleno sol. Vamos, todo un espectáculo.
Por no hablar del cabreo generalizado entre cientos de aficionados que se han quedado sin posibilidad de disfrutar del final de los encierros y de la suelta de vaquillas desde el Coso porque a algún lumbreras se le ha ocurrido un sistema que se ha demostrado ineficaz e injusto. Al tratarse de un día de diario con gran parte de los guadalajareños trabajando o aún de vacaciones, sin poder conseguir las entradas vía on line y entregando dos tickets por persona que podían pedirse para los cinco días, demasiados guadalajareños se quedarán sin poder disfrutar de sus encierros. Y no sólo ellos, si se han agotado las 17.500 localidades disponibles, los vecinos de otras localidades y los aficionados llegados de toda España se van a quedar también con un palmo de narices.
Y todo ello con la más que alta probabilidad de que muchos de los que han hecho acopio de entradas se ausenten, quitando así la posibilidad de que otros puedan ocupar su lugar.
Como no podía ser de otra manera en un país como el nuestro, ya ha comenzado la 'reventa' por redes sociales por parte de sinvergüenzas a los que, lamentablemente, no les faltan clientes. Algunos, a las pocas horas del reparto, ya anunciaban en conocidos grupos de Facebook de Guadalajara que las vendían "por no poder asistir", al precio de 10 e incluso de 25 euros.
Lo peor de todo es que ante las críticas, el concejal de Festejos y Asuntos Taurinos, Santiago López Pomeda, convocaba una rueda de prensa al día siguiente para vanagloriarse del 'acierto' de la medida, calificando como un "éxito rotundo" lo que ha sido todo un desastre. Para después reconocer a preguntas de los medios que el sistema podría modificarse en un futuro. ¿En qué quedamos? Sin comentarios.
El edil justificaba la necesidad de regular y controlar el aforo mediante entradas debido a los problemas de seguridad y accesibilidad surgidos en los últimos años. Y razón no le falta. Pero el sistema planteado debería haberse madurado más. Corremos el riesgo de que pueda producirse un peligroso tapón como aquel famoso del encierro nocturno de 1991, con numerosos heridos por asta de toro, entre ellos, niños. Personas que intentaron entrar a la Plaza desde el recorrido del encierro. Habrá que estar atentos, especialmente el fin de semana que es cuando la ciudad recibe a miles de visitantes habituados a entrar a la Plaza a la 'antigua usanza'.
Confiemos en que las últimas fiestas de la legislatura de Guarinos gocen de mayor organización en aspectos como la seguridad, la limpieza o la movilidad, porque unos encierros millonarios, que cuentan con la declaración de Interés Turístico Regional y que son uno de los mayores 'orgullos' del equipo de Gobierno, han empezado de la peor manera posible: enfadando a los vecinos de la ciudad, que son quienes realmente los pagan -les gusten o no-.