En una provincia donde el fútbol federado se concentra cada vez más en Guadalajara y el Corredor del Henares, el CD Jadraque continúa resistiendo desde el medio rural. Acaba de cumplir medio siglo de vida y lo ha celebrado regresando a Primera Autonómica, pero su verdadera victoria se juega cada semana lejos de la clasificación: conseguir que un municipio pequeño siga teniendo equipo, que Valdituero continúe siendo un punto de encuentro y que las nuevas generaciones mantengan vivo un escudo que forma parte de la historia del pueblo.
Hay domingos de invierno en Jadraque en los que prácticamente no ocurre nada más. Entonces aparece el fútbol.
Los vecinos suben a Valdituero, algunos pendientes del resultado y otros quizá no tanto. Hay quien acude para ver al equipo de su pueblo y quien aprovecha para encontrarse con amigos, charlar y pasar la tarde. Durante un par de horas, un partido de Primera Autonómica consigue algo que difícilmente puede reflejar una clasificación: reunir a una parte del municipio alrededor de un mismo lugar.
En una comarca marcada por la despoblación, ese pequeño ritual explica buena parte de lo que significa el Club Deportivo Jadraque.
El equipo acaba de cumplir 50 años desde su fundación y afronta el presente en uno de los mejores momentos deportivos de las últimas décadas. El ascenso conseguido la pasada temporada ha devuelto al club a Primera Autonómica por tercera vez en su historia.
Sin embargo, cuando desde la entidad echan la vista atrás, existe un logro del que hablan incluso con más orgullo. Seguir aquí.
Una historia que comenzó mucho antes de 1975
La relación entre Jadraque y el fútbol es incluso anterior al actual club. La tradición se remonta a 1930, con la fundación del CD Jadraqueño, cuya actividad quedó interrumpida con el comienzo de la Guerra Civil en 1936. En 1947 hubo un segundo intento que se prolongó hasta 1952. La semilla definitiva comenzó a germinar años después.
En 1973, José María Bris puso en marcha unos torneos navideños disputados por equipos de la propia localidad. Aquella afición terminó desembocando en la fundación del actual CD Jadraque, cuyos estatutos fueron presentados el 12 de noviembre de 1975.
Tres años después, en agosto de 1978, el equipo comenzó su trayectoria federada en la Tercera Regional de la entonces Federación Castellana.
Desde entonces han transcurrido 47 temporadas de competición federada, prácticamente siempre acompañadas por una misma realidad: sacar un equipo adelante desde un municipio pequeño nunca ha sido sencillo.
Ha habido problemas económicos, temporadas en las que costaba encontrar jugadores y momentos en los que la continuidad llegó a estar amenazada. Pero el Jadraque continuó.
Del título de 1988 al ascenso del cincuentenario
También ha habido días para celebrar. En la temporada 1987/88, el Jadraque se proclamó campeón de liga y consiguió ascender al Grupo I de Primera Regional Ordinaria, categoría en la que permaneció durante cuatro temporadas.
Más adelante llegaría el título de Copa de la campaña 2000/01 y, en 2007/08, un nuevo ascenso a Primera Autonómica. Pero pocos momentos han reunido tanto simbolismo como el vivido en la temporada 2025/26.
Coincidiendo con el cincuenta aniversario de su fundación, el Jadraque consiguió regresar a Primera Autonómica por tercera vez y firmó su mayor logro deportivo de las últimas dos décadas.
Una alegría con un valor especial precisamente por el lugar desde el que se ha conseguido. “Alcanzar cualquier objetivo aquí supone doble alegría”, explican desde el club.
La realidad de competir desde el medio rural
El CD Jadraque compite cada fin de semana contra once futbolistas, pero durante el resto de la semana existen otros adversarios. Uno de ellos es la despoblación.
El propio club reconoce que esa realidad condiciona prácticamente todo: existen menos jugadores potenciales, menos posibles socios y un tejido empresarial más reducido al que acudir para conseguir patrocinadores.
El ascenso a Primera Autonómica ha elevado además las necesidades económicas. Las fichas, los reconocimientos médicos, los arbitrajes y los desplazamientos suponen un incremento del presupuesto.
La respuesta de empresas locales, vecinos convertidos en socios, Ayuntamiento y Diputación ha permitido afrontar el salto de categoría. Pero el dinero no es la única dificultad.
Jadraque dispone de un campo de césped natural del que presume, Valdituero, aunque durante el invierno aparece un problema fundamental: la falta de iluminación impide entrenar allí cuando las horas de luz disminuyen.
Instalar focos requiere una inversión que actualmente no pueden afrontar ni el club ni el Ayuntamiento.
La consecuencia resulta paradójica: un equipo de Jadraque tiene que desplazarse a Guadalajara o a localidades cercanas para poder entrenar, sin disponer por ahora de un campo fijo y cambiando de instalación en función de la disponibilidad de cada semana. Es la parte menos visible de competir desde el medio rural.
Regar el césped, pintar el campo y vender la rifa
Tampoco termina ahí el trabajo. Durante la semana alguien tiene que controlar los riegos y cuidar el césped natural de Valdituero. Hay que pintar las líneas del terreno de juego, preparar los carteles de cada encuentro y repartirlos por los establecimientos del municipio.
Hay que comunicarse con la Federación, organizar entrenamientos y preparar el bar del campo. También hay que vender los boletos para la rifa del jamón. Y cuando toca jugar fuera, preparar una lista para que los socios puedan apuntarse y acompañar al equipo en el autobús.
Por separado parecen pequeñas tareas. Juntas permiten que cada fin de semana haya partido. “Es un trabajo que no se ve, que no luce, pero que hay que hacerlo”, resumen desde el club.
Detrás se encuentra una junta directiva encabezada por José Luis Sánchez-Gómez Rojo como presidente, junto a Saturnino Mora Nova, vicepresidente; Miguel Ángel Serrano Domínguez, secretario; y Pedro Ortega Nova, tesorero.
Son algunos de los nombres que sostienen actualmente una cadena iniciada décadas atrás por otras personas que también dedicaron tiempo al mismo objetivo: que Jadraque siguiera teniendo fútbol.
Una cantera diferente
La dimensión del municipio condiciona igualmente la posibilidad de disponer de una cantera convencional.
El CD Jadraque no cuenta actualmente con equipos inferiores. Sencillamente, no existe un volumen suficiente de niños y jóvenes para construir una estructura completa de fútbol base.
Sí existen escuelas municipales de fútbol sala y ahí se encuentra una de las vías que utiliza el club para intentar mantener el vínculo generacional.
Cuando los jóvenes terminan su etapa cadete y alcanzan la edad necesaria para competir en fútbol sénior, el Jadraque intenta incorporarlos progresivamente al equipo. Hay generaciones que aportan varios jugadores, otras solamente uno y algunas en las que ninguno da el salto. Pero cada incorporación importa.
“Si todos los jugadores vinieran de fuera, los vecinos no se sentirían identificados con el equipo”, explican.
Mantener futbolistas de Jadraque significa mantener también una parte de la identidad del club.
Existe, además, otra iniciativa especialmente vinculada al calendario de un municipio rural. Durante el verano, cuando Jadraque llega a duplicar su población, se forma un equipo con jóvenes de hasta 14 años que entrena diariamente y disputa durante los fines de semana el torneo Alto Henares Junior de fútbol 7.
Es una pequeña puerta para que los más jóvenes comiencen a relacionarse con el deporte y con el equipo de su pueblo.
El fútbol como punto de encuentro
Todo cobra todavía más sentido cuando llega el invierno. El club define sus partidos como “un oasis en el desierto” durante algunos fines de semana en los que apenas existe oferta de ocio en el municipio. En ocasiones, el encuentro del Jadraque es directamente el único evento programado. Y entonces Valdituero deja de ser solamente un campo para convertirse en lugar de encuentro.
Algunos aficionados acuden por el fútbol. Otros aprovechan para socializar. Familias, amigos y vecinos coinciden alrededor de un equipo que funciona como elemento de unión en una época del año en la que la actividad disminuye considerablemente.
En Jadraque, conseguir que el deporte continúe acompañando a los jóvenes después de esas edades constituye precisamente uno de los retos.
Otros cincuenta años
El presente invita al optimismo, aunque los objetivos siguen siendo realistas. Deportivamente, el primero es conseguir la permanencia en Primera Autonómica y, si es posible, asentarse durante varias temporadas en la categoría.
Socialmente, la ambición es mucho mayor. “Seguir sobreviviendo como club”.
Que dentro de otros cincuenta años continúe habiendo fútbol en Jadraque. Que aumente el número de personas que suben a Valdituero. Que los vecinos sigan identificándose con el escudo y que, algún día, las circunstancias permitan incluso crear algún equipo de cantera.
El club observa lo ocurrido a su alrededor y sabe que no puede darse por sentado. Durante las últimas décadas ha visto desaparecer equipos históricos de otros municipios mientras el fútbol provincial se concentraba progresivamente en la capital y en las localidades del Corredor del Henares. El Jadraque continúa resistiendo.
Desde el propio club recurren con humor a una comparación que resume perfectamente ese orgullo: se sienten como la pequeña aldea gala de Astérix y Obélix.
Quizá sea difícil encontrar una imagen mejor. Porque el ascenso conseguido en el año de su cincuentenario es importante. Como lo fueron el campeonato de 1988, aquella Copa de 2001 o cada categoría conquistada durante el camino.
Pero hay una victoria que engloba todas las anteriores. Que después de medio siglo, con inviernos largos, generaciones más pequeñas, dificultades económicas, desplazamientos para poder entrenar y cientos de horas de trabajo que nadie ve, en Jadraque todavía llegue el fin de semana y haya un equipo del pueblo al que ir a ver jugar.